…¡Levántate y corre, carajo!... Es lo único que retumba en mi cabeza con cada paso que doy. El aire me quema los pulmones, pero no me detengo. Corro. Corro con cada gramo de fuerza que tengo en mi sistema, mientras las balas silban cerca, arrancando hojas, mordiendo la tierra. El estruendo de los disparos retumba en mis oídos, mezclándose con el latido frenético de mi corazón. No quiero detenerme. No quiero dejarlo, pero obedezco. Tengo que hacerlo, así mi alma se parta en dos después de esto. Cinco malditos hombres armados están detrás en medio de una batalla de fuego cruzado que no logro ver porque no volteo, pero que sé que se está librando con cada metro que logro alejarme. Oigo sus órdenes, las maldiciones que se gritan entre ellos. Me quieren muerta, de eso no hay duda. Quizás a

