Una situación confusa

1654 Words
Pero qué arrogante, mira que presumir que puede leer toda una carpeta de mil páginas con informaciones complicadas de analizar en menos de media hora. Esta vez si hice mi trabajo de investigación y si, efectivamente, es un prospecto interesante en el mundo de los negocios. El idiota se graduó con honores en Harvard, digo lo dudaría si fuese otra universidad, pero es Harvard, nadie puede comprar un título. Hace poco sometieron a unos desesperados padres intentando sobornar al rector para que deje entrar a su hijo, ha dicha institución. El caso es, que el chico junto a mí tiene las cualidades para dirigir esta empresa, sin embargo, por alguna razón no lo quiere hacer, solo le quiere llevar la contraria a su abuelo. —No iras indicándome hacia donde nos dirigimos - dice mientras tiene sus manos tras su espalda y una estúpida sonrisa que ansió borrar de sus labios. —Claro, Señor Carrey, iremos a la fábrica de chocolates. No se preocupe, la línea de producción está cerca de aquí - le digo, esperando llegar pronto a los parqueos. —Por qué no me llamas Jasper, preciosa - ¿Preciosa? Oh, no, esto no volverá a pasar. —Señor Jasper, le voy a pedir con la amabilidad y el respeto que usted me merece, si es posible vamos a mantener una relación ESTRICTAMENTE profesional. No me diga preciosa - él entrecierra los ojos, luego sonríe. —Bien, me retracto, Señorita Marroquí - en ese momento se abre el ascensor —Usted primero o está mal que le ceda el paso - ya aquí siento su tono de burla. Pongo los ojos en blanco, y me dirijo a mi carro. —¿Qué es eso? - pregunta señalando mi auto. —No ve, es un carro, el cual utilizaremos para ir a nuestro destino - él entrecierra los ojos. —No, ese no es un carro, es una caja de… - lo miro con el ceño fruncido. Él carraspea su garganta —A lo que me refiero Gelena, ¿Puedo llamarte por tu nombre? - asiento —Es que es muy pequeño para mí. Soy muy alto. —Uste solo debe medir un metro ochenta, y su… - lo miro de arriba hacia abajo —No le veo mucha grasa corporal - ¡Maldición! Qué acabo de decir. Veo cómo intenta ocultar so risa. —Gracias por el alago, trato de mantenerme en forma y mido 1.95, por si le interesa saber - lo ignoro y voy hasta mi auto. —Bueno, se ve más bajo. Allá usted si quiere o no montarse, cuando me pregunten dire que no a… —Ya voy, Señorita Marroquí, es usted muy peleona - abro la boca para replicar, pero este no caso me hace. Observo como sube a mi Nissan March, para ser honesto se ve gracioso dentro de un vehículo tan pequeño para él, a mí me va perfectamente. Mira hacia delante y luego voltea a verme con una ceja levantada, parece un poco curioso, la dea la cabeza y es ahí que me doy cuenta de que aún no he encendido el auto y como tonta lo estaba mirando. ¡Qué vergüenza! Espero que no piense que ando colgando las sabanas por él. Hablaré con mi jefe, considero que esto no funcionara, me incomoda tener a este alto y atractivo hombre cerca. Conduzco hasta unas cuantas calle y unos minutos después llegamos a la fábrica. Desde que entra puedes percibir el delicioso olor a cacao, listos para ser convertidos en una exquisita tabla de chocolate. Presento mi gafete para entrar a las instalaciones, no obstante, el guarda me detiene cuando mi acompañante pretende hacer lo mismo. —Disculpe Señorita Marroquí, el joven no puede pasar hasta no presentar una identificación - comenta el hombre mayor que de seguro no lee revistas de chismes. Jasper lo ve con mirada inquisitiva para luego sonreírle. —El caballero tiene razón - busca su identificación —Tenga compruebe mi identidad - le dice con tono un tanto altanero. El guardia toma la identificación y cuando lee el nombre agranda los ojos hasta más no poder. —Lo siento, Señor Carrey, no quería detener su… - Jasper lo interrumpe. —No tiene por qué disculparse, usted solo hace su trabajo. Los Carrey Cavanagh les agradece por su gran compromiso con la seguridad de la empresa - termina diciendo. Yo levanto una ceja, ¿Y este que le dio? —Gracias, señor. Pero pasen, pase - dice ya más relajado. Damos unos cuantos pasos hasta que perdemos de vista al de seguridad. Sinceramente, pienso que este hombre tiene todo para ser un político reconocido. Es bueno fingiendo, también tiene la atención de todas en la fábrica. Bueno, no puedo negar que su presencia es imponente, sin embargo, es petulante. Va caminando con sus manos en los bolsillos y la frente bien en alto, no mira hacia los lados, su vista va fija hacia al frente. Veo cómo unas de las secretarias tira todos los papales que llevaba en las manos al piso por estar de novelera viendo a su futuro jefe. Seguro se hizo toda una historia en la cabeza: “La despistada Asistente el CEO” Espera un momento, eso me suena a… mejor olvido eso. Cuando salgo de mis pensamientos es que me doy cuenta de que mi compañero está ayudando a la torpe secretaria a levantar lo que asumo tiro a propósito. ¡Por favor! Vamos a hacer un poco más serios. No puedo evitar rodar los ojos por tan tonto intento de llamar su atención. —Gracias, Señor Carrey por la ayuda, qué torpe soy - le dice mientras lleva atrás de su oreja un mecho de su cabello. —Un accidente lo tiene cualquiera, preciosa ¿Estás bien? - le dice y ayuda a pararse. ¿Acaso le acaba de decir preciosa? No puede ser, no puedo con esto, así que los interrumpo con su novela romántica: —Señor Carrey, recuerda que tenemos muchos compromisos, ya vamos tarde - digo con los brazos cruzados. Él me mira con una enorme sonrisa, ah… como me gustaría quitársela. —Claro, Señorita Marroquí, vamos - dice asiendo gesto de continuar. Paso del lado de la mujercita que hizo todo un espectáculo, que a pesar de su tono de piel morena, resalta sus mejillas sonrojadas. Las mujeres somos muy tontas; mira que pensar que un hombre multimillonario se fijara en ti de la noche a la mañana solo porque lo viste en una película o lo leíste en un libro de romance. Eso no pasa en la vida real, nadie lo sabe mejor que yo. Estoy discutiendo mentalmente conmigo por reaccionar de esa forma, no tiene sentido hacerlo, él o ella pueden hacer lo que le plazca. Es tanta la concentración en mí, que no me percato de que en frente hay un escalón que me hace pisar en falso. Y en vez de sentir un fuerte golpe, siento como unos firmes brazos me atrapan y me halan hacia su cuerpo. Donde siento un delicado aroma a especias amaderadas con un toque de vainilla. Cierro los ojos para envolverme en su cálido calor. —Señorita Marroquí, debe ser más cuidadosa - me dice en un tono afable. Se siente como un susurro en mis oídos. Sus manos sujetan mis caderas, estamos tan cerca que escuchó latir su corazón con rapidez. —Señor Carrey, su corazón va muy rápido - le digo mientras mis manos tocan su pecho para sentir cómo late, es como si estuviese corriendo en unas de sus famosas carreras. —¿Sí? Yo siento que está normal - comenta llevando unos de mis rizos detrás de mi oreja. Lo miro a los ojos, el tono azul se ha intensificado, ahora dudo si es un sexi vampiro o un atractivo lobo. Él es tan extraño. Aún no me suelta y por más que le ordene a mi cerebro que se aparte de Jasper, no lo consigo, hasta que escuchamos una falsa tos. Volteo y es mi jefe, el Señor Adams. —¡Señor Adams! - digo mirándolo, luego volteo a ver en la posición que estamos Jasper y yo, y con todas las fuerzas que tengo en mi cuerpo lo empujo lejos de mí. —Señor Adams, no mal intérprete, yo me resbalé y el señor Carrey me ayudo - mi jefe me escucha muy atento, considero que no me está creyendo por qué hacerlo hace un rato, dude de la secretaria que según ella tuvo un pequeño incidente, aunque el mío si fue real. —No he comentado nada, Gelena. Me da gusto saber que no te lastimaste. Me enteré de que estaban en la fábrica, solo quería saber cómo va el recorrido - dice en un tono que no identifico, su sonrisa me hace cuestionar si está enojado o le parece graciosa mi situación. —Señor Adams, apenas empezamos el recorrido. Pero lo que me ha mostrado la Señorita Marroquí me ha gustado bastante - dice en un tono muy sugerente. Eso no se escuchó bien. —Entiendo, entonces me iré, y los dejaré trabajar. Espero que se porten bien - dice y se marcha, yo intento replicar a su última oración. —¡Por Dios! Solo espero que no malinterprete esto - digo cubriendo mi rostro con mis manos. —No creo que malinterprete que fingiste caerte para llamar mi atención, así como la otra chica - me dice guiñando un ojo para luego ponerse en marcha. —¡Eso no es cierto! - digo en un tono elevado, pero este no me hace caso. Lo que faltaba que crea que me gusta. Soy un imán de situaciones confusas en mi vida. Espero recordar siempre porque estoy en Canadá. No olvides que vetaste el amor de tu vida Gelena Marroquí, tenlo muy pendiente. Voy tras Jasper con una distancia prudente, así evito otro malentendido.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD