Siempre me ha parecido irónica la vida. Sobre todo, cuando, antes de un hecho que marca tu vida, todo parece tranquilo y normal. La mañana que mis padres murieron, fue como cualquier otra. Estuve enojada mucho tiempo con la vida por no me dio una señal, nada que me hiciera prevenir lo que pasaría, ni una maldita alerta. Estaba de camino a la escuela, con Helena, mi abuela nos estaba llevando, siempre lo hacían nuestros padres, pero ese día tenían una importante reunión con el doctor, estaban buscando un tercer hijo, un niño, así que mamá quería saber porqué no podía quedarse embarazada después de nosotras. Mi abuela se ofreció a llevarnos, desde entonces el amor que nos profesaba era de otro mundo, nos adoraba con el alma y siempre estaba allí para cuando lo necesitábamos. Viéndo

