Arcadia. La jodida rubia vestida como prostituta barata se quedó mirándome, seguramente sopesando si valía la pena quedarse a pelear por un hombre que evidentemente no estaba interesado en ella. Tuvo que haber captado aquello, porque suspiró con pesadez, como si no hubiese sido corrida ya. No iba a ganar esta batalla, de eso estaba segura. —Al diablo —dijo, antes de largarse de allí, dejándonos solos. Cuando se fue, nos miramos. Emmett Alzó su trago y me señaló. Lucía hermoso y muy, muy borracho. Su corbata estaba aflojada, pero no se la había quitado, aun cuando tenía los dos primeros botones de la camisa sueltos. El saco lo había tirado en la silla de al lado, y a pesar de que el bar estaba repleto, nadie se había atrevido a sentarse allí, como si aun borracho, intimida

