En el trayecto al casino, mi mente es un torbellino de emociones. Con cada paso, contengo un mar de ira que amenaza con desbordarse. Mis uñas se clavan en la palma de mi mano, un intento desesperado por aplacar la tempestad interna que me consume. Es una lucha constante entre la calma y el caos. Arribamos al casino, me bajé a toda del carro, subimos a la oficina, salimos al pasillo que lleva a esta.
— Bela, necesitamos hablar sobre lo ocurrido— dijo en una voz que denota urgencia
Me detengo, mi silueta recortada contra la luz tenue del pasillo; mi respiración era pausada, cada exhalación, un susurro de la tormenta que rugía en mi interior. Sin girarme, respondo con calma que rozaba la indiferencia
— Ahora no— en un susurro cargado de una intensidad que helaba la sangre— La ira que me consume podría desatar y no quiero herirte. Dame un momento a solas, para encerrar la tormenta, ya te contaré — la dejo y me encierro
La ira que había estado conteniéndose, burbujea justo debajo de la superficie, finalmente estalla en un frenesí de destrucción. Mis manos, impulsadas por una fuerza destructiva, arrancan, golpean y lanzan todo a mi alrededor. La habitación se llena de los sonidos de mi furia: el estallido de vidrio, el retumbar de los muebles volcados, el eco de mis gritos ahogados. Con cada movimiento, libero la tormenta que ha estado girando dentro de mí, permitiendo que la furia tome forma en un vendaval de devastación. En este momento, no hay nada más que la pura y cruda emoción que me impulsa a seguir adelante, a seguir destruyendo hasta que no quede nada.
La furia se ha disipado, dejando tras de sí un rastro de destrucción y un silencio ensordecedor. Mis dedos, aun vibrando con la adrenalina del desenfreno, encuentro una botella que, por alguna razón, ha escapado al caos. La tomo, sintiendo el frío cristal y llevo el líquido ardiente a mis labios, me permito un largo trago, dejando que el líquido siga su camino a través de mi garganta. Al tomar un trago, noto algo cálido y húmedo que se desliza por mi muñeca. Al mirar hacia abajo, veo el vendaje de mi herida, antes blanco, ahora teñido con el carmesí de la sangre que se escapa de la piel lastimada.
— ¡¡Maldición!! —escapa de mis labios en un gruñido frustrado
Después de unos tragos más, que no hacen nada para calmar el dolor punzante y me arrastro hacia mi cuarto, me dejo caer sobre la cama, un naufragio en medio de la tempestad de sabanas. Tomo mi camisa y la rasgo con gestos precisos, la convierto en un torniquete improvisado, apretando alrededor de mi brazo, justo por encima de la herida que no cesa de sangrar. La presión es firme, un intento desesperado por detener el flujo carmesí que amenaza con llevarse mi consciencia.
Exhausta, me dejo caer en la cama, un lecho que parece flotar en la nada. Deseo que el sueño me arranque de esta realidad tortuosa, aunque sea por unas horas.
Escucho una voz que me llama, firme pero gentil, cortando el silencio de la habitación
— Bela, ¿Dónde te encuentras? — Se escucha la pregunta, impregnada de una preocupación palpable. Luchando por salir del abrazo del sueño, murmuró una respuesta.
— Me encuentro aquí, en la habitación— mi voz, aunque débil, intentó transmitir tranquilidad.
Me siento en la cama, frotándome los ojos con pesadez, y a pesar del dolor que irradia de mi brazo, noto que el sangrado ha cesado
Olivia entra con pasos cautelosos, su preocupación es evidente en su rostro — Tu brazo — dice, su voz revelando un matiz de alarma mientras corre hacia mí
— Está bien, solo se abrió la herida, me aplique este torniquete y el sangrado se ha detenido, solo tenemos que llamar a James para que venga a suturarla de nuevo — le aseguré, intentando disipar su inquietud con un tono calmado
— ¿Qué horas son ya?—Mis palabras rompen el silencio, una súplica por algo de normalidad en medio del caos
— Apenas las 6 de la tarde— su respuesta es un susurro, un recordatorio de que el mundo sigue girando, a pesar de todo
Ella marca el número del doctor, con manos que no delatan la preocupación que se siente. La conversación es breve, cada palabra cargada de la gravedad de la situación.
— James, estará aquí en media hora, ahora voy a ver quién puede venir a limpiar este desastre— dice
— ¿Acaso no tenías algo que preguntarme?
— Ahora no, después de ver el caos que dejaste en la oficina, no necesito preguntar: está claro que lo que te dijo ese maldito de Leonidas te tomó por sorpresa… ¿O me equivoco?— su tono es firme, pero sus ojos buscan los míos, buscando la verdad que aún no he compartido
— Me tiene más que en sus manos, tiene documentos sobre el blanqueo de dinero ya sea en el casino en la fundación benéfica y para darle un toque aún mejor me pidió la mitad de mis acciones como de igual forma las del blanqueo y la cereza del pastel nombrarlo presidente de esa forma guardaría silencio— la ira no se hace esperar en su cara
— Y ahora que debemos seguir, tengo tantas ganas de matar ese Vejestorio, no me quedaré con lo que me digo
— Por ahora solo hay dejarlo vanagloriarse con su victoria, por ahora en lo que tenemos que colocarnos hacer es buscar el infiltrado, como vez es alguien que tuvo la facilidad de obtener esa información, por ahora todo hay que manejarlo con cautela también tengo que hablar con Paolo aún no le vamos a decir nada Armando por ahora ponlo en observación de igual forma a todos incluyendo los empleados de la villa a todos que no quede nadie sin ser investigado por aparte de eso quiero que pongas vigilancia a la familia de Leonidas las 24 horas, quiero saber lo mínimo que cuando me toque hacer mi movimiento no tenga obstáculos le voy a dar donde más le duele, vas a ver lo satisfactorio se siente bajar alguien de la cima y pisotearlo
— Haré lo que dices.
— Hay otra cosa, para cuando decida acabar con este juego, quiero tener a mis manos la información que te pedí de Leonidas sobre el robo del dinero, voy a utilizarlo para algo muy interesante
— En esas estoy, no creas, saben cubrir bien sus fechorías
— Bien, solo tiene que cazar a la rata, a Tasya ¿Conseguiste el vestido para esta noche?
— Piensas ir en este estado
— Claro, tú que crees que me voy a detener, así que iré a esa dichosa fiesta, ojalá el vestido, tape mi herida
— Ya los traigo, había tantos que no supe cuál escoger— su emoción es tan palpable, en su cara.
— Te espero entonces
A pesar de lo que nos dedicamos, siempre le ha gustado la moda. De igual forma, el diseño. Si las cosas hubieran sido diferentes en el pasado, tal vez hoy fueras una diseñadora famosa o hubieras ido a la Universidad, tuvieras una vida normal
Entra muy feliz, ver que no pierdes ese encanto es un alivio para mi alma. Coloca cinco vestidos sobre la cama
— Mira, ¿cuál te gusta? Son muy hermosos.
—A ver el n***o, es muy lindo, lo quiero. ¿Cuéntame sobre el vestido? —Se emociona, sé que la emociona, para mi cuenta, como un momento íntimo y especial entre las dos.
Ella sostiene el vestido con una mano— Mira, la ligereza es casi como la de una pluma, un suspiro de tela que promete danzar al ritmo de tus movimientos. Ahora tenemos el frente, el escote se sumerge en una osadía elegante, insinuando, más que mostrando, un preludio de la revelación que espera. La pierna, adornada por la abertura del vestido, es una exhibición de gracia y poder que solo la confianza puede otorgar.
Pero es la espalda la que roba el aliento, descubierta en una declaración de belleza audaz. La forma del vestido en esta área es una obra de arte con curvas y líneas que se unen en una hermosa sinfonía de diseño. Es la espalda descubierta la que invita a los suspiros, la que habla de una noche inolvidable— veo sus ojos iluminados tanto o más que cuando mata
—Realmente has capturado la esencia del vestido con tus palabras. La descripción es precisa y evocadora, destacando las características más llamativas sin caer en la exageración. Es un vestido que, sin duda, refleja estilo y sofisticación. Cuando te quedes sin trabajo en este rubro, puedes seguir esa línea de trabajo. Te aseguro que te contratan
— Ja, tú crees que cambiaría de trabajo por estar describiendo vestidos y en empolvarme en una vitrina, cuando tengo a la libertad de decidir la vida de otra persona en mis manos y sentir esa sensación de poder hacia alguien, incluso en la muerte, ¿no? Ni loca que estuviera — qué miedo, está más desquiciada
— Bueno, me iré con ese, me daré un baño antes de que llegue James, me acompañarás.
—¿Qué? Yo te conseguí el vestido, ahora me quieres llevar a esa odisea. Estás loca, sabes lo que me aburre esa fiesta llena de gente que te mira nada más por cuantos ceros tienes en tu cuenta, me dan asco.
— Bueno, si se trata de número y ceros, creo que eres la indicada de ir. La tuya, tienes muchos— me pongo seria— Además, no lo estoy pidiendo, es una orden. Ahora ve a ponerle un vestido a ese trasero tuyo, vamos a trabajar —toma los vestidos y sale refunfuñando.
Después de que la puerta se cerró con un golpe sordo, dejando atrás el eco de los pasos que se alejaban. Me quedé sola, el silencio volvió a envolverme como una manta pesada. La tensión, que por un momento había abandonado mi cuerpo, regresó con más fuerza, apretando mi pecho con dedos invisibles.
Respiro hondo, tratando de calmar el torbellino de emociones que nuevamente amenazan por desbordarse
—¡Maldición, mejor me baño!
En la quietud de la tina, me sumerjo, donde el agua abraza mi ser, cierro los ojos el mundo se desvanece, y en el silencio acuático, mi imaginación florece, donde tengo muchos cuadros de como exterminar al desgraciado de Leonidas y de como prolongar su sufrimiento que con cada respiración quiero desaparecerlo por completo de este mundo, lo quiero hecho polvo.
Luego de relajarme un rato, salgo de la tina, con un peso menos. Eso de utilizar la mente para sacar el estrés, es poderoso. La humedad del aire acaricia mi piel y, mientras me envuelvo en una bata suave, escucho ruidos en mi habitación, viene a mi mente el infiltrado, busco en uno de los cajones un arma y me muevo con sigilo hacia el ruido.
Mis sentidos se agudizan con cada paso; el suelo frío bajo mis pies desnudos, la adrenalina sube poco a poco, y la puerta entreabierta de la habitación deja escapar un haz de luz
A punto y disparo hacia la parte de arriba del techo
— Este es el último lugar en el que querrás ser encontrado. Dime qué quieres o será lo último que hagas
— ¡¡Maldición!! Bela, que haces disparando de esa manera, ¿acaso me quieres matar?
— La idea era matar al intruso. ¿Por qué no avisaste que estabas en mi habitación, además de que iba a saber que eras tú? ¿Cómo están las cosas, todo lo sospechoso a mi alrededor tengo que estar prevenida?
— Es en serio, metiéndome una maldita bala. Sabes que primero se interroga y luego se dispara, no a lo contrario
— Ya, ya, ¿qué andabas buscando?
— Te estaba trayendo los accesorios y avisarte que ya llego James— me dirijo al sofá
— Bien, dile que pase y ¿por qué aún no te has alistado?
— Estaba ocupada— sale en busca de James
— Entra james— Buenas noches, Bela nos vemos de nuevo
— Así es James —¿Qué ha sucedido?—toma mi brazo— Tuve un momento de furia, se me olvidó que tenía una herida… se abrió un poco
— Tienes que tener cuidado para que tenga una buena sanación— Lo sé, lo tendré en cuenta
Termina de cerrar la herida y hacerme la curación
— Mañana vendrá una enfermera para seguir curando tu herida
—¿Por qué una enfermera y no tú?—lo miro fijamente
— Mañana tengo congreso, así que no podré hacerlo. Es de mi plena confianza, no tienes por qué preocuparte
— Solo será hasta mañana nada más, luego seguirás haciéndolo tú, James
— Entiendo, entonces me retiro, que pasen buenas noches
— Igualmente para ti
Busco un cigarrillo y salgo al balcón. La noche está un poco helada que hace que se me erice la piel, me apoyo en el barandal, disfruto de la vista que me da Chicago mientras termino de fumar.
— ¡¡Bela, ya estás lista!! ¿Dónde te encuentras? — Le doy la última halada al cigarrillo
— Estoy por acá fumando, ya entro
Entro de nuevo a la habitación la encuentro sentada en el sofá hermosamente vestida
— ¿Aún no te has vestido, no sabes que hora son ya?
—Mmm, no te preocupes ni que nos estuvieran esperando, además necesito ayuda para vestirme, no vez que me duele, entonces ayúdame para salir rápido— comienza ayudarme
— Me ha estado resonando algo en la cabeza Bela— ¿Qué? — ¿Qué diablos conseguiremos con esa gente, ósea, que vamos a conseguir con todo esto?
