El Gato entre las Ratas

3248 Words
Me encuentro al doctor esperándome en la sala la luz matutina se filtra a través de las persianas, proyectando líneas paralelas sobre el suelo de madera se levanta cuando me ve llegar —Buenos días, Bela— dice con una voz que lleva el peso de incontables madrugadas -—Buen día, parece que ha pasado una eternidad— respondo, notando como las esquinas de sus ojos se arrugan ligeramente al sonreír -— En efecto, ha sido demasiado tiempo— comenta, mientras me siento a su lado el cuero del sillón cruje bajo mi peso — Adelante, haz lo que tengas que hacer Comienza a quitarme el vendaje, revelando una herida que aún se siente como recuerdo ardiente en mi piel. — ¿Quedará cicatriz?—preguntó, buscando su mirada. — Es posible— admite, esquivando mis ojos — No quiero más marcas, James, haz lo que sea necesario para borrar cualquier señal de esta herida. ¿Entendido? — Haré todo lo que esté en mis manos. Procede con la limpieza, sus gestos precisos, pero algo bruscos; al terminar, aplica un vendaje nuevo con una suavidad que contrasta con su anterior rudeza. —¿Te ha sentido agotada o con mareos? — Ambos — Deberías descansar, la pérdida de sangre fue significativa y aún no te has recuperado completamente. Te he dejado medicamentos; sígalo al pie de la letra y esta crema ayudará con la cicatriz. ¿Podría tomarse el día libre? — Descansaré más tarde, tengo asuntos pendientes, seguiré tus indicaciones con la medicina, ahora debo irme, estoy retrasada, te llamaré si necesito que vuelvas. — Como usted diga —Vamos Olivia— toma mis cosas y salimos hacia la empresa Un torbellino de emociones e incertidumbre me envuelve, haciendo el trayecto incómodo. El silencio entre nosotras es absoluto. Al llegar a la empresa, descendemos al sótano “Es hora de revelar las cartas” — Vamos al ascensor— dice Olivia. — Ustedes esperan aquí. — Si jefe Desde la última vez que vine, la fachada sigue igual, bueno, no tan igual, solo que ahora está infectado de ratas, pero aquí llegó el gato que los cazará uno a uno. — Preparada para entrar a la guarida del enemigo— me dice mientras se acomoda el cabello —Siempre, vamos a ver quién se come a quién. Las puertas del ascensor se abren. — ¿Quiénes son ustedes? ¿Qué hacen aquí? Este piso está prohibido para los que no tienen cita con el presidente, además no fueron anunciadas. “Presidente”— resuena en mi mente Olivia interviene antes de que pueda hablar —¿Quién eres tú para cuestionarnos?, Ve y llama a tu jefe, hemos venido a verlo— Observo cómo aprieta sus puños. Sin esperar respuesta, avanzo con determinación hacia la sala de juntas, veo a Aba en su escritorio — Voy a llamar a seguridad, para que las saquen— anuncia la otra secretaria, con un tono que pretende ser autoritario Le hago seña a Aba para que se mantenga al margen —Empujo las puertas de la sala de juntas, que se abren a un espacio más lujoso y amplio de lo que recordaba. Me siento, dejándome envolver por una sensación de éxtasis y anticipación. Olivia toma asiento a mi derecha, compartiendo la tensión del momento, mientras espero juego en mi teléfono Afuera de la sala de junta — Llamaré a seguridad. ¿Quiénes se creen que son, llegando como si fueran dueñas del lugar? Y tú, Aba, ¿por qué no haces nada? ¿Las conoces acaso? — Sería mejor que dejaras las cosas como están, a menos que quieras problemas— le advierte Aba con calma. — ¡Cállate! No sirves para nada— escupe la secretaria, su frustración creciendo. — Seguridad, suban ya. Hay unas intrusas en la sala de juntas que deben ser expulsadas. ¡Apúrense! — El presidente está por llegar y no puede encontrarse con estas… intrusas en un día tan importante. Y tú, ¿por qué me miras así, Aba? ¿Por qué no te pierdes? Aba la mira con una mezcla de lástima y advertencia. — Yo me iré, pero te doy un consejo gratis, Bárbara: ten cuidado, no vayas a ser tú la próxima en salir. — ¿Quién te pidió tu opinión? Tú serás la siguiente— replica Bárbara, su voz temblorosa. En ese momento, una voz autoritaria interrumpe —¿Dónde se encuentran las intrusas de las que hablabas, señorita Bárbara? — Vamos a la sala de Juntas— ¡Presidente!— exclama Bárbara, girándose hacia la figura imponente que acaba de llegar — ¿Qué sucede aquí, Bárbara? — Nada, presidente, solo que hay unas intrusas que entraron sin autorización. Están en la sala de juntas —¿Intrusas? ¿De qué estás hablando, Bárbara? — Dos mujeres llegaron exigiendo verlo, pero no tienen cita. Por eso llamé a seguridad — ¿Dónde están ahora? -“No vaya a hacer la persona que he estado esperando, se había demorado en llegar”. — En sala de junta— salgo a comprobar Ya no debo de tener miedo de una chiquilla que no sabe dónde está parada y juega hacer una delincuente de poca monta, ahora yo soy el que tiene el poder. — Esas son las intrusas, Pre...— silenció Bárbara. — ¡Gane la partida, Olivia! ¿Qué sucede, porque estás tan rígida?— Sigo su mirada y me giro para enfrentar al recién llegado. — Bienvenida Presidenta — ¿Qué?— Como que presidenta, pre...—No digas nada y cállate. — Director a... disculpa Presidente, debería inclinar la cabeza — A... — No te estoy pidiendo excusas, así que no me las des ahora, como fue que dijiste que se llamaba esta señorita— la señaló con el dedo, con desdén. — Su nombre es Bárbara. — Tú eras la que me iba a sacar de mi propia empresa, además trajiste seguridad que grandioso— le digo mirándola con frialdad. — Yo…— No te he dado permiso para hablar, insolente— digo con firmeza. —Disculpe, presidenta, ella no sabía quién era usted. No nos avisó que vendría— se apresura a decir. — Tampoco te pedí tu opinión, yo no tengo el porqué avisar cuando venga a mi propia empresa a qué hora va a comenzar la junta. — En unos minutos presidenta La puerta se cierra con un clic sordo detrás de las figuras en retirada. Me vuelvo hacia Olivia — Bien, ahora desaparezcan de mi vista, no sentiste un aire diferente en Leonidas — Yo lo vi igual, como siempre — dice Olivia — Aja La junta no tarda en comenzar, y las caras nuevas me observan con expectación. Algunos intentan disimular su curiosidad, pero sus miradas traicionan su interés — Pueden tomar asientos, señores, no los mataré si se asientan— el aire se siente pesado, cargado de expectativas y cálculos ocultos. — Señores, hoy la presidenta presidirá la Junta— anuncia Leonidas con un tono que roza el sarcasmo. Le sonrió desarmándolo con mi tranquilidad — Solo soy una visita, no vengo a interferir, Director La junta se desarrolla con la tensión de un drama silencioso. Mis ojos se fijan en Leonidas, quien parece haberse transformado. Una nueva energía lo envuelve, una confianza recién adquirida que le sienta bien. Su mirada hacia mí es un claro desafío, y aunque suene a locura, me encanta. No desvío la mirada, enfrentándolo con la misma intensidad. Es un juego de poder sutil, un intercambio de voluntades que se siente en el aire cargado de la sala. La tensión es casi tangible, cada palabra y gesto es un movimiento; ya ha comenzado este juego. La sesión se disuelve, y una sonrisa de triunfo se asoma en mis labios. No es solo por el teatro de hoy, sino por la partida que apenas comienza. Leonidas, cegado por su reciente poder, está destinado a tropezar. Y yo, paciente y calculadora, espero en las sombras. Cuando finalmente juegue su mano, estaré lista para desvelar mi juego. Mientras los demás abandonan la sala, intercambiando comentarios triviales, yo permanezco inmóvil, Sé que él también está jugando, tratando de anticipar mis acciones, buscando cualquier indicio que le dé ventaja. Pero no le daré esa satisfacción Una voz me saca de mis pensamientos— Presidenta, ¿Podemos hablar?