Ella entra en el gran edificio como si el mundo fuera de ella y como si fuera la reina de él. Habían pasado por lo menos dos años desde que el hombre más poderoso de Inglaterra la había llamado para un trabajo, ella suele conseguir información de las empresas para después hundirlas sin que sepan que ella es la culpable de su hundimiento.
La secretaria de recepción ya la conoce pero no se dicen nada, ambas habían tomado caminos diferentes mientras una tiene una vida sencilla siendo la tranquila de las dos mientras que la otra no tuvo muchas cosas buenas en su vida pero no le va mal en su trabajo como la destructora de empresas enormes y poderosas, llevaba tres empresas de moda, tres productos de maquillaje y otras más de negocios. Sube por el lujoso elevador con la cabeza en alto como lo hace siempre, sale del elevador mientras los guardias se hacen a un lado para dejarla pasar, pues tampoco preguntaron nada solo la dejaron entrar.
En la elegante oficina cuelga una lámpara que ilumina un poco pero como es día no hace falta que este prendida, la joven de veinticuatro años se sienta en la silla frente al escritorio de cristal con la ventana detrás de él, ella tiene plena vista en la hermosa ciudad de Londres, un hombre de cincuenta años se sienta frente a ella evitando que siguiera disfrutando de la vista, con la mayor gracia del mundo cruza una de sus piernas sobre la otra, mientras el hombre le servía un poco del costoso whisky.
Hermosa.
Era poco. Sus largas piernas eran tentación, sus bien formados pechos resaltaban en cualquier tipo de ropa, su cuerpo era curva tras curva, toda ella era la mayor tentación de todos los hombres, su cabello castaño claro era un deleite y sus ojos azules eran como dos diamantes reluziendo en el blanco de sus ojos. Tentación para todos. Pero el que tiene frente a ella es inmune a sus encantos. Ella mira sus largas uñas mientras sostiene el vaso con whisky, llevaba puesto un vestido rojo sangre con un labial del mismo tono, sus ojos están delineados por un delineador n***o como la misma noche y sus largas pestañas cubiertas por un rimen que solo las resalta más.
-Habla cariño-dice la joven harta del silencio.
-Te tengo trabajo-La chica sonríe con una sonrisa fría.
-Es obvio, sino, ¿por qué estaría yo aquí?-inquiere la chica sin inmutarse ante la ira de aquel hombre.
-Querida no es del trabajo que acostumbras-el hombre la mira sin mostrar expresión al igual que ella lo hacía.
Raro, piensa la chica.
-¿Qué quieres entonces?-el hombre le da la carpeta que hay sobre el escritorio.
En ella hay la foto de un hombre de ojos grises como una navaja reluciente, test blanca y labios que a ella le parecen perfectos.
-¿Quién es él?-pregunta la chica con voz neutral.
-Tu futuro marido-ella se levanta de golpe y tira la carpeta sobre el escritorio.
-¿De qué rayos hablas?-grita la chica furiosa-¡Mi futuro marido! ¿A qué te refieres?-él la mira con una sonrisa enorme.
Después de escuchar el plan ella todavía hierve de ira, ¿como podía casarse? O peor, ¿fingir amor y ser diferente a todo lo que ella conocía? Pero al final se dijo solo es trabajo.
-¿Entonces?-dice la joven sentándose de nuevo-tú plan es que me enrede hasta el punto en que él... hasta que...
-Hasta que se enamore como un idiota de ti-la chica se sienta para beber más whisky-después yo me encargo del resto.
Ella asiente pues le parece trabajo fácil y el hombre con el estará casada no era para nada feo sin embargo nunca pensó en qué tal vez lo que iba a enamorar la enamoraría a ella.
Sale de la oficina y tomo el primer vuelo a Nueva York, donde al llegar busca una oportunidad y la encuentra.