Había pagado la renta completa de un año en mi apartamento, así que me pareció sensato huir y esconderme ahí. Nadie conocía esta dirección, ni Mirka, ni Alexandro ni ninguno de sus guardaespaldas, estaba a salvo. Me cambié de ropa por una más cómoda y me senté en mi portátil a mirar si la editorial a la que había escrito me había respondido. Hace 8 meses me había inscrito en un taller de escritura creativa en línea y mi profesor me había convencido de que mi manuscrito valía la pena y debía presentarla en alguna editorial. Tardé tres meses en hacerle caso y envié varias copias a las editoriales que él me sugirió, tres me habían rechazado y solo dos mostraron interés. La editorial que más me interesaba me había respondido hacia media y hora y querían una entrevista en persona conmigo, la s

