La miro fijamente a los ojos sin poder creer la propiedad con que me ordena. Podría sentirme ofendido o hasta a la defensiva, pero lo cierto es que me encanta la amenaza detrás del permiso que considera que me está dando. Y aunque la besé, aunque la hice tener un orgasmo, sigo dudando de ella. Yo sigo dudando de Rebecca. —Necesitas dormir. —Aunque no lo parezca, es una orden también—. Necesitas descansar y no sé qué tiempo, me tomará ir con Dimitri y venir. —No me importa. —Las pupilas de sus ojos están dilatadas. Ver sus ojos ir de los míos a mis labios no me ayuda en nada—. Cuando termines, vuelves aquí, Vladimir. «¿Podré imponerme yo más adelante? Por supuesto que lo haré». Los toques se repiten y juro que si no fuese mi hermano que está insistiendo detrás de la maldita puerta, lo

