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1326 Words
  Mi pecho subía y bajaba con rapidez al tenerle tan cerca, su belleza y su aura oscura me intimidaban, pero a la vez la curiosidad por conocer que había detrás de ese misterioso hombre me inundaba. —Necesitamos hablar —dijo con voz ronca mientras sus fríos dedos acariciaban mi mejilla. —¿Hablar? —Repetí como si fuese la primera vez que escuchaba esa palabra —ahora quieres hablar cuando tu actitud de esta mañana dijo lo contrario. —Sebastian frunció el ceño. —Me disculpo por mi actitud —dijo con sinceridad. —¿Por qué lo hiciste entonces? Al aceptar que tu padre dispusiera de mí, me hizo sentir como un objeto sin valor, era como si no te importara. Sebastian me atrajo hacía él aprisionándome nuevamente, pero esta vez sobre la cama, sus dedos retiraron mi cabello y acarició con dulzura la piel de mi cuello. Cuando acercó su boca y depositó el primer beso sobre mi cuello, una corriente eléctrica sacudió mi cuerpo haciéndome estremecer. —¿Qué estás haciendo? —Pregunté alarmada.  —Mi bella dama, no debes temerme —dijo mirándome a los ojos, sus palabras eran dichas con tal cariño que el miedo que sentía se esfumó de inmediato. —Sí, admito que actúe como si no me importaras. Pero quiero que sepas que jamás dejaré que Vladimir te toque. —¿Por qué lo hiciste entonces? —Pregunté nuevamente. —Porque no quiero que él se dé cuenta de lo mucho que me estás comenzando a importar —una extraña sensación revolvió mi estómago. —¿A qué te refieres? A penas me conoces. —No necesito conocerte para sentirme cautivado por ti, mi bella dama. El Sebastian de esta mañana no se puede comparar al hombre amable que tengo frente a mí, él me estaba diciendo que le gusto, pero ¿qué finalidad tienen las palabras de Vladimir? Había algo en Sebastian que me intrigaba y mi curiosidad me pedía querer conocer el más profundo de sus secretos. —Tú también me has cautivado Sebastian —su dedo acarició con delicadeza mi labio inferior. —Está claro entonces. Sebastian acercó su boca a mi cuello, cerré los ojos con fuerza sabiendo lo que venía, pero sorprendió no sentir una mordida, sino un beso que se deslizaba sobre mi piel, una corriente eléctrica me hizo estremecer, los labios se Sebastian me producían una especie de placer. Me concentré en esa nueva sensación hasta que sentí como algo crecía en su boca y se clavó con fuerza en mi piel. Un gritó salió de mi boca debido al dolor el cual poco a poco fue desapareciendo convirtiéndose en una ola de éxtasis, Sebastian succionaba mi sangre y una vez que se apartó de mí unió su boca con la mía. El sabor a hierro se instaló en mi boca mientras él exploraba mi boca con delicadeza, era mi primer beso; sin embargo, eso no me impidió corresponderle con la misma intensidad. Cuando nos separamos sus hermosos ojos se clavaron en los míos. —Desde ahora mi bella dama serás mía para la eternidad —eso fue lo último que escuché antes de sumergirme en la oscuridad de la inconsciencia. [...] Inhalé con fuerza la dulce fragancia que perfumaba el aire, era tan varonil y exquisita que no evité inhalarla una vez más, mis ojos se abrieron en un par de pestañeos hasta que pude enfocar en donde me encontraba y recordar con exactitud lo que había sucedido la noche anterior. Me incorporé lentamente separándome de la suave almohada que acariciaba mi mejilla, mi cuerpo era cubierto por una delicada sábana de seda. Acaricié con las yemas de mis dedos la delicada tela, hace tanto tiempo que no dormía en una cama y mucho menos con tan fina tela cubriéndome. Enfoqué mi mirada en cada rincón de la habitación buscando a aquél caballero que visitó mi alcoba, lo divisé sentado