18

611 Words
**Capítulo 18: Notas de Prosperidad** Después de la boda de Alexander y yo, Gabriela, el sol brillaba sobre la ciudad, y en nuestra terraza disfrutábamos de un desayuno tranquilo. La felicidad de ser marido y mujer nos envolvía mientras tomábamos café y contemplábamos la ciudad. Naturalmente, empezamos a charlar sobre el futuro. "Alexander, desde aquella fiesta cheta hasta ser marido y mujer, hemos dado un salto gigante. Estoy re emocionada por todo lo que nos espera", dije con una sonrisa que no se me borraba. Él asintió, mirándome con admiración. "Sí, mi amor, el futuro está lleno de posibilidades. Pero, ¿alguna vez te pusiste a pensar hacia dónde queremos llevar nuestro programa musical y toda esta movida que armamos?" Me tomé un momentito para pensar. "Creo que con el programa hicimos algo re copado, pero siempre hay margen para más, ¿no? Podríamos meterle onda con colaboraciones con otras organizaciones musicales o llevar todo esto a nivel internacional, o sea, tirarla afuera." Alexander se prendió a la idea. "Me copa, Gabriela. Y también podríamos expandir nuestra movida comunitaria, meternos más en proyectos educativos o dar becas a pibes talentosos." La charla sobre el futuro siguió por horas, llena de sueños y metas compartidas. Juntos, armamos un plan para la vida, tratando de equilibrar nuestro compromiso con el programa musical, nuestra relación, y nuestras ambiciones personales. Días después, pusimos manos a la obra con algunas de nuestras ideas. Empezamos a chusmear colaboraciones con organizaciones musicales grosas, llevando nuestro programa a lugares más lejanos. La música que empezamos a tocar en un café de jazz clandestino ahora sonaba en escenarios más grandes, llegando a más gente. Al mismo tiempo, nos embarcamos en movidas comunitarias más copadas. Armamos un fondo de becas para pibes talentosos en la música, dándoles la chance de estudiar. Nuestro compromiso con la ciudad que nos vio bancar tantos desafíos creció, y la movida que armamos empezó a hacer más ruido. En una noche estrellada, mientras caminábamos por el Parque Central, Alexander me frenó y me miró con ternura. "Gabriela, hicimos mucho juntos. Pero, más allá de lo profesional, lo que más banco es el amor que compartimos. ¿Y si le damos para adelante con la idea de formar una familia?" Mis ojos se iluminaron. "Alexander, siempre soñé con tener una familia con vos. ¿En serio lo estás considerando?" Él asintió con una sonrisa. "Sí, Gabriela. Creo que ser padres sería la próxima gran aventura en nuestro viaje. Imaginate compartir nuestra música, alegría y amor con nuestros propios hijos." Esa noche charlamos de las ideas para la familia que teníamos. Hablamos de la educación que queríamos darles, de la importancia de la música en la vida de nuestros hijos, y de cómo seguir manteniendo un hogar lleno de amor. Los meses siguientes fueron un torbellino de cosas. Expandimos el programa musical, nuestras movidas comunitarias y, la mejor noticia de todas, que íbamos a ser padres. Preparamos la habitación del bebé en casa, llenándola de amor y ansias. El día que nació nuestro hijo fue un capítulo de alegría indescriptible en nuestra historia. Mientras lo teníamos en brazos, Alexander y yo nos miramos, sabiendo que este nuevo capítulo sería la melodía más hermosa de todas. Así, rodeados de notas de prosperidad, amor y compromiso, nuestra familia continuó escribiendo su historia en la ciudad que había sido testigo de nuestro viaje extraordinario. Con cada día, cada risa y cada canción compartida, nuestra vida se convirtió en una sinfonía en constante crecimiento, llena de amor y promesas para las generaciones futuras. Y mientras miramos hacia el horizonte, sabemos que el futuro aún guarda muchas más sorpresas y melodías por descubrir.
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