«¿Besarme? ¿De verdad ella quiere hacer eso?». No soy de los que huyen ante el deseo de una mujer. Sé oír sus negativas, sé dar un paso atrás y despacharlas cuando no desean ir más allá. Y me jode, me jode hacerlo, no lo niego, porque las ganas son más grandes, porque el deseo de saciar una necesidad me puede y me cuesta luchar contra esa misma necesidad neandertal de tocar, sentir, experimentar y gozar de los placeres que han reinado en la humanidad desde su existencia. Porque me obstina quedarme a medias y aun con eso y todo, acepto la negativa y las despacho fuera de mi vista. Yo siempre he aceptado un no como respuesta, pero jamás he sido de los que se niegan. Y me siento extraño, confundido y receloso, en medio de este silencio que se ha plantado en medio de los dos. No dejo de mi

