Sombras del pasado

1892 Words
El hombre frente a mí mantiene su compostura, a pesar del silencio incómodo que se ha formado entre nosotros. Su mirada es inquisitiva, como si tratara de descifrar el motivo de mi pausa prolongada. — Disculpa mi silencio— digo, intentando recuperar el control de la situación Él asiente, una sonrisa amable, se dibuja en su rostro — Aún no hemos sido formalmente presentados, soy Damián — me brinda su mano — Bela Scott— extiendo mi mano Hace lo mismo con Olivia, luego de las formalidades nos unimos al grupo que está más que animando, me siento tan sofocada, sabía que venir solo era cosas de negocios, pero debería buscar otra manera de averiguar lo que quiero saber. — Bela, ¿dónde estás? —su voz interrumpió mis pensamientos. Busco a Olivia, no se encuentra en la mesa ya. —Estamos conversando sobre la posibilidad de desayunar juntas mañana y planificar algunos detalles de mi boda. ¿Te parece bien? Tengo que hacer todo esto, debo ir a desayunar con estos insectos sin cerebro, debo sacrificarme tanto por un bien mayor “uff”. —Está bien, solo mándame la dirección. Cuando se trate de cosas, de reunirse, avísame con anticipación, tengo compromisos— respondo, manteniendo la fachada de interés — Lo siento, lo tendré presente, ya todo organizado, vamos a divertirnos, vamos Bela a bailar— me toma del brazo que tengo herido — Ugh— me suelto de su agarre con un gesto de dolor — ¿Estás bien? ¿Qué tienes?—me pregunta preocupada En verdad ahora mismo quiero sacar mi verdadero yo y no portarme como un ángel — No es nada, disculpa, voy a buscar a Olivia— en verdad esta personalidad no va conmigo Entro al baño, me aseguro que mi herida, no esté empeorado, aunque el dolor es latente por el apretón que me dio. No hay ningún desgarre en las suturas, ya quiero salir de esta maldita fiesta que me tiene con mal humor. Al salir una voz, hace que me sobresalte. — ¿Te encuentras bien?— pregunta, apoyándose casualmente contra la pared con — No es asunto tuyo— respondo secamente —¿Qué tienes en el brazo, déjame mirarte, soy doctor?— insistió, pero lo ignoró y me alejó. En busca de tranquilidad, encuentro un jardín apartado y me siento en una banca para relajarme. El aire frío me refresca el cuerpo y la mente, aunque el cielo estaba despejado, no había estrellas que observar — Quisiera un cigarrillo ahora mismo— murmuro El crujir algo detrás me pone en alerta, me giro para encontrarlo de nuevo —Disculpa, te asusté —dijo— Solo quería saber si estabas bien, por eso te seguí — Estoy bien, ahora me puedes dejar sola— le dijo, dándole la espalda Se plantó frente a mí con un cigarrillo en la mano — Te oí decir que querías fumar, siempre llevo uno conmigo— comenta con una risilla Se ve a simple vista que es un cigarrillo barato, lo tomo a regañadientes — ¿Te importaría si te hago compañía?— toma asiento a mi lado — Ya estás aquí— digo, manteniendo mi tono neutro — Noté una diferencia en ti, no eres la misma que estaba sentada en la mesa antes —observa con curiosidad. “¡Qué intuitivo, aun así no le contesto nada!” —Está haciendo frio— comienza a quitarse el saco. — No te moleste—lo corto rápidamente — No tienes frio, quería ser cortes—replica con una sonrisa — Te he dicho que tengo no verdad, así que no hagas algo inútil — Mejor hagamos algo diferente, ¿Qué te parece si después de salir de aquí salimos a divertirnos tú y yo? Estoy por terminar el cigarrillo que para el colmo ha dejado un regusto desagradable en mi boca Me pongo de pie para marcharme y él hizo lo mismo, en un acto de desdén, apagó lo que quedaba del cigarrillo en su saco, causándole sorpresa.— ¿Cómo dijiste que te llamabas? ¿Ah, Damián crees que me vas a llevar a la cama por haberme dado un cigarrillo barato? — Desecho el cigarrillo a sus pies La voz de Olivia resuena en la distancia — ¡¡Bela!! — La próxima vez que nos veamos, te pagaré tu cigarrillo, no me gusta deberle nada a nadie, buenas noches, Doctor. Se queda inmóvil, mientras me alejo — ¿Qué sucedió?—pregunta Olivia al encontrarnos — Nada relevante, vamos a casa, estoy exhausta, necesito limpiar este sabor barato de mis labios La fiesta ha terminado para nosotras, caminamos hacia la salida, la noche nos envolvía con su manto ofreciendo un silencio que contrastaba con el bullicio que dejábamos atrás — ¿A dónde te fuiste?, dejándome sola ahí — Tenía que salir de ahí o me volvería loca, además prefería averiguar cosas importantes, pero lo más interesante que vi fue a nuestro querido amigo Leonidas, que estaba con un grupito de personas, entre esas estaba Jorge — Así que así están las cosas, bien, por ahora tengo que concentrarme en lo que debo, hacer y atraer más problemas. El auto nos esperaba ya, nos abren la puerta, al entrar me quito los zapatos para relajarme “Qué noche de mierda” Llegamos al casino nuevamente. Tengo días en que no voy a la villa, pero ir me generaría muchas preguntas, aunque me hace falta montar a Júpiter. Una vez en mi habitación, busco un trago, para limpiar mi boca, me deshago el vestido, me doy una ducha rápida, busco la bata, me sirvo otro trago, encuentro mis cigarrillos y me aventuro a la terraza para sumirme en la tranquilidad La imagen de aquel rostro que vi hoy emergió en mi mente, un rostro que solía vivir solo en mis recuerdos. Al verlo, mi corazón se ilusionó pensando que eras tú, y anhelé envolverte en un abrazo. Pero no eras tú, y esa realidad fue un golpe aún más hiriente, enciendo un cigarrillo — Ejem, ¿Te importa si me uno a ti? — Claro, sírvete un trago y tráeme otro a mí — ¿Cuánto van?