Se apagó la llama de la pasión

1281 Words
— No, Audrey. Estoy muy cansado, no tengo ganas de tener sexo contigo ahora, lo siento — él se opuso, agarró mis manos y las alejó de su pecho. Se dio la vuelta y decidió encerrarse en el baño, le echó llave a la puerta para que yo no me pusiera de traviesa a querer entrar allí mientras él se duchaba. No pude contenerme, y rompí en llanto. Me fui de la habitación antes de que James me escuchara, y me encerré en la habitación de invitados, me tumbé en la cama, y con la cara pegada a la almohada, seguí llorando hasta que, pronto, me quedé profundamente dormida. Al día siguiente, desperté a media mañana, no supe cuanto tiempo fue que dormí, pero eso no me importó. Salí de la habitación, y escuché que la casa estaba sumida en profundo silencio. Parecía no haber nadie, solamente estaba yo allí. Volví a mi habitación, fui al baño, puse a llenar la bañera con agua tibia y con jabón, dejé que se hiciera una capa de burbujas encima del agua, y mientras terminaba, me desvestí, quedé completamente desnuda, y luego, se me vino a la mente el recuerdo de lo que pasó anoche. Mis manos tocando con delicadeza el torso desnudo de mi esposo, y mis ojos mirándolo con pasión desenfrenada, no me hubiera molestado que él, al menos y para recompensarlo, me hubiera invitado a meterme a la ducha con él, yo hubiera aceptado, pues hace tanto tiempo que no pasa nada de nada entre ambos que un baño relajante bajo el agua caliente hubiera sido increíble para ambos. Mientras que la bañera llenaba, me acerqué a la cama, antes de acostarme me acerqué a mi mesa de noche, allí guardaba un juguete s****l que mi esposo alguna vez me regaló por uno de nuestros aniversarios, en esos tiempos, aún solíamos ser muy juguetones en la cama, y nos gustaba experimentar con muchas cosas, el juguete estaba allí, esperando a que yo pudiera volver a usarlo de nuevo, y aprovechando que aparentemente estaba sola en casa, lo encendí, me acosté en la cama, sintiendo como este juguete vibraba entre mis manos. El placer se apoderó de mí, y mis manos comenzaron a jugar con mi cuerpo, acariciando levemente mis pechos, y luego, introduciendo aquel juguete s****l en mi interior que con mi ayuda comenzó a penetrarme excitadamente. Fue irresistible para mí no gemir casi a los gritos en ese momento, no me importaba si desde afuera alguien más me podría escuchar, lo único que me interesaba ahora era poder complacerme a mí misma de la manera en que mi esposo hace mucho tiempo había dejado de hacerlo. Luego llegué al orgasmo, mis piernas temblaron, y mi cuerpo se retorció de profundo placer. Saqué el juguete de mi interior, lo limpié con unos pañitos húmedos que tomé de mi mesa de noche, y volví a ponerlo guardado en su lugar de siempre, me di cuenta de que la bañera ya había terminado de llenar, y fui a meterme en su interior, sintiendo como el agua tibia y las burbujas de jabón cubría todo mi cuerpo para ayudarme a relajar la tensión que sentía en ese momento. Termino de ducharme, y voy a mi vestidor, decido ponerme de nuevo el mismo vestido que usé la noche anterior. Al final, el vestido estaba limpio, y valía la pena volvérmelo a poner porque así como James había decidido salir sin mí el sábado, que se suponía debía de ser nuestro fin de semana para pasar tiempo juntos y como matrimonio, yo también estaba en todo mi derecho en salir, no iba a decirle nada a él, al fin y al cabo, yo era una adulta y podía tomar mis propias decisiones, y él no tendría por qué reprochármelas después. Volví a arreglarme de la misma manera que lo hice anoche, sonreí al verme lo hermosa que había quedado cuando posé frente al espejo, agarré mi bolso, las llaves de mi auto y de la casa y salí. No iba a permitir que la amargura por un mal momento que pasé con James fuera a arruinarme mi fin de semana. Primero, decidí irme de compras, era momento de cambiar todo mi vestidor, había cosas que yo ya no usaba porque no me gustaban y creí que dándoselas a otra persona le harían feliz. Fui a la peluquería para hacerme un pequeño cambio de look, corté mi cabello hasta la altura de mis hombros, puesto que antes lo tenía muy largo, me llegaba hasta la altura de la cintura, compré un par de outfits que vi preciosos para salir de fin de semana e ir a la oficina, y fui a almorzar. Entré a mi restaurante italiano favorito, tenía antojo de almorzar pasta Alfredo, y allí era deliciosa. No la cambiaría por nada del mundo. Cuando fui atendida por uno de los meseros, y mientras que yo busqué el lugar ideal para sentarme a comer, en el patio del restaurante que estaba repleto de mesas con personas entretenidas en sus almuerzos y sus acompañantes, en un rincón del lugar, vi a James, no lo podía creer, ¿qué hacía él allí si se suponía que de un tiempo para acá ese restaurante ya no le gustaba y por eso no habíamos vuelto a ir juntos para cenar o almorzar allí? Lo que más me impactó fue darme cuenta de que James no iba solo, traía acompañante, era una mujer, y estaba sentada de espaldas contra mí, por lo que no pude reconocer quién era hasta que ella se puso de pie, y se dio la vuelta para irse al baño. ¡Maldición! Era Alex, mi hermana. ¿Qué hacían los dos allí? Hablando de forma tan familiar, con tal confianza que me hacía pensar que… que quizás ellos… ¡Demonios, no! Audrey, saca esos malos pensamientos de tu cabeza ahora. — Señorita Henderson, encontré la mesa perfecta para usted. ¿Quiere acompañarme, por favor? — dijo el mesero cuando volvió a acercarse a mí, haciendo que yo me distrajera por un momento de lo que en realidad estaba sucediendo. James estaba tan concentrado en su almuerzo que no se dio cuenta de mi presencia, y yo esperaba que así no fuera porque yo no quería tener que darle un espectáculo justo ahora. — ¿Podrías hacerme un favor? ¿Quisiera cambiar de lugar, quizás, podrías buscarme una mesa aquí dentro y no afuera como te había pedido antes? — pregunté al mesero, quien amablemente, asintió sin quejas ante mi petición. — Bueno, en ese caso, tengo una mesa que es perfecta para usted, es para una persona, y no hay muchas personas a su alrededor, sígame — el mesero accedió. Seguí el mesero hasta encontrarme con mi mesa, y él tenía razón, era la mesa perfecta para mí. Tenía la vista adecuada para mirar hacia la mesa donde estaban James y Alex, además de que estaba ubicada en un punto estratégico en el que ellos no se darían cuenta de mi presencia hasta que tuvieran que pasar a mi lado. — Solamente quiero ordenar una pasta Alfredo con una porción adicional de pan francés y una soda italiana de frambuesa, por favor — interrumpí al mesero antes de que terminara por pasarme la carta del menú. Él asintió, y se retiró, después de unos minutos, Alex regresó a la mesa, y cuando ella se acomodaba para sentarse de nuevo, su mano acarició la mano de mi esposo con delicadeza. Sus dedos se rozaron, y a James no pareció haberle incomodado. Sucedió todo lo contrario, pude ver cómo James sonrío coquetamente y miró a mi hermana con intensidad.
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