-¿Otra? Primero actualiza las demás y luego esta.
-No.
Pequeña plática entre nosotros, pero aquí les dejo esta novela que se actualizará los miércoles si Dios nos lo permite y sinko los estén pendientes jajaja.
Miró a través de la enorme ventana de cristal que hay frente a mí mientras escucho la discusión de mis padres, siempre es lo mismo, ¿Cuándo voy a sentar cabeza? ¿Qué hago de mujer en mujer? ¿Por qué demonios no me quedo con una sola? Mil preguntas de este tipo salen de la boca de mi madre y es cansado estarla escuchando.
Mi padre busca tranquilizarla para que me deje de estar enfadado con ese tema.
–Ya te escuché lo suficiente–mi tono salió tan frío como un bloque de hielo–. No pienso casarme todavía, me quedan años de libertad.
Mi madre se levanta y se va de mi recámara, miró a mi padre que niega, se levanta para seguir el camino de mi madre, se detiene en la puerta, se gira a mí antes de salir.
–Tu madre sólo quiere lo mejor para ti–arqueo un ceja–, luego nos vemos hijo.
Sale de mi recámara cerrando la puerta tras él.
Niego, y me quedo en casa.
Cierro los ojos y me dejó caer en mi cama, yo nunca me voy a casar y eso es uno de mis objetivos de vida.
Jamás casarme.
(_+_)
Manejo de regreso a la oficina para encontrar a mi nueva secretaria realizando sus labores, tiene unos dos meses trabajando para mí, es bastante eficiente y atractiva, sobre todo atractiva. Se levanta cuando me ve y me entrega los documentos para la junta de mañana.
Intento salir de la oficina para regresarle los papeles firmados pero me detengo al escuchar la conversación que mantiene afuera de mi oficina.
–Lo siento Mario–¿Quién es Mario?–pero no...
–Sólo una oportunidad–se escucha desesperado-prometo cambiar.
–No Mario, nunca lo harás–suspira y escucho que su silla se hace hacia atrás–, tengo trabajo, por favor ya no me busques.
Abro la puerta antes de que otra cosa suceda.
–Te quiero en mi oficina ahora–se levanta y entra dejando al chico de cabello rubio afuera, me voy a mi lugar mientras ella pone una cara que dice que le da miedo perder su trabajo.
–Lo siento señor–dice antes de que yo pueda decir algo–no volverá a suceder.
–Sientate–digo en tono neutro, lo hace–. Iremos a las Vegas para firmar el trato con la empresa de Arthur así que la quiero lista para ese día.
Asiente con timidez, es de cabello castaño oscuro, ojos cafés y una sonrisa que desarma. Pero está triste esta vez.
–Puedes irte.
Se levanta y se va de la oficina, duro una hora o más pasando los papeles a digital cuanado mi hermano entra con una sonrisa en sus labios.
–Serás tío–dice al sentarse en la silla frente a mi escritorio.
–¡Felicidades!–no oculto la alegría pero parece más alegre él–¿Cuánto tiempo tiene?
Hace cuatro años que él y América se casaron y hace dos que buscan tener un hijo, al parecer Dios les quiso ayudar con eso.
–Tres meses y medio-a este punto paso lo peor.
–¿Saben que es?–niega con una sonrisa.
–Al parecer, Ame, quiere que sea sorpresa. Buscará a una madrina de género, para revelación de género.
América siempre ha sido así, le gusta que le sorprendan y que mayor sorpresa que saber que será su bebé.
Duramos hablando un rato hasta que le cuento que viajaré a las Vegas y que lo necesito aquí por un par de días, dice que no hay ningún problema que primero debo ir a la cena de que hará América para decírselo a mis padres.
Luego se retracta y dice que la hará después de que regrese del viaje que haré.
Salgo de mi oficina con mi hermano a mi lado, vemos a mi secretaria con las lágrimas desbordando sus ojos. Sigo adelante sin intención de detenerme pero Rick me detiene.
–Preguntale por qué llora–se volvió loco.
–No me interesa–me medio mata con la mira y hace que me regresé a preguntar la causa de su llanto.
Me pongo junto a ella y por alguna maldita razón si me destroza verla llorar, me arrodilló y tomo un poco del rollo que hay en uno de sus cajones.
Corto un pedazo y quito sus manos de su rostro, lo que sea por lo que esté llorando... Limpio sus lágrimas tomándola por sorpresa, sus ojos están cristalinos por las lágrimas que salieron de sus ojos. Limpio despacio y ella me permite hacerlo.
–¿Por qué estabas llorando?–se encoje de hombros.
–No creo que le interese el por qué lo hacía–ya que terminó de limpiar, tomo otro poco para quitar lo que quedó del maquillaje–. Gracias pero...
–Sara...–¿Qué demonios estoy haciendo? No soy de este tipo de hombres, soy un hijo de puta no un...
–Mi hermana... No es de importancia–también lloraría si fuera el cabrón que me mandó a preguntar por qué lloraba–. Ya es hora de irme. Tengo que empacar para mañana.
Me levanto para darle su espacio y que pueda limpiar su escritorio.
Me encamino al ascensor alcanzando a mi hermano en el camino, no me dice nada y yo a él tampoco. Pero sé que quiere preguntar qué demonios hice. Primero me rogó para que fuera y después... El tono con el que la llame fue diferente. Nunca antes lo había usado con ninguna mujer.
Suspiro al llegar a mi auto, espero a que Sara salga y se vaya a casa, sale de manera tranquila.
La veo acercarse a su auto, y subirse en él. Arranca y se va a su casa. Me subo al mío, y manejo detrás de ella pero a cierta distancia. Llegamos a una especie de casa de citas, ella entra sin ningún cuidado.
No me imagino a Sara... No me gusta la idea de ella entregándose a otro por unas cuantas monedas, gana bien en la empresa no entiendo para qué tendría que venir aquí.
Saca a una chica de unos veinte años de la casa de citas y sin ningún cuidado la azota contra el su automóvil.
-¡Dejás a mi hermana tranquila!-la chica trae poca ropa.
–¡Tu hermana es una bonita zorra!–una mujer de unos cuarenta sale y quita a Sara de la espalda de la chica.
–No volverá a suceder Alexandra–parece que la mujer le tiene miedo a Sara por como se lo dice.
–Más te vale–da la vuelta para subir a su auto–. Qué mi hermana y tú fueran amigas y Ethan prefiera estar con ella y no contigo no la hace una zorra.
Se sube en su auto y deja el lugar atrás, hago lo mismo y manejo persiguiendo el suyo, llegamos a una serie de departamentos, un chico de cabello castaño está sentado afuera fumando un cigarrillo. Ella lo ve y se lo quita, conversan un poco y él de la nada se levanta para abrazarla.
El chico se ve de unos veinticinco o veintitrés. No es más grande que yo o que Sara.
Dura una media hora más y se regresa adentro del departamento. Enciendo mi auto y me voy a casa.
La soledad carcome aquí adentro, aveces pienso que mamá tiene razón que ya es tiempo de sentar cabeza pero no quiero hacerlo, aún no. No estoy listo.
¿Qué les pareció?
No olviden dejar su voto jaja, de verdad denle una oportunidad a estos dos... Que no se deciden♥️