El lunes por la mañana, entré en las instalaciones de Miler’s, una de las empresas más grandes y exitosas del mundo. Ubicado en el centro de Nueva York, mantenía un aire elegante, sofisticado y muy moderno, a pesar de ser una compañía antigua. Investigué un poco sobre su historia esta mañana mientras me bebía un café y terminaba de despertarme, en realidad, estaba un poco acostumbrada al horario nocturno, me gustaba más estar despierta de noche y me aburría levantarme temprano, pero era lo que venía con mi nuevo cambio de vida.
En fin, descubrí dos cosas acerca de la empresa de la familia de mi novio, número uno: llevaban más de cuarenta años en el mercado, comenzaron siendo solo un supermercado y avanzaron hasta llegar a lo que era ahora, una multinacional. Con sedes en Europa y Latinoamérica, se podía decir que habían alcanzado el éxito a punta de esfuerzo y dedicación. Y me excitaba tanto saber que sería parte de ellos, apenas siendo una recién llegada.
Fui directamente hacia recursos humanos, como el señor Arnold me había indicado esta mañana, cuando hablé con él por teléfono. Después de una charla introductoria, me hicieron firmar mi contrato por un lapso de treinta días a modo de prueba, me dieron mi pase y segundos después, me indicaron qué piso tomar para llegar al piso de marketing comercial, donde me encontraría con mi nueva jefa.
Estaba nerviosa, a pesar de que Brady me aseguró que todo me saldría perfecto, sabía que tenía que esforzarme el doble por demostrar que era digna del puesto. Inclusive me había puesto mi mejor vestido, uno rojo vino por encima de las rodillas, ajustado al cuerpo, pero elegante y sencillo, lo suficiente para no verme demasiado arreglada, aunque tampoco casual. Dejé mi cabello castaño claro suelto y liso, sin demasiadas ganas de arreglarlo y en cambio, opté por un maquillaje un poco más trabajado.
Mi hermana decía que me veía fabulosa.
Cuando llegué a las oficinas de marketing, fui directamente hacia la oficina de mi jefa, Judith Patterson. También investigué un poco sobre ella, una mujer de cuarenta y mucho, muy atractiva, la mejor del área, super inteligente y exitosa. Quería tener su prestigio cuando tuviera su edad. Era difícil avanzar en una carrera de hombres, sobre todo en una ciudad tan intimidante como Nueva York.
Toqué la puerta dos veces, todos parecían estar ocupados, a pesar de que apenas y eran las ocho de la mañana, así que nadie se percató de mi presencia. Una voz femenina, pero segura y melodiosa me permitió el pase.
Detrás del escritorio, me encontré con mi nueva jefa. Era hermosa, los años podían notarse en su rostro, pero eso no la hacía lucir menos bien. El cabello rubio fresa, cayendo en rizos suaves alrededor de su rostro, tenía un moño desordenado que iba a caerse en cualquier momento. Unos lentes de montura sujetados contra estos, como una profesora sexy.
—Soy Arcadia, mucho gusto —dije, con una pequeña sonrisa amable.
Ella no me la devolvió.
—Siéntate —ordenó, sin molestarse en saludar. Sin embargo, lo hice de inmediato, porque no podía hacer otra cosa. — Primero que todo, quiero dejar claro que no me gusta nada esto, ni un poquito. Hubiese preferido elegir yo misma a mi asistente, una niña mucho más calificada y con al menos un poco de experiencia. Y, sobre todo, una que se hubiese ganado el derecho de estar aquí.
Mi cara palideció, esto no me lo esperaba. Abrí la boca para responder, pero no me dejó, siguió hablando.
—No me mal intérpretes, no te conozco y no tengo nada en contra de ti, pero soy muy sincera. Solo estás aquí porque eres la novia del nieto del dueño, pero eso no significa que vas a estar todo el día vagueando. El trabajo aquí es pesado, necesito una chica inteligente, eficiente, rápida y responsable, ¿puedes ser eso? Si la respuesta es no, entonces puedes pedirle al señor Arnold que te ubique en otra área.
Mis labios se torcieron cuando terminó por fin de hablar, estaba francamente enojada con esta mujer, sin embargo, también admiraba el hecho de que no se estaba callando nada. Era sincera, directa y sin pelos en la lengua, y como ella misma acaba de decir, le importaba muy poco que fuera la novia del nieto del dueño.
Me enderecé en la silla, dejando atrás todo el nerviosismo. Me daba cuenta de que esta mujer era como un halcón y si mostraba debilidad, entonces me comería viva. No quería eso, necesitaba demostrar que valía la pena, que no solo era una niña con buenas influencias, que merecía este puesto y no por cogerme a la persona indicada. Así que hablé, tratando de demostrar una valentía que no sentía.
—Señora Patterson, crecí en uno de los barrios más pobres de la ciudad, mis padres murieron en un accidente cuando apenas tenía cinco años, dejándonos al cuidado de mío y mi hermana menor a nuestra abuela, que tuvo que trabajar el doble en una edad avanzada para sacarnos adelante. Desde pequeña, la ayudé, al mismo tiempo que me graduaba en el cuadro de honor de mi instituto, entré a la universidad y comencé a trabajar al menos diez horas por las noches, buscando la manera de estudiar en los días. Aun así, me gradué entre los mejores de toda la universidad. Puede pensar que por estar follando con el nieto del dueño estoy aquí, pero no pongo tanto esfuerzo en una follada. Es mi futuro, mi sueño y créanme que me convertiré en lo que se para lograrlo. ¿Me pregunta si puedo convertirme en esa chica? Ya lo soy, lo he sido siempre.
El silencio hizo eco cuando terminé de hablar. Parpadeó, mirándome fijamente. Había un brillo diferente en sus ojos, entonces, poco a poco una sonrisa fue desarrollándose en sus labios.
—Muy bien, que bueno saber que nos estamos entendiendo.
Después de eso, me indicó mi pequeña oficina a un lado de la suya. Era mucho más pequeña, no tenía una impresionante vista, pero era bastante decente. Me dio un breve resumen de mis actividades, que iban desde manejar su agenda, de trabajo y privada, hasta acompañarla a las reuniones más importantes de la empresa para tomar notas.
Justamente en ese momento, me indicó que teníamos que asistir a una en el último piso, donde Emmet estaba. Sentí un hormigueo en mi estomago al pensar en volver a verlo, a sentir sus ojos sobre mí. Después de haberlo visto esa noche en el bar, follando con sus dedos a otra mujer mientras no despegaba sus ojos de mí, lo he soñado todas las noches. No lo estaba haciendo a propósito, pero tampoco podía evitarlo. Ese hombre me encendía como nadie.
—Sígueme, y guarda silencio —pidió mi jefa, mientras la seguía a través del piso. Una mujer menuda se le acercó, pero ella la detuve con un gesto de la mano, silenciándola. Cuando llegamos al ascensor, presionó el botón y las puertas se abrieron de inmediato. – Toma nota de todo, y si te pido que salgas corriendo a buscar algo, lo haces sin rechistar. Mayormente las reuniones se extienden por horas, así que espero que hayas desayunado hoy.
Lo había hecho, gracias al cielo. Las puertas se cerraron y me permití recobrar el sentido. No podía sentirme tan emocionada de ver a mi jodido cuñado, aparte de ser mi jefe y calentarme como el infierno, estaba prohibido para mí. De hecho, todos los hombres los estaban, cuando comencé con Brady, me prometí dejar mis viejos hábitos por completo y concentrarme solo en él, entregando mi corazón y mi cuerpo.
Pero Brody no hacía que me excitara solo con una mirada.
Cuando llegamos al piso, me di cuenta de que todo era mucho más lujoso y elegante, precioso. Guardé mi asombro y seguí a mi jefa, que camina con paso decidido y seguro hacia la sala de reuniones. Apenas entramos, encontramos a un puñado de hombres, al parecer, éramos las únicas dos mujeres. Un viejo regordete y calvo estaba comentándole algo a Emmet, mientras este leía una carpeta, de perfil ante mí, frunciendo el ceño. Lo que sea que estuviera leyendo, no parecía ser bueno.
Apenas notó que habíamos entrado, sus ojos me encontraron. De nuevo, sentí como mi pecho se quedaba sin aire, tuve que enterrarme las uñas en las palmas de la mano para evitar un jadeo. ¡Buen Dios! ¿Pero qué me pasaba con este hombre? Sus ojos, verdes y brillantes, me hipnotizaban, eran hermosos y llenos de misterio.
El hombre a su lado pasó a segundo plano, porque nunca nadie me dio una mirada tan caliente. Aparté la mía y carraspeé, un poco asustada de que alguien más se fiera cuenta de que nos estábamos mirando así, como si quisiéramos arrancarnos la ropa.
—Qué bueno que hayas vuelto Emmet —dijo Judith, amable y fresca, para nada como hace un momento. — Por un momento pensé que te quedarías en Italia y te olvidarías de la empresa. ¡Ni Dios lo quiera! Arnold está a punto de retirarse y hubiese sido catastrófico que la dejara en manos de Bra…
Se detuvo, como si se diera cuenta de pronto que estaba allí. Ambos me echaron una mirada, pero fingí estar muy concentrada admirando los títulos detrás del asiento de mi nueva jefa, ignorándolos. Algo me decía que no estaba siendo una perra sin quererlo, más bien parecía a propósito.
—En fin, espero que hagamos un buen trabajo este año —puntualizó por fin.
—Veo que te estás llevando bien con Arcadia —dijo, ignorando sus comentarios anteriores. De nuevo un escalofrío recorrió mi cuerpo al escucharlo decir mi nombre, saboreándolo. Su voz era preciosa, melodiosa y varonil.
Lo miré, porque, aunque no quería, hubiese sido de muy mala educación no hacerlo. Después de todo, era mi cuñado y mi nuevo jefe. Su belleza me impactó de nuevo, haciéndome casi salivar. Estaba vistiendo un traje azul oscuro, que se aferraba a su cuerpo bien formado, con una corbata durazno que le quedaba preciosa. Su cabello bien peinado y un rostro hecho por los Dioses, parecía que acabase de salir de una revista GQ.
—No seré suave con ella solo por tener privilegios —murmuró mi jefa, me estaba irritando que hablaran de mí como si no estuviera presente. — Aunque algo me dice que Arcadia me sorprenderá, espero que no me defraude.
Los ojos de Emmet quemaron en mi piel, traspasándome y llegando al corazón.
—Espero que a mí tampoco —murmuró, sin dejar de mirarme. Una punzada de excitación me recorrió desde el vientre hasta mi centro, porque estaba segura de que no hablaba de sobre el trabajo. En un parpadeó, se recompuso. — Siéntense, tenemos un día largo.
Ambas lo hicimos, tomamos asiento juntas, en el lado más alejado de Emmet, que se sentaba en la cabecera. Poco a poco, me di cuenta de que todos los demás presentes eran los directores de cada área de la empresa, contaduría, RRHH, producción, marketing, y sus propios asistentes, todos miraban a Emmet con orgullo y admiración, a pesar de que era mucho menor que todos ellos.
Dejé que me envolviera mientras nos daba la bienvenida, mientras se reía, mientras le pedía a su asistente que trajera agua y café para todos. Cada mínimo detalle no pasó desapercibido para mí, era increíble lo que un hombre podía hacer con tal belleza y magnetismo.
En un momento, se levantó y comenzó a pesarse por la sala, mientras hablaba.
—Mi intención al volver a Estados Unidos es únicamente la de volver a la empresa la mejor del país —comentó, hablando con fluidez. — Estudié para eso, me forcé durante años para conseguirlo, así que no toleraré errores. —Hubo una pausa tensa, sentí a todos erguirse en sus asientos, yo también lo hice, aunque no tenía por qué. — Así que espero que me expliquen por qué demonios tengo un faltante de un millón de dólares.
Todos nos paralizamos, atentos. Inclusive mi jefa abrió la boca sorprendida, pero antes de que alguien pudiera hablar, Emmet siguió hablando.
—Pensarán que soy un idiota, un niño recién salido de la universidad, pero pueden besar mis pelotas si creen que me tomarán por un imbécil —gruñó con rabia, miró hacia el medio, justo donde el director de contaduría se encontraba. Este palideció. — Así que dime Gerald, ¿por qué me está faltando dinero?
Emmet se detuvo, sentándose sobre el borde de la mesa, muy cerca de Gerald, intimidándolo. Inclusive en ese momento, viéndolo furioso, no pude evitar sentir deseo por él, se veía tan arrolladoramente sexy. Sí, estaba mal de la cabeza, pero desde hace tiempo había aceptado que me faltaba un tornillo, iba a tener que llamar a mi terapeuta esta misma noche.
—No entiendo a qué se refiere señor Miller —respondió Gerald, aflojándose la corbata. Su aspecto, antes divertido y sonriente, ahora era muy serio y nervioso. No podía haberlo admitido aun, pero todo en su rostro indicaba que era culpable.
Emmet le dio una sonrisa fría, siniestra.
—Pensaste que como mi abuelo ha estado cada vez más ausente de la compañía, podías tomar esa distracción y traspasarte pequeñas cantidades casi invisibles a tu propia cuenta, con ventas fantasmas y negocios chuecos. Al principio, pensé que podía tratarse de un error, después de todo, eso suele pasar ¿no? —preguntó, pero Gerald no respondió. — Por eso mandé a mi abogado a que indagara en tus cuentas bancarias, incluyendo las internacionales, y allí me di cuenta de que has estado recibiendo depósitos por las mismas cantidades faltantes. Pensaste que no me daría cuenta, que era tan idiota de no darme cuenta de que me está faltando al menos un millón de dólares, creíste que como era una empresa que movía cientos de millones al mes, esto no era nada. Superfluo, poco llamativo. Pero adivina qué Gerald, te descubrí y me voy a encargar de que tu carrera esté terminada, y prepárate para gastar ese millón de dólares sen abogados, porque la demanda que meteré en tu contra hará que te cagues en los pantalones. Ahora, quita tu asqueroso rostro avaricioso y desleal de mi asiento y sal de mi jodida empresa.
El rostro de Gerald era rojo de la ira, se levantó con brusquedad, pero aun sentado, Emmet le llevaba unas buenas pulgadas de altura.
—¡Hablaré con tu abuelo sobre estos! —exclamó, furibundo. Sin embargo, la mirada que le dio Emmet fue suficiente para que tomara sus papeles y terminara saliendo de la sala, cerrando la puerta con fuerza detrás de él.
Todos nos quedamos estáticos, aun incrédulos por lo que acabamos de ver.
—Eso, es solo un ejemplo de lo que pasará si deciden ser desleales con nosotros —indicó, poniéndose de pie de nuevo. — Quiero llevar a esta empresa a niveles inalcanzables, y quiero hacerlo con un buen equipo, si están conmigo en esto, les prometo que su vida cambiará, pero si me joden las pelotas, entonces no tendré piedad con ninguno. ¿Quedó claro?
Todos asentimos, porque mierda, eso fue escalofriante. El señor Arnold era un hombre tranquilo afable, muchas veces me pregunté si todos los millonarios eran tan amables como él, pero viendo a Emmet, no estaba segura. Por el rostro sorprendido de todos, ellos pensaban lo mismo, este nuevo jefe era mucho más joven y mucho menos permisivo. Como él mismo había dicho, no iba a permitir errores, ni traiciones.
De pronto, aquello solo me excitó.
***
La reunión transcurrió tranquila después de eso, al menos Emmet no despidió a nadie más ni amenazó con arruinarle la vida, lo que hizo que el ambiente se volviera mucho más afable y animado. Emmet se expresaba como todo un jefe, decía las palabras justas, a veces hacía una broma que nos hacía reír a todos y relajar y continuaba con la seriedad del asunto. No solo habló él, en cambio, dejó que todos participaran. Soltando ideas para empujar la empresa, que se estaba yendo a pique, a volver a ser la misma de antes o mucho más exitosa.
Los asistentes no hablábamos, porque pasábamos la mayor parte del tiempo escribiendo notas importantes, trayendo o llevando cosas y simplemente asintiendo a las órdenes de nuestros jefes. Judith opinaba muchas veces, era tan directa y sincera, que nos hizo reír cada vez. Ponía todo de sí, era segura de sí misma y solo se encogía de hombros cuando Emmet desestimaba una idea por ser demasiado arriesgada o liberal.
En algún punto, estaba un poco aburrida. Mi mente no dejaba de darle vueltas a una idea en específico y me molestaba un poco que los asistentes no pudiéramos decir nada, que fuéramos invisibles. Me di cuenta de que Roger, el asistente de producción, tenía muchas ganas de hablar también, pero solo su jefe lo hacía. ¿Para qué nos tenían aquí si era solo para ser su sombra y no aportar nada de la empresa?
—Vamos chicos, necesito ideas frescas —pidió Emmet, jugueteando con su Rolex. Me había dado cuenta en estas horas de reunión, que lo hacía cada vez que estaba impaciente, cuando se enojaba, fruncía los labios, cuando se emocionaba por algo, sus ojos brillaban. ¡Santo Cristo! Era patética la forma en la que le prestaba atención, ya conocía todos sus movimientos.
Mordí mi labio inferior, y poco a poco, levanté mi mano, ganándome la mirada de todos, incluyendo mi jefa. Emmet se cruzó de brazos y se recostó contra el respaldo de la silla, sus labios querían sonreír, pero se mantuvo mirándome.
—¿Sí, Arcadia? —preguntó, su voz masculina y sensual llenando el ambiente.
—Yo… —carraspeé, sintiéndome tímida de repente. ¿Por qué se me ocurrió levantar la mano? —Tengo una idea. —Pensé que se reirían de mí, pero me sorprendió cuando todos se quedaron mirándome, esperando mi respuesta.
—Me encantaría escucharla —dijo suavemente, interesado.
—He investigado un poco sobre la empresa, y creo que deberían darles más importancia a los adolescentes. Ellas son las mejores clientas, tal vez deberíamos utilizar puntos canjeables por regalos, productos de las tiendas. Inclusive darles crédito, para que puedan comprar y luego ir pagando.
Un puñado de hombres se rieron, lo que me hizo sonrojar. Mi jefa me dio una mirada, pero no supe describir si estaba enojada o avergonzada de mí, lo que me hizo sentir peor. ¿Por qué había hablado? Joder, tenía que haberme quedado en silencio como todos los demás.
Sin embargo, Emmet no se río, se quedó mirándome, sopesando mis palabras. Aquello me hizo sentir menos mal, que el dueño de la empresa no estuviera riéndose de mis ideas.
—Continua —pidió, haciendo que todos dejaran de reír y se quedaran en silencio de inmediato. — Desarrolla la idea.
Asentí, me levanté con lentitud, sintiéndome como cuando iba a exponer mi tesis en la universidad, pero esto era distinto, estaba frente al nuevo dueño de una de las empresas más importantes del mundo, tenía que ser coherente y concisa.
—Los adolescentes, son compradores por naturaleza y unos muy bien —seguí diciendo, con un poco más de confianza. — Cuando era joven, recuerdo haber entrado a las tiendas Miller´s y quedarme embobada por lo inmensa y la variedad que ofrecía, quería comprarme todo. Una chica es capaz de convencer a sus padres que le compren lo que sea, los chicos lo hacen todo el tiempo con los videojuegos. Si les damos el poder de tener su propia tarjeta, los haremos sentir especiales, volverán y con amigas. No hay nada más divertido que ir a comprar con tu mejor amiga. Podríamos sacar una nueva línea de verano y trabajar con algunos influencers que lleguen al público en específico.
Cuando terminé, a diferencia de hacía unos minutos, hubo un silencio absoluto. Todos los pares de ojos estaban puestos en mí, pero los único que me afectaban eran unos hermosos ojos verdes, brillando, mientras me devoraba. Una lenta sonrisa surcó sus labios, lo que hizo que mi jefa, Judith, relajara sus hombros, como si hubiese estado nerviosa por mí.
—Me gusta la idea, trabajemos en ella, vamos a pulirla y asegurarnos que funcione —ordenó, lo que hizo que todos comenzaran a escribir en sus laptops con emoción.
Me senté, porque no sabía qué más hacer.
—Judith, quiero que trabajemos este nuevo proyecto codo a codo —pidió a mi jefa, que asintió con una sonrisa. — Necesito una nueva campaña, Arcadia trabajará con nosotros, me gusta cómo piensa. —No sonreí, aunque hubiese querido saltar de emoción. — Joseph, encárgate de que producción lance una nueva campaña, necesitamos algo fresco, vamos a dirigirnos a los adolescentes así que necesito innovación, nada de las mismas tonterías de los años anteriores.
El hombre asintió, mientras seguía escribiendo todo.
—Muy bien, hemos dada finalizada esta reunión —ordenó por fin. — Agradézcanle a Arcadia, acaba de llegar y fue la única que dio una idea aceptable, lo que no habla bien de ustedes.
Dicho esto, se levantó, haciendo que todos cerraran sus portátiles e hicieran lo mismo, con una expresión que me hacía recordar a cuando estaba en el instituto y el profesor nos regañaba. Emmett acaba de llegar, era más joven que casi todos los presentes, sin embargo, infundía respeto con solo darte una mirada. Después de lo que había hecho con el presidente de contaduría, nos quedaba claro de que no había que molestarlo en meternos en su camino.
—Bien hecho —dijo mi jefa, dándome una pequeña sonrisa orgullosa.
Se la devolví, porque aquello me hacía sentir bien. Quería que supiera que no estaba en el puesto solo por ser la novia de Brady, y que me esforzaría, probablemente más que la mayoría, para permanecer allí.
Poco a poco, todos comenzaron a abandonar la habitación, Emmet se quedó mirando algo en su portátil, hasta que solo mi jefa y yo quedamos. Cuando estaba por abandonar la habitación, dejando que ellos dos charlaran sobre su estancia en Italia, su voz me detuvo en seco. Paralizándome.
—Arcadia estará contigo en un minuto Judith. —No estaba pidiéndolo, era una orden. Como un jefe a su empleada e inclusive aquello me hizo jadear en deseo. Esto estaba desquiciante, la forma en la que me atraía ese hombre.
Me di la vuelta con lentitud, mi jefa se despidió y me aseguró que me esperaba en su oficina para ultimar unos detalles antes de irme, por lo que la habitación quedó sola. La puerta fue cerrada y casi me encogí, no me sentía bien estando sola con él. de cierta manera, había trabajado en un bar con hombres borrachos que querían coquetear conmigo todo el tiempo, nunca me sentí cohibida por ellos, pero estando en una sala de juntas a sola con Emmet me daba pavor.
Como si pudiera leer mis pensamientos, esbozó una leve sonrisa y se recostó contra la mesa, cruzando sus brazos. Los bíceps se le marcaron, haciéndolo ver más fuerte y hermoso. Podía fotografiarlo así, tan inmaculado.
—Esta es mi segunda advertencia, sigues mirándome así, y voy a sentarte sobre la mesa, abrirte las piernas y bajarte las bragas, voy a introducir dos dedos dentro de ti y masturbarte mientras chupo tu clítoris, lo suficiente hasta que acabes en mi boca —susurró, como si nada, como si estuviera hablando de cualquier otra cosa. — Y por la forma en la que tus ojos están brillando y tu respiración está agitada, tú quieres lo mismo.
Solté una respiración, no podía negar que ya estaba empapada, mojadísima porque sus palabras me habían excitado como nada. Pero ¿cómo era posible que me hablara así? Además de ser su cuñada también era su empleada, ¿qué acaso era así con todas?
Apreté mi libreta con fuerza contra mi pecho, y un poco de nerviosismo. Mayormente era yo la que ponía nerviosa a los hombres, mi abuela me dijo que tenía el poder de manipularlos y los usé muchas veces en el pasado, pero con este hombre era todo distinto. Me envolvía en una bruma de seducción, su franqueza, que debería de molestarme y ofenderme, solo me hacían sentir más expuesta y necesitada.
—Estás confundiendo las cosas —susurré por fin, aunque podía sentir mis mejillas rojas y no era por la vergüenza, más bien porque mi sangre hervía. — Es mejor que me vaya y olvidemos lo que acabas de decir.
Me moví para irme, pero me detuvo antes de que pudiera darme la vuelta siquiera.
—Huye todo lo que quieras, pero te alcanzaré —admitió, descaradamente. Me sorprendió lo relajado que se veía, como si todo aquello fuera una broma, tal vez lo era, tal vez Brody lo había convencido de que de que se comportara así conmigo para probarme. Después de todo, mi fama me predecía.
—¿Qué no te das cuenta de que soy la novia de Brody? Tu jodido hermano —dije de vuelta.
No pasó desapercibido el hecho de que no intenté negar mi atracción o deseo hacia él, simplemente aseguré que su hermana estaba de por medio, porque tampoco podía ser hipócrita. Como bien había dicho, podía ver el deseo y la necesidad en mis ojos, era evidente.
Alzó una ceja, burlón.
—Brody es una pequeña mierda demasiado engreída para hacerte feliz en la cama.
Abrí los ojos como platos, ¡diablos! Tenía un punto, uno bueno en realidad. No podía negar que mi novio a veces era demasiado directo, iba al punto, meter y sacar y muchas veces quedé con ganas de más, pero me sorprendía la seguridad con la que lo deducía. ¿Tal vez había intentado hacerlo con otras de las novias de Brody?
—¿Es una especie de juego? —pregunté, incrédula.
Se enderezó y en dos zancadas estaba frente a mí, invadiendo mi espacio personal. Debí haberme sentido incomoda, ¿por qué no me sentía así? Ni siquiera intenté alejarme, no quería.
—Mi deseo de follar contigo es todo, menos un juego. —Sus ojos estaban fundidos, admirando mis labios. — Vete a casa Arcadia, no queremos dejar esperando a Brody.
Dijo las palabras con una media sonrisa, como si fueran sarcásticas, aunque no pude detectarlo en su tono de voz. Tomé mis cosas con más fuerza y me dirigí hacia la salida, necesitaba alejarme de él, escapar de este pequeño mundo de deseo y lujuria donde me tenía presa.
Justo cuando estaba por cerrar la puerta, me detuvo.
—Y Arcadia, cuando te folle, porque eventualmente lo haré, te aseguro que tú sí quedaras feliz. Es una promesa.
No respondí, cerré la puerta con fuerza y salí corriendo hacia el ascensor. Cuando entré, me apoyé sobre la pared y respiré con fuerza, mis piernas estaban débiles, mi respiración entre cortada y mi cara roja, llena de excitación.
¿Cómo iba a trabajar con este hombre así?