del gran ventanal que dejaba entrar los finos rayos matutinos, se veía tan concentrado en el libro que reposaba en sus manos que no me atrevía a interrumpirlo. —Veo que has despertado —dijo sin despegar su mirada del libro. —¿Dormiste bien? Esta vez sus ojos se enfocaron en mí, no puede evitar cubrirme con las sábanas al recordar que solo vestía un ligero camisón de seda blanca, un momento, no recuerdo haberme cambiado anoche —no tienes de que preocuparte, las mucamas se encargaron de cambiarte de ropa —dijo de repente como si hubiera leído mis pensamientos, él dejó su libro sobre la mesita y se acercó a mí —no tienes porqué sentirte incómoda —dijo acariciando mi mejilla —anoche solo bebí de tu sangre y a pesar de que deseo conocer que hay debajo de ese camisón, ante todo soy un caballero. —Me alivia saberlo. Decidí levantarme de la cama, pero en cuanto mis pies desnudos tocaron el suelo un mareo provocó que perdiera el equilibrio; sin embargo, nunca llegué a tocar el suelo. Sebastian estaba a mi lado sosteniéndome con firmeza. —¿Siempre será así? —pregunté haciendo referencia a la mordida. —La mayoría de las veces —debo admitir que no me esperaba su sinceridad y tal parece que él lo notó porque inmediatamente me dejó sobre la cama para colocarse frente a mí en cuclillas. —No voy a mentirte, eres mi doncella y mereces la verdad, además aunque no quieras yo sabré todo de ti, tus miedos, deseos y pensamientos los sabré yo, después de todo llevas mi marca —él recorrió mi cabello dejando a la vista mi cuello, por reflejo llevé mi mano a aquella zona en donde sobresalían dos pequeños orificios —pero sobre todo debes saber que poseo ciertas habilidades que me permitirán manejar la situación de manera diferente. Esa marca que adornaba mi cuello me decía que no tenía salida, mi privacidad había pasado a la historia ahora que Sebastian sabría todo de mí. —Debes estar hambrienta —Sebastian tomó mi mano sacándome de mis pensamientos. Me llevó a la mesita en la que estaba leyendo hace un instante, él tomó una pequeña campanita y la hizo sonar un par de veces e inmediatamente dos mucamas entraron —ellas son Anna y Greta —las presentó. —Serán tus mucamas y tus damas de compañía. —Es un placer conocerla mi lady —ambas hicieron una reverencia para después servir el desayuno. Pan, huevos, frutas y té confirmaban el desayuno, todo estaba servido en una fina vajilla y en gran cantidad, como si fuera a alimentar a todo un ejército. Miré cada alimento, pero no me atreví a tocar nada  —Debes alimentarte —invitó Sebastian —ya que beberé de tu sangre debes estar sana o de lo contrario morirás de anemia. Tomé un poco de fruta y llevé el primer pedazo a mi boca mientras que Sebastian imitaba mi acción, pero llevando una taza de té a sus labios. —Creí que los vampiros solo bebían sangre —me atreví a decir. —Eso solo demuestra lo poco que sabes de nosotros —respondió para después seguir bebiendo de su humeante taza. —Dices que conocerás todo acerca de mí; sin embargo, yo también tengo algunas preguntas —mis palabras provocaron una risita de su parte. —Nosotros no solemos alimentarnos de comida humana dado a que para nosotros es como tener cenizas en la boca, pero puedo hacer algunas excepciones. El té, por ejemplo.—Asentí como respuesta —eres muy curiosa Violet —él dejó la taza sobre la mesita para mirarme con atención —sin embargo, eso hace que me gustes más. —No puede evitar apartar la mirada avergonzada —voy a saciar esa curiosidad. Había un mundo oculto detrás de las paredes de este lugar y Sebastian era uno de ellos, ahora todo aquello que conocía estaba a punto de cambiar.
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