4

917 Words
Corro tras el maldito autobús sin tener éxito, maldigo entre dientes por ser así de despistada, me siento en la banca qué hay en la parada para observar cómo la gente avanza de aquí para allá con cara de fastidio y mal humor matutino, ruedo los ojos por completo al ver una mujer con su bebé llorando por una estupidez, no resisto más de cinco minutos así que paro un taxi y doy la dirección del edificio, el taxi acelera, mientras el taxi recorre las calles de Nueva York miro a la gente que yace metida en sus propios asuntos sin importarles una mierda lo que los demás pensaran o dijeran de ellos. Manhattan tiene lugares muy bonitos para disfrutar y relajarse pero yo no vine aquí por deseo sino por trabajo. Al llegar al enorme edificio que parece rascacielos le pago al conductor de más de cuarenta años, al darme el cambio me doy cuenta que llevaba un papelito con su número de teléfono, doblo el papelito y se lo regreso. -Qué no tenga vida no es mi problema-soné como siempre-, y a mí me gustan las mujeres lo siento-soy una perra mentirosa. El hombre acelera cuando me bajo y una sonrisa ilumina mi cara, siempre estaré arriba de cualquier hombre y ellos debajo de mí pidiendo clemencia, como debe ser. Entro en el edificio y mi mente empieza. Iniciamos el juego. Uno más. El último juego. Debí de mandarlo al diablo pero me pareció interesante el juego que me propuso así que decidí ser la carta que lo llevará a la cima. La recepcionista me pregunta el motivo por el que vengo y al principio me hice la tonta pero después de un rato giro la cabeza a ella descubro que me está haciendo señas para que me acerque y eso hago. -Dígame su nombre-pregunta la joven morena de unos veintitantos. -Emma Salvatore-respondo-hice sita ayer. -De acuerdo... ya la encontré en la base de datos-sonrio para mí por dentro. -El joven la está esperando-señala el elevador y de nuevo agradezco. Entro en elevador y presionó el botón pues es sólo hay dos botones del elevador privado, nunca me he dejado consumir por los nervios pero parece que hoy quieren salir a flote, me recargo contra el aluminio, y me miro de nuevo, blusa color coral de tirantes, pantalón n***o ajustado a mi cuerpo y tenis negros. El elevador se abre y deja ver una oficina en la que me gustaría estar, veo un sillón color n***o y puede que lo use, una alfombra redonda esta debajo de él, avanzo fingiendo cada uno de mis movimientos para hacerlos algo estúpidos. -Señorita, tome asiento-en verdad me asusto pues me concentre en una pintura y no lo noté sentado. -Señor jamás me vuelva a hacer eso-pongo la mano en mi pecho pues siento que el corazón se saldrá de su lugar. -Miedosa-murmura pero lo escucho. Quisiera gritarle pero si lo hago la cagare y no puedo hacerlo, camino al escritorio con pasos seguidos, me revisa de todo pero su vista no se detiene en mis pechos sino en mis labios que están pintados por un labial rosa que detesto, odio este puto color pero tengo que usarlo porque cuando use el rojo será para meterme a la cama del idiota que será mi marido por casi dos meses. -¿Es sorda? Le he pedido tres veces que tome asiento-me siento en la silla de cuero qué hay frente a su escritorio perfectamente ordenado. -Lo siento-hijo de puta, me alegra que la gente no lea pensamientos. -Empecemos-dice y toma un trago de whisky, no he tomado nada desde hace meses y muero por un trago-estudió en la universidad de Londres, se graduó en Negocios Internacionales, habla seis idiomas-ruedo los ojos por la manera en que me mira-, mandarín, ruso, alemán, español y francés el inglés lo podemos omitir-bufo un poco. -También hablo italiano, pero todavía no me certifico en el idioma-comunico pero él sigue en los papeles que le dieron. -Experta en negociaciones-abre los ojos como platos y se gira a verme-¿enserio trabajo para Fermín Kotler?-asiento. Debí de haber leído lo que Kotler me mando por mail hace unos días. Pero me interesaba más llamar la atención de mi objetivo que leer lo que se supone que yo soy. -¿Por qué se vino a Manhattan si trabajaba para él?-mierda. -Amm... yo...me sentía...-estas frita querida-... No quería seguir trabajando para mi padrino y tampoco quería seguir en Londres así que me vine para acá. -Ya veo-suspiro aliviada, pero Kotler tendrá que aguantarse que le diga padrino. Veo la oficina color gris con n***o y algo de blanco, sin duda es un hombre que sabe que quiere y que me llama la atención ya que es el primer hombre con el que trabajo y se acerca a mi edad. -Empieza desde mañana-dice haciendo que lo mire-. Una falta grave y se va de aquí. Asiento, me levanto y me despido de él tomando su mano pero sin dejar de verle los ojos color azul que se ocultan tras esas hermosas pestañas negras al igual que su cabello, su piel es blanca casi como la mía pero la de él está bronceada; salgo del elevador sonriendo y casi me desmayo pues conseguí el empleo que quería, mañana entraría la chica que debo fingir ser y la que soy, juntas atraerán la atención de ese hombre, que llorará cuando me pierda pero yo no estaré ahí para verlo.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD