No podía dormir. Apreté más la manta sobre mis hombros y giré mi cuerpo al lado contrario donde estaba el cuerpo pecaminoso y jodidamente caliente de mi esposo. De alguna manera, no pude llevarle la contraria acerca de dormir conmigo. Después de decirme que desde el momento en que me vio supo que era alguien importante para él, todas mis defensas—Y casi mis bragas—se fueron al piso. No podía descifrar su comportamiento, me tenía completamente desconcertada, nunca había conocido al verdadero Alexandro así que no podía juzgar qué tanto de su personalidad me estaba mostrando o si, por el contrario, se trataba de alguna especie de trampa para vigilarme. El Alexandro que conocí era demasiado desconfiado, y eso era un defecto que no desaparecía fácilmente. Necesitaba hablar con Mirka para deci

