La sala de ensayos se llenó con la sinfonía de nuestros instrumentos mientras flasheábamos con nuevas ideas. La colaboración fluyó con armonía, cada uno aportando su perspectiva única a la composición. Las risas de vez en cuando y los gestos de aprobación mostraban la complicidad que compartíamos a través de la música. — Estamos armando algo hermoso. —Valeria, tocando su guitarra con pasión, largó la posta—. Cada nota cuenta una parte de nuestra historia. Sophia asintió. — Y lo mejor es que esta historia no tiene un final predeterminado. Podemos seguir explorando, creciendo y compartiendo nuestra música. Después de un rato tocando, la familia decidió tomarse un break corto. Volvimos al jardín, donde la brisa suave acompañaba nuestra paz mientras disfrutábamos del mediodía. — Este lugar

