Unas horas después, desperté de nuevo al lado de Emmett. Antes de que se despertara, me moví suavemente saliendo de la cama y me fui del apartamento. Esta vez, fui yo la que se fue, dejándolo en la cama para que pudiera volverse loco con sus propios pensamientos. Como aquella vez, después de nuestra primera vez, donde me dejó hecha un lio por lo que acabábamos de hacer. Cuando llegué a casa, Helena ya estaba preparada para irse. Me frunció el ceño, mirándome de arriba abajo, dándose cuenta de que seguía con la misma ropa con que me fui ayer. Tampoco había llegado por la noche, lo que tuvo que haberla molestado un poco. —¿La cita con Axel fue tan bien? —preguntó. —No estaba con él. Sus cejas se alzaron. —¿Emmett? Asentí y suspiró. —Que Dios te ayude para lo que se te viene

