Ashton
Verla de nuevo fue como un puñetazo en el estómago. Me deja sin aliento cada vez que la miro y su sonrisa ilumina todo el lugar. Ha cambiado su color de pelo del platino con el que lo habíamos teñido en la universidad a un rubio más oscuro y suave, y ha cambiado las medias de rejilla y los cardigans por una sudadera con una capucha de la universidad y unos jeans que le ciñen el trasero y la cintura. Ha desarrollado algunas curvas nuevas desde la universidad, y realmente me gustan. Mas con cada cerveza que bebo y con cada recuerdo que regresa a mi memoria.
Cuando se fue con Amy al baño, me di cuenta de que me encanta verla caminar, de verla hablar y sonreír. Todos esos viejos sentimientos volvieron a invadirme y no puedo evitar desearla. O tal vez no quiero evitarlo. Estar con ella me había hecho feliz en ese entonces. Y ha pasado mucho tiempo desde la última vez que fui feliz. Pero no importa, ella ha mantenido un muro entre nosotros y no puedo culparla.
Había ido acercando su silla a medida que el bar se llenaba con más exalumnos y estudiantes actuales. La adoración al héroe solía ser una de mis cosas favoritas en la vida, pero ahora solo quiero que se vayan. Cada pregunta y comentario me recuerdan mi carrera fallida, mi vida fallida.
—¿Sabes cuando volverás a jugar? — me preguntan
Niego con la cabeza. —No— No digo que dependo de los análisis que hasta el momento me he negado a hacerme. Algunos datos no son necesarios para los desconocidos, por mucho que insistan.
—Ese partido del año pasado contra Atalanta, ese Ave María que lanzaste para terminar el juego, fue brillante—dice alguien al que no estoy poniendo atención. Recuerdo esa jugda, fue suerte, ni siquiera había podido ver la pelota en el momento en que tuve que lanzarla al campo.
Detrás de mi escucho un chillido irritante.
—¡Ashton Bailey! —
Oh, no. Conozco esa voz y no es alguien a quien quiero ver mientras estoy con Megan. Estoy bastante seguro de que Megan tampoco querría verla, pero, salvo correr a la otra dirección, no hay mucho que hacer.
Se acerca a mi arrastrando los pies, literalmente, deslizándose sobre sus talones de esa manera excitada en la que lo hacen las chicas con los brazos abiertos y el pecho extendido hacia mí. Sus implantes me picharon los pectorales cuando se inclinó para apretarme.
—Hola, Mila— una vez Delta, siempre Delta. Al menos eso era lo que decía la banda que llevaba. Mila Dune había sido la chica de la fraternidad por excelencia. Un legado que había entrado directamente a la casa y se había convertido en su reina. Y ahora es una presentadora de un programa de entrevistas que se había ofrecido a llevar a todo su equipo a filmar las festividades de bienvenida que culminaran con el gran juego del sábado siguiente. Por supuesto los regentes de la universidad habían aceptado esa oferta. Cualquier cosa con tal de aumentar la población estudiantil. Y publicidad como el show de Mila Dune no se da todos los días.
—Oh, Dios mío, te ves increíble— pasa sus manos por mis hombros y baja por mi pecho. —Te he extrañado—
Habíamos salido durante un minuto en la universidad porque hasta que conocí a Megan solo una chica había durado más de dos minutos, y esa chica ahora me odia, aunque no sé por qué y después de Megan, nadie estaba a la altura. Mila no era mala, simplemente no era la indicada. No es que sea su culpa, desde la primera vez que hablé con ella algo sobre Megan apagaba la luz de todas las mujeres que conocía.
—Es genial verte también—
Después de todos estos años, Mila todavía viste el uniforme de estudiante universitaria de falda corta y top ajustado para acentuar las curvas que mantiene con pilates y yoga. Lo usa justo para resaltar y realzar, y sonríe con su sonrisa característica, la sonrisa perfecta y llena de dientes que todas las cámaras adoran. .
Sus ojos se abrieron de par en par. —Oh, Dios mío. Acabo de tener una idea brillante. Deberías venir a mi show. Podría atraer a un grupo demográfico completamente nuevo. Hombres a los que les gustan los deportes, como el futbol— Sacude la cabeza ante cada pausa en sus palabras. —Vamos a organizarlo—
Asiento. —Claro. Ponte en contacto con mi agente, ella pueda adaptarlo a mi agenda— que últimamente, tiene muchas vacantes.
Y tan pronto como me vaya, llamaré a mi agente y le diré que no organice nada. Mila Dune no practica deportes, nunca lo ha hecho. Se dedica a la moda y a la alta sociedad, hace bailes formales y recaudaciones de fondos y ninguna de esas cosas es mala. Simplemente no es algo que yo pueda disfrutar sentado en el sofá.
Ella se puso de pie en toda su altura y miro por encima de mi hombro, su brillante sonrisa blanca se desvaneció.
—¿Enserio Ashton, ? ¿Ella otra vez? — Se cruza de brazos. —¿No aprendiste la leer cuando echó a Luka, Isaac y al otro de la escuela? ¿Cuándo escribió ese artículo? —
Tal vez mi tiempo de reacción se había ralentizado tanto como mi función cerebral, pero Mila me empujo fuera del camino y camino furiosa alrededor de la mesa para pararse frente a Megan antes de que se me ocurriera detenerla.
—No puedo creer que tengas el coraje de mostrar tu cara después de lo que hiciste—
Oh, mierda, tiré del brazo de Mila, pero ella se apartó con fuerza y golpeo a Megan en la mejilla derecha con su puño cerrado. La cabeza de Megan se sacudió y luego volvió a girarse, con fuego bailando en sus ojos y sangre brotando de un corte en su mejilla causado por el anillo universitario de Mila. Me volví entre ellas para proteger a Megan con mi cuerpo.