— Dos, hasta ahora— se acomoda junto a mí —¿Qué te ronda la mente? —Mejor dilo de una vez. —Te quedaste muda cuando lo viste, ese hombre se parece a Nikolay— contempló el horizonte. — No te confundas, yo también quedé atónita, pero no quiero que busques en él lo que no es. — ¿Acaso me crees que soy idiota, no crees que me di cuenta de eso, no tienes que venir a decirme lo que es tan evidente, sé que lo único que tiene es la cara? — Bela… — Bela, nada, Olivia, sé lo que veo, no estoy ciega. — Solo quería que lo tuvieras en cuenta, porque sé lo que vi, no te quiero hacer sentir mal. Me hundí en el silencio, entiendo su punto, soy consciente de todo, pero solo por un instante me sentí algo que había olvidado sin importar que fuera un instante. Después de unos tragos más, oí un suspiro. La miré y estaba sumida en el sueño. Me acerco y me siento a su lado, acariciando su mejilla con ternura. —Susurró—Sé que esto te inquieta, pero tranquila, todo estará bien.—Le doy un beso en la frente. El siguiente reto era llevarla a la cama — Olivia, vamos a la cama, ayúdame un poco, sabes que no puedo llevarte con una mano. La levanto, pero aún sigue adormilada con esfuerzo. La llevo a la cama — Maldición, sude todo el alcohol— me acomodo a su lado La luz del amanecer se filtra a través de la cortina, bañando la habitación con un suave resplandor dorado. Olivia, aún profundamente dormida, me levantó con cuidado, intentando no despertarla, y me dirijo a la ventana para contemplar el amanecer. Busco mi teléfono, miro los mensajes donde tengo la dirección y la hora del desayuno Tomo la bata y salgo de la habitación, llamo para que me traigan el té, mientras veo mis coreos. Tomo mi teléfono para hacer una llamada — Buenos días, Paolo. — Buenos días, jefa ¿Cómo se encuentra? — Ya te puedes imaginar cómo, quiero que vengas al casino, tenemos que hablar una situación, así que te espero para almorzar, a Paolo, que nadie se entere de esa reunión que quedé contigo. — Claro, jefa, no se preocupe. — Entonces nos vemos— cuelgo. Escucho que tocan la puerta. — Adelante. El camarero me sirve el té, con sus manos temblorosas chorrea toda la taza— se muerde el labio. — Eres nuevo— tomo la jarra y me lo sirvo yo misma. — Con la cabeza gacha contestó—. Sí, disculpe, es… es que estoy nerviosa — Para la próxima, ten cuidado, porque le tienes que servir a otras personas y no van a querer que su bebida esté todo regada. ¿Entendido? — Sí, nuevamente, le pido disculpa. — Antes de irte, dile al que esté en la puerta que entre. — Sí — Dígame, jefa, en qué le puedo ayudar — En un momento va a venir alguien háganla pasar, es una enfermera, además, ¿Qué pasó con Mauricio? — Jefa Mauricio, le dieron unos días, ya que no se encuentra bien, por lo que vio — Hmmm— le hago seña para que se retire “Tan feo fue lo que vio para que esté mal”. Dejo la taza vacía sobre la mesita y me dirijo de nuevo a la habitación. Olivia sigue sumida en un sueño profundo. Entro al baño, preparo el baño, me desnuda, el baño, se llena de pavor, me permito unos minutos bajo el chorro caliente. Al salir, me envuelvo en una toalla suave y me paro frente al espejo empañado. Con un gesto de la mano, limpió el espejo. Hoy las ojeras no se notan tanto, busco lo que voy a usar. Al terminar, tomo mi bolso y un abrigo. Dejo a Olivia, dormida. Cuando salgo, la enfermera me está esperando. — Buenos días — responde la enfermera con una voz calmada y profesional. — El doctor James me ha pedido que revise su herida y cambie el vendaje. Asiento, ya familiarizada con la rutina, la enfermera despliega su equipo con eficiencia, sus movimientos son precisos y cuidadosos. Siento el frescor del antiséptico en mi piel. Una vez que la enfermera termina, me pongo de pie, sintiendo el brazo más ligero con el vendaje nuevo. — Gracias— digo, ajustándome la camisa. — Si siente algún cambio o molestia, no dude en llamar al doctor. Con un asentimiento, me despido y salgo, hacia el sótano Cuando me ven llegar hace reverencia — Jefa el auto ya está listo. — Hoy conduzco yo— me coloco a elegir de los que tengo, me voy por un Aston Martin ValKyrie, desde que lo compré no lo he usado — Ustedes síganme a una distancia prudente, no necesito que estén conmigo en el restaurante, se puede quedar en el auto — Como usted mande jefa Antes de salir, le mando un mensaje a Olivia “Tengo el desayuno, así que hablamos después”
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