capitulo 10: Sumisión Consciente

774 Words
Recuerdos que nunca quise volver a tener arremetieron contra mí, como avalanchas dispuestas a sepultar todo a su paso. Fue un terremoto expandiéndose hasta lo más profundo de mi ser, sacando a la luz los flashbacks de mi anterior yo: un demonio cubierto de joyas; una Clifford mirando a todos por encima del hombro. Luego, la visión cambiaba a un ambiente sereno, casi angelical. Podría jurar que aún olía el mar y veía el horizonte infinito, recordando la sonrisa del hombre que alguna vez amé con todo mi corazón. Pero el recuerdo se hizo trizas en un mar de resentimiento. Un odio tan profundo que devoraba los cimientos de lo que construí con tanto esfuerzo. Me quemaba; estaba ardiendo en vida. Y el toque del sujeto que dormía plácidamente frente a mí me encendía aún más. No soy una prostituta para que haga lo que quiera conmigo. No me importa que sea un Moretti o el hombre más rico del mundo. Mis manos bajaron como serpientes, buscando envenenar la piel de aquel que me tocaba sin permiso. Le apresé las muñecas y, con toda la fuerza de mis pulmones, logré que soltara lo que tanto apretaba con esmero. —Dante Moretti. Sé que estás despierto —dije, con un enojo que me raspaba la garganta. Él respondió abriendo sus ojos: dos cuencas de pura maldad azabache. —Buenos días, cariño. —Uhg —el sonido de asco escapó de mi boca—. No me vuelvas a llamar así. Él guardó silencio, observándome. La habitación pareció cobrar vida, volviéndose opresiva y oscura, o quizás era mi propia percepción la que se teñía de luto. El nerviosismo empezó a trepar por mi espalda hasta que él volvió a hablar. —No es necesario que te pongas nerviosa. No te voy a hacer daño. Tampoco haré nada que no estés convencida de hacer. En un movimiento que no esperé, enredó sus dedos suavemente en mi cabello, jugando a formar pequeñas olas. Me negué a retroceder. —Dices eso, pero ayer me obligaste a hacer cosas que no quería —le refuté, ignorando su tacto. —Yo nunca te obligué a nada. Si no querías hacerlo, podías irte. No recuerdo haberte puesto un arma para que te quedaras. —¡Me amenazaste con mi hija! —le grité a la cara, perdiendo el control. Golpeé sus dedos para apartarlos de mi pelo, recordando con una punzada de humillación el momento en que me obligó a gatear hacia él para asegurar su seguridad. Dante dejó de jugar y me miró fijamente. No había rastro de culpa en sus ojos negros, solo una frialdad analítica que pretendía penetrar hasta lo más profundo de mi alma. —No tergiverses lo que sucedió, Lucía —dijo con una calma que me erizó la piel—. Yo nunca te puse una pistola en la cabeza. Lo que te di fue una opción. Te mostré el camino para proteger a tu hija y tú, por voluntad propia, decidiste seguir mis instrucciones. ¿Llamas amenaza a un intercambio de beneficios? Hizo una pausa, su sombra cubriéndome mientras recordaba el látigo y las esposas sobre la mesa de mármol. —Lo que te dije no fue una amenaza, fue una posible solución dentro de nuestro contrato. Tú misma viniste a mí buscando una salida. Además... —se acercó a mi oído, su aliento rozando mi cuello—, ayer te demostré que no soy el monstruo que imaginas. Te desmayaste y, a pesar de tenerte a mi merced, no te toqué. ¿Qué mejor prueba de mi “piedad” quieres? Me sostuvo la barbilla, obligándome a mirarlo. —Dime, Lucía... si yo fuera ese tipo de hombre, si realmente quisiera ser un monstruo, ¿crees que te pediría que gatearas? Simplemente tomaría lo que por derecho de contrato me pertenece, incluyendo a esa niña. Tienes suerte de que lo que a mí me gusta sea la sumisión consciente. No te haré nada que no aceptes hacer tú misma para salvar lo que amas. 🖤 ─── 𝕵.𝕽. 𝕽𝖔𝖞𝖓𝖊 ─── 🥀 A partir de aquí, entramos en las sombras más profundas de los Moretti. La tensión que han visto hasta ahora se traslada de la piel a la mente. He decidido que antes de volver a encender el fuego, necesitan conocer los demonios de Dante y los miedos de Lucía. Porque les prometo algo: cuando el deseo vuelva a estallar (y lo hará con más fuerza que nunca), será porque ya no hay vuelta atrás para ninguno de los dos. Disfruten del juego psicológico, porque es la mecha de la explosión que viene.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD