"Se lo debes"

1759 Words
El reflejó de mi cara en el espejo de mi tocador me devolvió la vista confundida. —¿Él dijo mi nombre? —Repetí desconcertada. Era algo imposible, Alexander Tarasov difícilmente decía mi nombre y si lo hacía, siempre parecía tener un palo en el trasero al pronunciarlo. —¿De qué manera? —Cuando Mirka no me respondió, añadí—Ah, ya entiendo. Está bajo los efectos de la morfina y está maldiciendo mi nombre ¿No es así? —No es de esa manera... —Ya sé, ya sé—Lo volví a interrumpir entre divertida y nerviosa— ¿Se acordó que sigue casado conmigo y me maldijo en ruso? —Tampoco es de esa manera —¡¿Entonces de qué manera es?! —Pregunté a punto de perder los nervios. Todo rastro de despreocupación en mi voz se borró enseguida. —Creo que deberías venir, acá te explicó todo. Colgué sin esperar que Mirka dijera nada más, estaba demasiado nerviosa, no quería verlo, no quería escucharlo. Se suponía que a estas alturas ya teníamos que estar divorciados y ninguno tenía que estar en la vida del otro, ese era el trato. Ya había pagado el error que había cometido ¿Qué más quería? Observé mi reflejo en el espejo y bufé divertida, tenía unas horribles ojeras, mi cutis estaba opaco, mi cabello todavía estaba mojado por la ducha y mis ojos lucían cansados. Definitivamente este no era el aspecto que debía tener la señora Olivia Tarasova. La señora Olivia Tarasova siempre iba impecable, sonreía con gracia y era amable en sus modales. Al menos así era como me presentaba en las galas benéficas a las que tenía que asistir con Alexander, en total fueron 5 y cada una de ellas fue peor que la anterior. Una noche entera teniendo que fingir simpatía hacia un montón de personas que no conocía, una noche entera teniendo que soportar a mujeres que fingía acercarse a mí cuando lo único que querían era coquetear con Alexander a mis espaldas, una noche entera teniendo que actuar como la esposa trofeo de un hombre que te despreciaba. Toda una noche entera teniendo que lucir perfecta. Sonreí hacia mi reflejo, pues ya no más. Cambié mi vestido verde por un par de pantalones ajustados, tomé con jersey rojo con un gran escote en la espalda y sequé mi cabello dándole forme de algunas ondas, Alexander odiaba los cabellos con aspecto desordenado y siempre tenía que lucir mi cabello lacio con un corte recto. Sonreí imaginando su expresión al verme, de seguro iba a odiar mi cabello, puse la cereza al pastel cuando pinté mis labios de un rojo granate que hacía lucir mis dientes más blancos y acentuaban mi tono de piel. Oh definitivamente iba a odiar este atuendo. Llegué al hospital una hora más tarde de lo previsto, para mi desgracia la sala de urgencias estaba llena de periodista y fue difícil pasar desapercibida. —Señora Tarasova, señora Tarasova ¿Cómo se encuentra el señor Alexander? —¿Cuál es el pronóstico? —¿Es cierto que iba ebrio? —¿señora Tarasova de dónde viene? Caminé lo más rápido posible mientras millones de cámaras y micrófonos apuntaban a mi cara, pude entrar gracias a que los guardias del hospital los retuvieron en la entrada. A diferencia de esta madrugada, la sala de espera estaba llena de hombres, reconocí algunos guardaespaldas de Alexander y uno que otro socio de su compañía, y aunque los paparazzi habían quedado afuera, sentía que todos los ojos en aquella habitación estaban puestos sobre mí. De nuevo. Ingrese al pabellón VIP donde Mirka me dijo que había traslado a Alexander, según sabia habían alquilado la sala de descanso y todo el pabellón para evitar que se filtrara algo a la prensa. Una hermosa recepcionista de cabello rubio me dio la bienvenida y sorprendentemente no se mostró escéptica cuando le dije que era la esposa de Alexander, sin embargo, me dijo que aún no podía verlo porque el doctor quería hablar conmigo antes. —¿El doctor? —Sí, siga por ese pasillo y doble a la derecha, el doctor la está esperando en el consultorio —Indicó. Asentí confundida. Caminé hasta llegar al consultorio y toqué la puerta, para mi sorpresa Mirka estaba ahí. —Pasa—Me dijo. —¿sucede algo? —Pregunté mirándolo a los ojos, pero no me respondió. —Siéntese señora Tarasova—me dijo el doctor. Yo hice lo que me indicó y Mirka se situó a mi espalda. El ambiente se sentía pesado, había pasado algo, lo deduje por la manera en la que ambos estaban actuando. Dios santo, ¿Alexander se había complicado? ¿Habían descubierto algo en los exámenes? ¿Era cáncer? —Bien señora Tarasova, me temo que no le tengo buenas noticias —Empezó. Mis manos empezaron a sudar y apreté las correas del bolso de mano que traía—. Cuando el señor Tarasova despertó, lo hizo algo confundido. Las radiografías mostraron una pequeña alteración. Hicimos más estudios y se encontró que hay una lesión cerebral debido al golpe que recibió en la cabeza que, desafortunadamente, ha derivado en lo que creemos es una amnesia temporal retrograda. Mi mente se puso en blanco, de repente, las palabras como, alteración, lesión cerebral y amnesia temporal empezaron taladrar en mi cabeza, pero no alcanzaba a procesarlas, no alcanzaba a procesar nada en realidad. ¿Alexander había perdido la memoria? —¿Qué me está tratando de decir, doctor? —Balbuceé cuando pude poner mis pensamientos en orden. —Me temo que su esposo tiene una pérdida de memoria temporal, lo siento. Haremos todo lo posible por ayudarlo a mejorar señora Tarasova. —¿Con lo de temporal se refiere que su memoria aún puede volver? —Preguntó Mirka. —Dado que el señor Tarasov recuerda, su nombre, a que se dedica y cuando nació, creemos que es solo temporal—Explicó el doctor— pero no hay seguridad con respecto a que pueda recuperar su memoria por completo. El cerebro humano es complejo. Sentí la tensión en mi estomago ponerse peor ¿Todo aquello estaba realmente pasando? —¿Qué es lo que no recuerda? —Pregunté El doctor me miró y su expresión era cautelosa, parecía alguien amable, debía rodar en los 50 años porque su barba era bastante canosa, tenía su bata blanca con su apellido en el bolsillo derecho. —Le hicimos varias pruebas y, para ser más específico, no recuerda nada de los últimos tres años de su vida. —El médico me dio una mirada de lástima—No recuerda estar casado. Mi boca se abrió, pero no salió ni una sola palabra, de repente no sabía que tenía que decir, ni que pensar, no sabía cómo actuar en este caso. Si la naturaleza de nuestra relación fuera otra podía sentirme triste e incluso devastada. Es decir, imagina que el amor de tu vida de pronto no te recuerde, debía ser horrible, pero este no era el caso, ni Alexander ni yo nos casamos por amor, solo eran negocios, negocios que se suponían debían terminar hacia cuadro días. Estaba tan ensimismada en mis pensamientos que no me percaté que el doctor había salido y había quedado sola con Mirka. —Esto es una mierda—dijo Yo estuve de acuerdo asintiendo con la cabeza, de repente recordé la razón de porqué había venido al hospital —Dijiste que él dijo mi nombre—señalé mientras me levantaba de la silla y lo miraba fijamente—¿Cómo puede recordar mi nombre si no sabe que está casado conmigo? —Cuando me dijeron que había despertado fui a verlo, estaba algo desorientado, pero me reconoció, le empecé a explicar que había tenido un accidente y por eso estaba en el hospital. No dijo nada más y su actitud no me pareció extraña, estaba como de costumbre—Explicó— Sin embargo, cuando comenzó a preguntarme cosas que habían sucedido hacía ya bastante tiempo me empecé a preocupar, sobre todo cuando me preguntó si conocía alguien que se llamaba Olivia. Avisé a los doctores y ellos hicieron más pruebas. ¿Cómo es que podía recordar mi nombre de entre todas las cosas? ¿Alexander y yo nos habíamos conocido antes? O era su odio hacia mí tan fuerte que había traspasado la barrera de sus recuerdos. Cerré los ojos de pronto cansada ¿Qué diablos iba hacer ahora? ¿Me podía divorciar de un amnésico? —Nadie puede saber que Alexander perdió la memoria. —señaló Mirka con seriedad, yo lo miré con confusión y él accedió a explicarme—Hace una semana cotizamos en la bolsa, si se llega a saber que Alexander perdió la memoria nuestras acciones se desplomaran. —Vale—accedí, no quería causarle ningún problema a la empresa, pero no pude evitar preguntar sobre mi futuro—¿Qué haremos con el divorcio? Mirka soltó una risa seca y me miró con incredibilidad—¿¡De verdad estás pensando en el jodido divorcio ahora mismo Olivia!? Yo desvié la mirada y le di la espalda, necesitaba el divorcio porque la culpa de lo que hice me pesaba como una loza. —Le prometí a Alexandro que nos divorciaríamos al cabo de 2 años no voy a romper mi promesa. —¡Al diablo con tus estúpidas promesas!—Replicó molesto— Lo mejor que puedes hacer ahora mismo es seguir haciendo tu papel de la señora Tarasova, al menos hasta que Alexandro recupere la memoria y pueda deshacerte de ti. Fingí que ese último comentario no me había dolió, pero había escocido. Ingenuamente había pensado que, luego de casi dos años viéndonos prácticamente todos los días habíamos llegado a ser amigos, obviamente me había equivocado. Sin embargo, traté de darle más argumentos y explicarle mis razones, pero sus siguientes palabras me dejaron completamente desarmada: —Se lo debes Olivia. Un horrible nudo se formó en mi garganta. No quería llorar, no debía llorar, pero era verdad, se lo debía. Sin embargo, me tragué las lágrimas, y traté de apelar a su razonamiento. —¿Qué te hace pensar que Alexandro aceptara muy fácilmente que está casado? —Pregunté mirándolo directamente a los ojos— ¿Cómo le vamos a explicar que está casada con una don nadie como yo? Alexandro no es tonto empezará hacer preguntas. —Dile la verdad—Respondió con una sonrisa cínica— Dile que lo chantajeaste para que se casara contigo.
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