Capítulo 6

698 Words
ELENA Desperté lentamente, sintiendo un dolor en la cabeza y una presión incómoda en las muñecas y los tobillos. Intenté moverme, pero las correas me mantenían sujeta a la cama. Mi respiración se aceleró al reconocer la escena. Todo me recordó a él... a Raphael y lo que me había hecho. El miedo se apoderó de mí, y me sentí atrapada, como si estuviera reviviendo la peor pesadilla de mi vida. De repente, la puerta se abrió, y mi corazón se detuvo. Por un momento pensé que vería a Raphael entrar, pero en su lugar apareció el hombre del carro, el mismo que me había ofrecido su "ayuda" en la autopista. —Qué bueno que está despierta —dijo, acercándose con una sonrisa que me helaba la sangre. —Por favor, no me haga daño —supliqué, sin poder evitar que mi voz temblara. Él se detuvo, mirándome con un extraño destello en sus ojos. —No te preocupes, no te haré daño. No soy tan cruel... como mi padre —respondió, con un tono casi casual. Me estremecí al escuchar eso, las palabras haciendo eco en mi cabeza. —¿Tu... padre? —murmuré, intentando procesar lo que estaba diciendo. El hombre esbozó una sonrisa oscura. —Mucho gusto. Soy Massimo Robles, hijo de Raphael Robles. Sentí que todo mi cuerpo temblaba al escuchar ese nombre y ese apellido. Ese bastardo tenía un hijo... un hijo que parecía haber heredado su misma oscuridad. Pero si Dante nunca lo había mencionado, eso significaba que ni siquiera él sabía de la existencia de este hombre. —Eres hijo de esa escoria —escupí, encontrando un poco de fuerza en medio del terror—. Llevas la maldad en los genes. Massimo rió, como si mi comentario le divirtiera. —Soy malo, no te lo negaré —respondió, encogiéndose de hombros—. Pero no violo mujeres. Ellas vienen a mí por gusto. —No te creo nada —dije, mirándolo con desprecio. Él se inclinó, acercándose tanto que podía sentir su aliento en mi rostro. Mi piel se erizó y el pánico volvió a apoderarse de mí. —No te preocupes. Pronto me vas a creer —susurró, su tono cargado de amenaza. Entonces, sus ojos se tornaron fríos mientras me miraba. —Tú serás el objetivo que me lleve directo hacia Dante. —Jamás —le espeté, con la voz quebrada—. No volveré a ser usada para otra venganza. Él se echó a reír, una risa baja y cruel, antes de mirarme con un brillo perverso en sus ojos. —Al final te gustará tanto que no vas a querer irte —dijo, y sus palabras me helaron el alma. No entendía a qué se refería, pero mi mente apenas podía pensar con claridad mientras el terror me consumía. Se giró hacia la puerta y gritó. —¡Entra! Un hombre apareció, sosteniendo una jeringa en la mano. Mis ojos se abrieron con pánico al ver la aguja y traté de moverme, pero las correas me mantenían sujeta. —Que empiece la diversión —dijo Massimo, sonriendo mientras el hombre se acercaba a mí. —No, por favor... ¿qué es eso? —pregunté, con la voz quebrada, intentando moverme, pero sin poder hacer nada. —Tranquila, es solo un poco de droga. Te ayudará a calmarte —dijo el hombre, justo antes de inyectarme el brazo. Sentí el líquido entrando en mis venas, frío y punzante, y mi cuerpo comenzó a temblar. Mi mente se nubló mientras la droga se extendía, y en cuestión de segundos, una sensación extraña me invadió. Era como estar flotando, como si estuviera en otro mundo. Los recuerdos comenzaron a aparecer en mi mente, imágenes de mi madre, de ella riendo mientras me preparaba el desayuno, de Diego proponiéndome matrimonio... y me encontré riendo, perdida en la irrealidad de esos recuerdos. Desde lejos, escuché una voz, y aunque estaba borrosa, supe que era Massimo. —Espero que tengas un lindo viaje. Volveré cuando se te pase la droga. Después, el silencio, y me dejé llevar, atrapada en recuerdos que parecían tan reales como la misma pesadilla en la que estaba.
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