Aquel contacto entre ellos provocó que mi corazón brincara dentro de mí.
Pero tenía que soportarlo, no iba a armar un escándalo en un restaurante repleto de personas sin antes saber qué era lo que realmente estaba pasando entre James y Alex.
Aunque debo admitir que me ganaba la curiosidad en saber por qué ambos estaban viéndose a mis escondidas, también quería saber por qué ambos se tocaban de esa manera tan peculiar que se supone que nada más yo era la única que podría hacerlo con James.
Pronto, el mesero se acercó a mi mesa, sirvió mi plato con mi bebida, me entregó los cubiertos y la porción de pan francés que le pedí, y se retiró para dejarme comer. Aunque la pasta estaba realmente deliciosa, de todas maneras, parece ser que el apetito se me había ido.
Y no es para menos, de verdad, me causaba mucha intriga saber qué sucedía entre James y Alex, porque desde que tengo memoria, sé que cuando ambos se conocieron al momento de haber presentado a James como mi novio a mi familia, ellos se llevaron muy bien, tuvieron muy buena conexión de cuñados, más jamás me imaginé que entre ellos… después de tanto tiempo… podría haber…
¡No, eso ni pensarlo!
Terminé mi cena tan pronto vi como James pagó la cuenta y se marchó con Alex, ambos iban muy cómodamente hablando entre ellos, pasaron mi lado y no se dieron cuenta de que yo estaba allí, fue una suerte. Pagué mi cuenta rápidamente, y por fortuna, alcancé a salir en el auto para el momento justo en que ellos también iban saliendo en el auto de James.
Cuando tomaron ventaja, comencé a seguirlos, tratando de no ser evidente, y entonces, pasó lo peor, James condujo hasta nuestra casa, estacionó el auto en el garaje, yo me estacioné una cuadra más atrás en la que ellos no pudieran reconocer mi auto a simple vista, y me dispuse a observarlo todo.
James y Alex entrelazaron sus manos, y entraron juntos a la casa. Pasó una media hora más tarde, y ninguno de los dos salió más desde ese instante. Fue entonces cuando salí del auto, y con prisa, entré a casa, teniendo mucho cuidado de que ellos no pudieran escucharme llegar.
Entonces, los escuché.
Los gemidos suaves inundaron la casa completa, mi corazón seguía brincando en mi interior, parecía que quería estallar dentro como si fuera una bomba explosiva.
Subo lentamente por las escaleras, tratando de no hacer nada de ruido para no despistar al enemigo. Fue así que al entrar en la habitación, y abrir la puerta sigilosamente, veo aquella escena aparecerse ante mí, James besaba con pasión a Alex, Alex estaba semidesnuda, James ya le había quitado el vestido, no más faltaba que le quitara la ropa interior, y mientras se besaban, y con una de sus manos, James tocaba sus pechos así mismo como una vez él llegó a tocar los míos.
— ¡James! ¿Qué mierda está sucediendo aquí? — grité con rabia al saber que ninguno de ellos tenía ni el más mínimo presentimiento de que yo estaba observándolos.
Cuando grité, ambos se alejaron, Alex cubrió su cuerpo con una de mis almohadas, y James se alejó de ella rápidamente, ambos me miraban con ojos de terror, como si bien un fantasma se hubiera aparecido frente a ellos para asustarlos. Más no era un fantasma lo que ellos veían, ellos veían era a una esposa decepcionada de su esposo y su hermana por su cruel infidelidad.
— Audrey… Yo… Esto no es lo que parece — él trató de excusarse, pero las palabras no podían salir de su boca, evidentemente, él no sabía qué decir para excusarse por lo que hacía.
— ¡Cállate! ¡No es necesario que digas nada! ¡Ustedes son unos desgraciados, y esto me lo pagarás! — di la vuelta, y antes de salir de la habitación, volví a mirarlo, con mis ojos llenos de furia como nunca antes me había visto. — Lo pagarás con el divorcio, por supuesto, y te saldrá muy caro.
Entonces, salí de la casa, mis pasos eran rápidos y firmes, subí a mi auto, y aceleré para alejarme de allí lo más pronto que me fuera posible hacer. Necesitaba huir, irme a algún lugar que fuera perfecto para pensar y aclarar las cosas.
Terminé conduciendo hasta el bar más cercano que encontré en la zona, uno donde el ambiente era agradable, la música era estupenda, y la atención y la comida eran muy recomendados, inclusive hasta en las r************* por los influencers más famosos. Sin embargo, lo que más diferenciaba a este bar de los demás, era saber que en él entraban personas de mucho prestigio y estrato social muy alto.
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Estacioné mi auto en la entrada del bar, el lugar contaba con parqueadero propio y una persona encargada de ubicar los autos en el parqueadero, así que le entregué las llaves a esa persona, y entré en el restaurante.
El calor del lugar dominó mi cuerpo, y la música resonó en mis oídos, era noche de baladas románticas de los ochenta, y las personas en lugar de estar bailando en parejas, permanecían sentadas en sus mesas, bebiendo cerveza, compartiendo un buen plato de alitas picantes, y manteniendo una sana conversación entre ellos para pasar una tarde inolvidable.
Fui a sentarme en una de las sillas de la barra, justo donde podía mirar cómo los bartenders preparaban los cócteles, uno de ellos que estaba libre en ese momento, decidió acercarse a mí, y con una sonrisa cautivadora, me preguntó que quería de beber:
— Quiero que me prepares el mejor cóctel que tengas para olvidarme de mis problemas por esta noche — respondí con sinceridad.
— Auch, ¿Has pasado una mala tarde antes de llegar aquí, hermosa? — preguntó el mesero, era un chico joven, tal vez aparentaba tener como mínimo unos 30 años, se le notaba que hacía ejercicio, y sus ojos eran verdes, además de tener tatuado en su brazo un dibujo de una serpiente que te miraba con ojos amenazantes desde su hombro hasta su muñeca, lo pude ver gracias a que la camiseta que usaba de uniforme era de manga lo suficientemente corta para eso.
— Sí, la verdad sí. ¿En serio crees que soy hermosa? — pregunté, porque no me lo creía, si lo fuera, mi esposo, el único amor de mi vida, no me hubiera engañado de la manera tan vil como lo hizo.
— Así es. Eres una mujer preciosa. La más hermosa que he visto entrar al bar hoy — contestó el bartender, y mientras que sus manos buscaban con desesperación los utensilios necesarios para trabajar, él me guiñó el ojo, y no me dejaba de mirar con una mirada muy coqueta, difícil de no resistirse a ella.
Mis mejillas se ruborizaron, pero no dije nada más, ha pasado tanto tiempo desde que un hombre me dijo que yo era una mujer hermosa que no supe como debía de responder ante ese cumplido. Dejé que el chico trabajara, y en menos tiempo de lo que imaginé, mi cóctel estaba servido, le di un primer sorbo y pude percibir el delicioso olor y sabor del tequila cien por ciento agave que lo componía, luego de saborearlo, le sonreí al bartender en señal de que su cóctel cumplió con mis expectativas de esa noche.
Cuando terminé mi primer cóctel, y antes de que yo pudiera tomarme mi tiempo de pensar cuál sería el siguiente, el bartender me sorprendió entregándome un vaso de cóctel servido con otra bebida diferente a la que posteriormente me sirvió.
— Esta bebida es cortesía del hombre que está por allá sentado. Espero que la disfrutes, y por cierto, él no acepta un no por respuesta — dijo el bartender.
El bartender señaló hacia el fondo del bar, en uno de los rincones donde terminaba la barra, lo pude ver, allí estaba, sentado, mirándome con unos ojos muy cautivadores, y luciendo un porte tan elegante de los que cualquier mujer caería rendida a sus pies.