— me mira con altivez — Claro — sin inmutarme. — La espero en mi oficina— sale con una sonrisa de satisfacción Cierra la puerta —suspiró profundamente— Auch, me duele el brazo, ahora vamos a ver qué quiere. — ¡Bela! — Ya lo sé, vamos a divertirnos con lo que viene. Salimos directo a la oficina de Leonidas — Presidenta —me llama una voz, y me quedo observándola. — Yo quería pedirle disculpas por el malentendido que hubo, discúlpeme — Me inclinó discretamente y le susurró con una calma helada— No te disculpo, la próxima vez que esto suceda, debería lanzarte de este piso, Bárbara— su nombre pronunciado con tal frialdad. —Ahora dime donde que la oficina de tu jefe — La que queda al lado de la junta —Que tengas un buen día— con una sonrisa maliciosa Leonidas me espera, su postura relajada contrasta con la tensión en sus ojos. —Estaba esperándola, Bela. — Soy a todos oídos, Leonidas, ¿Qué era eso de que querías hablar? — Tome asiento, ¿le ofrezco algo de tomar? — Nada, ¿por qué andas con rodeos y no vas directo al grano? — ¿No podríamos hablar solas, o siempre tiene que estar con un perro guardián a su lado?— Olivia sale hacia él, la detengo con la mano, con la mirada le digo: se detenga y sale. — Habla, Leonidas, ya me estoy aburriendo de esto— me levanto y me dirijo hacia la ventana. El día estaba muy oscuro, sintió una mirada oscura y calculadora a mi alrededor. — Con una sonrisa que no alcanzaba sus ojos, se inclinó hacia adelante, su voz, un susurro venenoso que cortaba el murmullo del ambiente.— Imagine por un momento las portadas de mañana, 'La respetada presidenta del Grupo Norton: ¿Una vulgar delincuente? ¿O quizás algo más oscuro... una asesina sanguinaria?' Sería un escándalo delicioso, ¿no crees? Pero tranquila, tu secreto está a salvo conmigo... por ahora." — Lo miró fijamente, con expresión inescrutable. —"La sociedad,"— le dijo con una voz serena que no revelaba nada— Siempre está buscando el próximo escándalo, la próxima historia jugosa. Pero yo no soy una novela barata, soy una mujer de negocios, y en los negocios, lo que importa son los resultados, no los rumores. Así que, si tienes algo que decir, dilo. Pero si es solo para intentar desestabilizarme con amenazas vacías, te sugiero que ahorres tu aliento." — Él inclinó la cabeza, observándome con una sonrisa satisfecha—. "La sociedad", — su tono, era tranquilo, pero lleno de peligro—. Puede que adora los escándalos, pero yo prefiero los hechos. Y los hechos son que tengo más que simples rumores. Tengo pruebas concretas de tus... transacciones, y no son precisamente de fichas de casino. Así que piénsalo bien antes de desafiar a alguien que tiene el poder de cambiar tu suerte con solo una palabra." “Bingo, así que mi suposición era correcta, ahora debo mover mi primera pieza de este juego.” — ¿Pruebas? ¿Qué tipo de pruebas podrían ser tan condenatorias? — Las que revelarían su verdadera naturaleza, las que la sumirían en un abismo sin fin, donde la máscara de la perfección se desvanecería como humo. Donde cada susurro y cada mirada serían testimonio de su engaño. — Un abismo, dices… Mi existencia ha sido una danza constante en la penumbra, un juego de sombras y luces. La idea de enfrentar otro no me intimida. Y sobre esa fachada de pureza e inocencia, nunca fue más que una ilusión tejida por aquellos que se niegan a ver la esencia de mi ser. — Su confianza es inquebrantable — comentó con una sonrisa irónica, mientras sus dedos se deslizaban entre los papeles del cajón hasta encontrar lo que tanto había buscado. Con un gesto teatral, lanzó una serie de documentos sobre la mesa, que aterrizaron con un golpe sordo. — Ahora veremos si esa seguridad persiste cuando las pruebas estén ante sus ojos. Con