Un trayecto de aproximadamente dos horas, ya anocheció en su totalidad, mi móvil quedo sin señal así que lo deje a un lado, es una casa algo grande y llena de enredaderas de vegetación por la pared y la cual cubre un poco los ventanales del segundo piso. No sé dónde diablos estamos, solo sé que Abel tenía las llaves de la casa y entramos. Es acogedora y hogareña, unas sábanas blancas cubren los sofás de la sala a mi lado izquierdo, conecta con un marco alto que da con una cocina muy espaciosa, las cortinas no se movían, comenzaron a danzar cuando Abel abrió la ventana, la luz de la luna se cuela e ilumina el lugar. Abel se aparta un poco y presiona el interruptor de la luz, ahora todo se ve con claridad. – ¿Dónde estamos? –susurro y continuo viendo todo el lugar. –Es tan hermosa esta cas

