Megan
Si no fuera por mi mentira, este no habría sido uno de los momentos más incomodos de mi vida. Sin embargo, ahora, con Ashton a un lado y Alan al otro con Amy frente a mí, estaba al menos entre los tres primeros, especialmente por la intensidad de la mirada de Amy hacia Ashton.
Me vuelvo hacia mi mejor amigo, el que no me había contado sobre su relación con Amy.
—Hey, cariño— la mirada de Amy paso de Ashton a mi cuando le hablé tan dulcemente a Alan. —¿Por qué no vas a buscarnos otra bebida? —
Alan parpadea dos veces como si mis palabras no le hubieran llamado la atención. Para ser justa, nunca, en todos nuestros años como amigos, he usado un término tan cariñoso, especialmente uno con una connotación tan íntima; ahora que lo pienso, tampoco recuerdo haberlo hecho con alguien más.
—Claro— Se pone de pie y le tiende la mano a Amy. —¿Vienes conmigo? — Ella desliza su palma sobre la de él y entrelaza sus dedos, luego me mira arqueando una ceja. ¿un desafío? ¿un reto? ¿una advertencia? Realmente no me importa ya que mi interés en Alan es puramente ficticio. Aún así, hubiera sido agradable que me hubiera avisado un poco para poder explicarle mi necesidad y el me hubiera rechazado con tiempo suficiente para que yo pudiera haber contratado a alguien más para no parecer tan ridícula ahora. Por supuesto, si no me hubiera visto obligada a detallar mi perverso plan en su buzón de voz, este momento podría haber sido un poco menos… humillante.
Ashton me observa hasta que se fueron. —Ese no es tu novio—
Mi piel se calienta, podría haber mentido, pero parecer más tonta de lo que ya parezco es un poco exagerado.
—No—
El asiente. —Yo tampoco tengo—
Bien, me pillaron mintiendo. Puedo vivir con eso. —Bueno, estoy segura de que, si tuvieras novia, lo habría leído. Ya que he leído sobre todas las novias que has tenido desde la universidad—
Su sonrisa hace que mi corazón se tambalee y pongo una mano sobre mi pecho tratando de calmarlo desde afuera. Como si…
—¿Leíste sobre mí? — el calor de su pregunta me atraviesa. No hay mucho que pudiera hacer para salvarme ahora. Apuesto por un centavo…
—Si. Leí acerca de tu índice de pasador del sesenta y siete por ciento, dieciséis intercepciones y cuarenta y una capturas el año pasado. Supongo que es por eso por lo que estás aquí y no allá —
Toma la púa y se encoge de hombros mientras usa la uña del pulgar para repasar la etiqueta de su botella de cerveza.
—Estoy en la lista de conmociones cerebrales— No levanta la vista.
—Creo que están pensando en dejarme ir—
—Oh, mierda— cubro su mano con la mía. —Lo siento. Se lo mucho que significa el futbol para ti— sonríe sin dejar de mirar su botella de cabeza.
—Podría contarte algo horrible sobre mí, para que puedas burlarte— le digo
—Eso podría ayudar— dice con una risa humilde.
—Me echaron de un concierto de Green Day— dije rápidamente, sin rodeos y con un poco de vergüenza.
Se ríe. —¿Lo que te molesta es que te echaron o que fuiste a ver a Green Day en primer lugar? —
—¿Ves? Ya te sientes mejor, ¿no? — me gusta su sonrisa, me encanta su risa, de hecho, me siento en el bar imaginándome acurrucada sobre él.
—Si, gracias— pone su mano sobre la mía y acaricia mis dedos con el pulgar. —Tienes ese efecto mágico—
Quiero que me siga tocando, pero no se me ocurre como lograrlo.
—Yo y el futbol—
—Bueno, supongo que ahora eres solo tu— Su vida no ha sido pastel y helado antes de la universidad. Su madre sufría algún tipo de enfermedad mental, su padre era un adicto al trabajo y su hermano murió en Afganistán. El futbol era la vía de escape de Ashton. —Es lo que es— pero yo sé que no lo es. El dolor y el miedo en sus ojos hablan más fuete que su mentira. Había visto todos los partidos que jugaba, incluso había pagado extra por el paquete deportivo para no perderme ni una sola entrevista, aunque suena mejor en persona que a través de mi televisor. Mas que cualquier otra cosa en mi vida que hubiera deseado, quiero borrar esa mueca de dolor de su rostro.
—Todavía recuerdo que intentabas enseñarme a lanzar una pelota de futbol. Era muy mala en eso—
Finalmente, levanto la mirada y vuelve a sonreír. —No estabas tan mal—
Lo que más recuerdo es la forma en que su cuerpo se apretó contra el mío mientras estaba detrás de mí, la forma en que sus brazos me rodearon y su mano se posó sobre la mía mientras alineaba mis dedos con los cordones. Ese fue el momento en que las cosas cambiaron para mí.
Diez años atrás…
No paso por la casa Alpha muy a menudo. No estoy de camino a casa o a clases, pero hoy quería ver si habían logrado pintar sobre el trabajo de Amy. Anoche se puso creativa, ella y su equipo habían dibujado p***s de varios tamaños en el ladrillo. Y esta vez, había ampliado su portafolio para incluir el costado de la casa. Dijo que era demasiado fácil para ellos seguir cubriendo sus insultos y que quería un lienzo más grande.
Como era de esperar, tenían a sus nuevos alumnos afuera, con los pinceles listos y cargados, pañales de tela para adultos puestos, mientras Ashton se lanzaba una pelota de futbol de un lado a otro con Isaac, otro Alpha. Isaac lanzo alto, Ashton salta y yo atrapo la pelota, dejando caer mi bolsa de libros y papeles. Sostengo la pelota mientras Ashton corre hacia mí.
—Sabes, a pesar de ser un jugador de futbol tan destacado, apestas— Él sonríe y recoge mi bolsa.
—Soy un mariscal de campo, no un receptor— intercambiamos la pelota por la bolsa y el la abraza como un adolescente que no soy yo abrazaría a su osito de peluche favorito. Por un segundo, solo uno, me quedo mirando la forma en que acuna el balón y una pequeña bola de celos se endureció en mi estómago. Quiero ser ese balón.
—¿Quieres jugar? —
—No lo creo. Soy más de beisbol— No había pasado por allí para terminar avergonzándome a mí misma. Estos chicos iban a ser jugadores profesionales algún día, y mis habilidades no han sido puestas a prueba desde que obligue al condado a dejarme jugar futbol americano en la escuela primaria.
—Vamos— me quita la bolsa de encima y me entrega la pelota. —Vamos, te ayudaré a pasársela a Isaac y veras lo fácil que es—
En parte, me visto como lo hago para desalentar mi participación en actividades grupales, como jugar a la pelota en el patio delantero de una fraternidad. Además, si Luka me ve como una patética no deportista, ¿Qué pensaría?
Ese pensamiento dura un segundo, justo hasta el momento en que Ashton se mueve detrás de mí y desliza sus manos desde mis hombros hacia mis muñecas. Baja una a mi costado y luego la usa para inclinar nuestras caderas, de modo que ya no estuviéramos frente a Isaac.
—Sostén la pelota así— Su voz es espesa y baja mientras mueve mis dedos con los suyos para que descansen entre los cordones del balón. Su toque envió electricidad a través de mis células y su voz hace que mis bragas comiencen a derretirse.
Todo lo demás en el hace que mi cuerpo se caliente ¿Y cómo no me había dado cuenta de lo bien que huele Ashton? Amaderado con un toque de especias, me estremezco, pero me quedo quieta. No podría haberme movido si un huracán repentino devorara la costa y se precipitara hacia mí. Mis palmas se humedecen, mi corazón se acelera unos pasos, mi estomago se encoge y me gusta todo.