una mirada fija, tomo los documentos, cada hoja que revisaba era una revelación más impactante que la anterior. Las cifras bailaban ante mis ojos, delineando el flujo clandestino de fondos a través de los casinos, un juego de espejos y humo. Y allí, entre líneas y números, el golpe final: la organización benéfica que había servido de pantalla para el lavado de dinero. Era como si cada documento fuera una piedra fría en el estómago, una verdad ineludible que ahora me enfrentaba. La risa de él llenó la estancia, una carcajada profunda y satisfecha que parecía burlarse del mundo entero. —Ver su cara de asombro no tiene precio, ha iluminado mi día por completo. Usted, que siempre me ha despreciado y pisoteado, ahora se encuentra en una posición delicada. Es irónico, ¿no le parece? Después de todo este tiempo, soy yo quien tiene el poder de decidir su destino. — Con una mirada serena y una voz que no delataba emoción alguna— Es cierto, tienes en tus manos algo que podría complicarme la vida… pero no olvides que te puedo desaparecer y soluciono este incómodo problema. — Soy plenamente consciente de que podría intentar algo así; de hecho, ya contaba con esa posibilidad. Pero que no quede duda: si a mí o a mi familia nos sucede algo, esta información llegará a manos de las autoridades de inmediato. Así que te recomiendo elegir con prudencia las palabras que uses al dirigirte a mí. — Entonces, ¿cuál es tu verdadero objetivo al revelar todo esto? Sencillo y elemental —dice, con un tono burlón, que no logra ocultar su ambición—Lo que reclamo es la recompensa a mi entrega. No es justo que una advenediza coseche lo que yo sembré. Por ende, exijo el 30% de sus acciones. Asimismo, demando la mitad de los beneficios de aquellas transacciones que no figuran en los registros. Y para concluir, aspiro a ser proclamado presidente del Grupo Norton. “Así que esa es tu ambición, tu gran revelación. Pero en tu arrogancia, has pasado por alto una verdad fundamental: en mi tablero, tú no eres más que un peón. Y mientras te pavoneas, creyéndote rey, no ves que cada uno de tus movimientos ha sido anticipado. Este juego… es mío, y yo siempre tengo la última jugada” —Si eso es lo que deseas, entonces lo tendrás—respondo con una sonrisa astuta. —Tan fácil—dice Leonidas, su voz revela una sombra de duda. - No te sorprendas, tu no eres el que tiene la carta maestra —Me dirijo a la puerta y justo antes de cruzar el umbral, me detengo y lo miro fijamente con una voz serena, pero firme— Te regalo un consejo gratis Leonidas, te convendría dormir con un ojo abierto, no es por mí sino por aquella a quien despectivamente llamaste “perro” esa no soy yo, que tengas un buen día— me despido con una sonrisa siniestra Me encuentro a Olivia recostada al lado de la puerta. —Hora de irnos—digo con un tono que corta el silencio como un cuchillo. Ella se incorpora y me sigue, su silencio es un manto pesado que se extiende entre nosotras. No hace falta que pregunte; la ira que se dibuja en mi rostro habla más que mil palabras. Cada paso que damos está cargado con el peso de lo no dicho, con la promesa de una tormenta que se avecina. Llegamos al sótano, saco de mi abrigo un portarretrato. La imagen de una familia feliz me desafía desde el cristal. Con un gesto firme, lo dejó caer. El cristal se hace añicos, los fragmentos brillan como estrellas caídas sobre el suelo gris. Piso la foto, cada fragmento cruje bajo mi zapato. “Así quedará lo que amas, hechas migajas,” digo con voz clara y controlada. “Disfruta de tu victoria.” Mi sonrisa, siniestra y segura, es la última imagen que dejo antes de desaparecer en la sombra. "QUE EN EL AJEDREZ DE LA VIDA, A VECES TE TOCA SER EL PEÓN.... Y OTRAS, EL SACRIFICIO ESTRATEGICO"
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