Ella se retiró de ahí con prisa, no quería ver el rostro de esas personas, en un descuido salió de ahí, sabe las intenciones de ese pervertido. Todos eran peor que los cerdos, medito en ese instante, son unos irracionales por creerse los reyes del mundo, solamente por tener dinero y poder. Está por empezar a correr e irse lejos cuando. —¡Claudine! —gritó una voz lastimera, acuclillándose— Dios mío, ¿a dónde vas? Ella soltó un lamento y vio a la cara a Anita Grant, la hermosa hermana del idiota que la había herido más que nadie. Se detuvo con dignidad y la miró con desdén. Sabe que también es culpable por ocultar ese compromiso con los Petit. —Nos vemos, señorita Grant, no estoy en facultades de ser cortes con nadie —la voz helada de ella tomó por sorpresa a Anita. —Clau, por favor… —¡