— La misma pregunta me la hice, sabes que no lo hago por el dinero eso solo es excusa patética para buscar problema, es que me intriga que saben o que le dijo ese desgraciado y lo más importante que relación tienen con la mafia rusa o tal vez no es nada y solo son cosas mías, ya que no tengo más nada que hacer
— Entiendo tus preocupaciones y las comparto. No es descabellado pensar que ese ‘desgraciado’ haya compartido información valiosa con personas equivocadas. Si la mafia rusa está en el juego, entonces debemos ser astutos
—Puede que este sea el momento decisivo, la coyuntura que hemos estado esperando. Mantengamos la farsa de la ignorancia, que nuestra aparente inocencia sea nuestro juego más sutil
— Entonces, sigamos como si nada supiéramos, hasta que se revele el momento oportuno
— Así será— termina de alistarme
— ¿Qué tal me veo?— me lleva hacia el espejo
—Qué tal me veo, pues claro, qué hermosa, eso no se pregunta. Ahora salgamos, quiero terminar con esto rápido— tomo el bolso y salimos
— James, dejo este cabestrillo, por si te sientes incómoda
— No será necesario, vamos, no me dijiste que íbamos tarde
Salimos, el camino se hace corto, la entrada está llena de cámaras, ni que fuera una alfombra roja, pues no era de esperarse, es la heredera de unas de las empresas más grandes, van a tirar las casa por la ventana
— ¿Podemos evitar todo esto?—le digo a Olivia con fastidio.
— Lo veo difícil, solo salgamos y listo, no le demos más preámbulo a esto
Con un suspiro resignado, me ajusto el vestido y tomo una profunda respiración
— Está bien, hagámoslo— digo finalmente, y con un gesto, abro la puerta del coche
Las cámaras comienzan a deslizarse como estrellas fugaces, capturando cada movimiento mientras avanzamos hacia la entrada. Los reporteros se agolpan, lanzando preguntas que se mezclan en un zumbido constante.
Finalmente, cruzamos la entrada, dejando atrás el frenesí. Dentro, la atmósfera cambia drásticamente. La música suave llena de aire, y la decoración elegante y las luces tenues crean un oasis de calma.
— Lo logramos— dice ella con una sonrisa
— Sí, pero la noche apenas comienza— respondo, mientras nos adentramos en la celebración
“Qué comience”
Avanzamos entre los invitados, los murmullos a nuestro alrededor son apenas perceptibles, comentarios dispersos que se pierden en la distancia mientras nos acercamos a los anfitriones. A medida que nos movemos, noto cómo las conversaciones se detienen sutilmente, los ojos de los presentes se vuelven hacia nosotras.
Cuando nos acercamos, Jorge y Susana nos reciben con una calidez que parece genuina; sus ojos brillan con el reflejo de las luces
— Es un honor tenerlas aquí esta noche— dice Jorge con una voz que lleva la autoridad de alguien acostumbrado a ser escuchado
— El placer es nuestro —respondió—Su hospitalidad es conocida más allá de estas paredes— Olivia, suelta una risilla
La anfitriona nos ofrece una sonrisa radiante— escucho mi nombre de una voz ya conocida por ser tan fastidiosa
— ¡Bela! ¡Olivia!— exclama con un entusiasmo que roza la teatral, antes de que pueda reaccionar, me envuelve en un abrazo exuberante — ¿Han venido?
Me separo suavemente, encontrando su mirada con una mezcla de sorpresa y diversión
—Dije que vendríamos, no sé por qué te sorprenderías o dudarías de que no lo haría— respondo, manteniendo la cortesía a pesar del fastidio subyacente.
Ella se ríe, un sonido claro y alegre que parece desentonar con la sofisticación del ambiente.
—Es que eres tan impredecible, querida Bela— dice ella. Su voz tintineando con una mezcla de diversión y sarcasmo nos da una palmada en el brazo. —Pero me alegra que estén aquí, vengan, les voy a presentar alguien
Con una mirada rápida a Olivia, captó su mueca de resignación. Sin palabras, nos comunicamos el mutuo deseo de evitar la situación, con un suspiro casi imperceptible, asentimos y la seguimos a través de la maraña de invitados
Finalmente, nos detenemos frente a un grupo que está reunido en una mesa, me detengo antes de llegar. Todos se levantan cuando nos ven llegar
— Bela, Olivia, ya deben conocer a los demás, menos a mi amigo. Les presento a Damián
Miro al hombre que se ha levantado al final de la mesa. Su presencia es imponente, y hay algo en su mirada que me resulta extrañamente familiar. De mi boca sale un susurro inaudible, y mi corazón parece querer escaparse.
— Nikolay— mi voz, apenas un hilo de sonido