—¿Mila… ¿Qué demonios? —
—Quítate del camino Ashton. Eso me hizo sentir bien y creo que quiero hacerlo de nuevo. Intento esquivarme, pero no me moví. No podía ver a Megan, pero podía sentir su ira. Tampoco se si ella lucharía a puñetazos o no, pero no confío en que Mila no vaya por el trabajo de Megan si ella se defiende.
—Tienes 32 putos años, Mila y ella puede patearte el trasero. Aléjate antes de hacer algo de lo que te arrepientas— Y entonces recuerdo la verdadera razón por la que Mila y yo no funcionamos.
Diez años atrás…
Mi teléfono vibra por decima vez, Megan lo mira y lo tomo para guardarlo en mi bolsillo. —Puedes responder—
—No es gran cosa— y lo digo en serio. —No es importante—
Ella sonríe y se sienta, con los brazos cruzados y los ojos entrecerrados. —Si las cosas sin importancia llaman diez veces en una hora—
—Me olvidé de una cita que se supone debía tener— ¿Por qué se lo digo? No lo había planeado, pero ella hice corto circuito en todos mis sistemas lo suficiente como para que no pueda controlar mi lengua ni mucho más. Cierra su libro, toma el mío y cierra la tapa.
—Deberías irte—
—No es gran cosa— No lo es para mí, pero tengo la sospecha de que Mila Dune piensa de otra manera. Si esa cita no se hubiera concertado la semana pasada cuando las chicas Delta habían organizado una noche de boliche mixto y Mila anotó nuestros nombres. No lo habría olvidado, o tal vez fue Megan la que me hizo olvidarlo. Bueno, no exactamente Megan, si no el hecho de que quiero estar con ella más de lo que quiero ir a jugar boliche con las Delta.
El teléfono volvió a vibrar.
—Deberías irte, sin duda— Mete los libros en el bolso y se levantó antes de que el timbre dejara de sonar. —Te veré mañana—
Ella empuja la mesa y casi corrió hacia la puerta. Cuando recogí mis cosas, las metí en mi mochila y la alcancé, ella ya había salido por la puerta y estaba a mitad del camino por la acera.
—Megan, espera— Ella sorbió y se dió la vuelta, pero fue más como si hubiera girado su cuerpo en semicírculo para mírame. Y oh, no. Esta llorando.
—Megan, ¿Qué pasa? — sacude la cabeza y sigue caminando. Esta vez va en la dirección opuesta. Me coloco frente a ella. —Dime—
Ella sacude la cabeza y luego se pasa los dedos por el pelo corto, poniéndolo de punta. La habría descrito como adorable y despeinada y triste. —No lo sé, ¿de acuerdo? Es solo que… no sé— se desvía de mí y comienza a caminar de nuevo. —Es la cosa más estúpida y no lo entiendo—
Alto dentro de mí se rompió cuando ella volvió a olfatear.
—Hey, está bien, sea lo que sea puedes decírmelo, somos amigos, puedes decirme cualquier cosa— solo quiero que ella este bien. incluso si dice que me odia y que no quiere volver a verme nunca más. Bueno, eso puede ser una mentira, pero quiero ser el tipo de hombre que lo dice como la verdad, que tiene que contar para algo.
—No somos amigos, Ashton. La única razón por la que estamos aquí es que tu necesitas mejores notas y yo quería salir con Luka— ¿Quería hacerlo?, ¿en tiempo pasado?, mi corazón se acelera. Esta vez, tomo su mano y dejo de caminar, tiro cuando ella sigue caminando. No tengo idea de lo que estoy haciendo. Solo sé que quiero hacerlo más que cualquier otra cosa en el mundo.
Cuando se gira para mirarme, le aprieto los dedos. —Esa es la razón por la que estamos allí— Me acerco más, todavía sosteniendo su mano.
—Tienes una cita— trago saliva con fuerza mientras levanto mi mano libre hacia su mejilla y le acaricio los labios con el pulgar. Me Muero de ganas de tocarla desde que entre por primera vez a la biblioteca y al vi sonriendo mientras leía un libro que escondió cuando me vio.
—Prefiero estar contigo— Y justo cuando bajo la cabeza para besarla, un auto se detiene con un chirrido a nuestro lado. Mila Dune tiene un sentido del tiempo impecable.
—¿Qué carajos estás haciendo con ella cuando se supone que deberías estar en una cita conmigo? — su grito resuena en el edificio que nos rodea mientras sale de su pequeño mini cuper rojo y camina pisando fuerte hacia la acera, haciendo sonar sus pisadas sobre el concreto.
Bajo mis manos y miro a Mila como si nunca la hubiera visto antes y, honestamente, no lo había hecho, no desde este lado de ella.
—Mila, estábamos estudiando— Por supuesto, eso no explica porque estaba a punto de besar a Megan, y decirlo así está en muchos sentidos cuando ciertamente había estado a punto de besarla.
—Ella es basura, Ashton, el pequeño caso de caridad no pertenece aquí, pertenece a una universidad comunitaria—
Nunca había escuchado tanto veneno salir de la boca de otra persona, y tal vez la sorpresa porque no salí en defensa de Megan, o tal vez fue el hecho de que esperaba que Megan saltara y matara a Mila, pero en cambio, ella asintió con la cabeza hacia mí, sonrió y se alejó, para mi vergüenza, no la detuve ni fui tras ella, simplemente me quedé aquí como un idiota, cobarde y la dejé ir.