Da un paso atrás. —Muy bien. Ahora hecha el brazo hacia atrás— me lo demuestra sin tocarme, y el musculo de su bíceps se contrae formando una bola de pura sensualidad. —Cuando lo lleves hacia adelante, suéltalo cuando llegues justo aquí— usa el brazo para demostrarlo. —¿Lista? —
Apunto a Isaac con mi mente más que con mi mano y mi brazo. Antes de que pueda empujarlo hacia adelante, Ashton interviene de nuevo y esta vez, su aliento calienta mi oído mientras su brazo rodeaba mi cintura para que su mano libre pueda descansar sobre mi vientre. Maldita sea.
—No tan lejos. Y no te concentres tanto. Solo estas jugando a la pelota—
Bien podría haber susurrado algo decadente y sucio a pesar de toda la concentración que tengo al lanzar la maldita pelota. Todo en lo que puedo pensar es en Ashton susurrando algo indecente y sucio mientras su pulgar frota pequeñas líneas en mi vientre. Su pecho presionando contra mi espalda, su boca curvada junto a mi piel.
—Hey, ¿se van a besar o a lanzar la pelota? — Isaac está de pie al otro lado del patio, con las manos en las caderas. Hago lo único que se me ocurre. Di un paso para zafarme de Ashton y lanzo una espiral. Tal vez ya sabía cómo lanzar una pelota de futbol que le diera justo al blanco. Isaac atrapa la pelota con manos seguras y se ríe. —El año que viene podría hacer una prueba para tomar tu trabajo, Bailey—
Ashton se coloca detrás de mi otra vez. —Creo que me engañaste—
—Nunca dije que no pudiera lanzar una pelota— Mi voz se quiebra y mi piel se siente viva como si estuviera su propio voltaje y es por él. Mierda, se supone que esto no debería de suceder. Se supone que no debe atraerme Ashton, se supone que es Luka el que hace que mi corazón lata con fuerza y que mis bragas se mojen. Luka Fisher, no Ashton Bailey, pero maldita sea, Ashton se siente bien. Me rio entre dientes a pesar de mi confusión.
—Una advertencia justa. Simplemente no apuestes nunca al billar conmigo—
Me doy la vuelta y estamos pecho contra pecho. —Volverás a casa sin dinero y triste— Y su pecho se siente bien contra mi espalda, era puro paraíso contra mi pecho. Mierda, deseo a Ashton. Ahora, en el césped, en el auto, en cualquier lugar donde pueda tenerlo.
—Nunca me pongo triste por el dinero—
—Es que tienes mucho— No es mi intención decirlo. Lo último que quiero en este momento es señalar las diferencias entre nosotros, especialmente cuando podía ver todos los tonos de gris en sus ojos, pero una vez más mi boca me decepciona. Y ahora quiero salir de aquí antes de decir alguna otra estupidez, pero también quiero quedarme aquí, con sus brazos a mi alrededor y esos grandes ojos grises apuntando hacia los míos.
—Debería irme—
—Está bien— da un paso atrás y se aclara la garganta. Miro al otro lado del patio mientras la pelota de futbol se dirige hacia Ashton otra vez. Esta vez bloqueo el golpe y la pelota vuela hacia la izquierda.
El se ríe y persigue la pelota, incluso su ligero trote inspira fantasías sexuales, especialmente cuando se agacha para recoger el balón, se levanta, se vuelve hacia mí y sonrió.
—¿Quieres venir a protegerme en el bolsillo también? —
Una chica coqueta podría haber corrido diez millas con esa frase, pero yo me limito a sonreír.
—Alguien debería hacerlo— Sacudo la cabeza.
—Tengo que irme. ¿Tienes tarea esta noche? —
—Si. Te veré en la biblioteca después de la práctica, alrededor de las siete— Asiento y me voy. Durante el camino a casa no pienso en Luka ni una sola vez.