Michelle cerró la puerta de su oficina con un golpe seco y activó el sistema
de seguridad de máxima privacidad. Las persianas se cerraron y el inhibidor de
señales empezó a zumbar. Se giró hacia su equipo, con los brazos cruzados y una
mirada que hacía que hasta la valiente Norma quisiera dar un paso atrás.
—¿Ustedes dos lo sabían? —preguntó Michelle, señalando a Karla y a Sol.
Sol bajó la mirada, jugueteando con su tableta, mientras Karla asintió
lentamente, manteniendo la posición firme.
—Sí, Michelle. Lo sabíamos —respondió Karla con voz suave pero clara.
Fue entonces cuando Michelle explotó. Golpeó la mesa de caoba, haciendo que
los papeles saltaran.
—¡¿Cómo fueron capaces de ocultarme esto?! —gritó Michelle, su voz cargada
de una mezcla de traición y dolor—. ¡Cuando yo estaba con Karla, todo el equipo
lo sabía! ¡Jamás les prohibí tener relaciones entre ustedes! ¡Lo que no tolero
es la falta de honestidad en mi unidad de élite!
Michelle caminó de un lado a otro, como un león enjaulado.
—Estoy profundamente decepcionada. Somos un equipo que se juega la vida, y
si no hay transparencia, no hay nada. Por ocultar información vital a su
superior, quedan oficialmente multadas con la retención de su bono de misión
—sentenció, aunque todas sabían que el dinero era lo de menos; lo que dolía era
la ruptura de la confianza.
Norma, con su calma habitual, dio un paso al frente e intentó mediar.
—Michelle, no era por falta de confianza, es que...
—¡No quiero saber nada, Norma! —la interrumpió Michelle, con los ojos
cristalizados—. Tú y Sol son mis mejores amigas. He confiado en ustedes cosas
que nadie más sabe...
Janet, que estaba inusualmente callada en un rincón, soltó una tos sutil y
carraspeó, mirando a Michelle con una expresión de "estás olvidando a
alguien".
Michelle respiró hondo, cerrando los ojos para tratar de controlar el
temblor de su voz.
—Ustedes tres... Janet, Norma y Sol... son mis mejores amigas, mis hermanas.
Y me ocultaron algo tan importante. Me duele más como amiga que como capitana.
El silencio volvió a reinar. Sol se acercó a Michelle, dejando a la pequeña
Mía en una silla cercana.
—Lo sentimos, Mich. Janet tenía miedo de que, por ser la "payasa"
del grupo, no la tomaras en serio si sabías que estaba con alguien tan seria
como Norma. Quisimos proteger la dinámica del grupo.
Karla, que no había dejado de observar a Michelle, se acercó a ella sin
miedo a la multa o al grito.
—Michelle, el secreto no era para dañarte a ti. El problema es que ahora
Esteban lo usó para desestabilizarnos. Eso es lo que él quiere: que nos
peleemos entre nosotras para que no veamos lo que él y Teylor están tramando.
Michelle se dejó caer en su silla, hundiéndose en el cuero.
—Salgan de aquí. Todas. Menos Karla.
Janet y Norma intercambiaron una mirada de preocupación, pero obedecieron.
Sol tomó a Mía y salió, dejando a las dos mujeres solas en la oficina blindada.
Antes de que la puerta se cerrara, Janet se detuvo y miró a Michelle
con una seriedad que rara vez mostraba.
—Capitana, solo quiero que sepa que lo nuestro es serio. Norma y yo estamos
planeando vivir juntas. No se lo dijimos porque sabíamos lo mucho que estabas
sufriendo cuando se fue... —Janet dejó el nombre de Karla flotando en el
aire como una herida abierta—. Te apreciamos, Mich. Lamentamos que sientas que
la confianza se rompió, pero solo queríamos cuidarte.
Las tres salieron, dejando un silencio sepulcral. Michelle volvió a activar
la seguridad de la oficina. Se giró hacia Karla, cruzando los brazos, tratando
de recuperar su postura de hierro.
—¿Qué tienes tú con Esteban, Karla? —preguntó con voz ronca—. Y explícame
por qué ahora sospechas que trabaja con Teylor, cuando ese hombre acaba de
salvarnos la vida en el muelle.
—Michelle, abre los ojos —respondió Karla, acercándose un paso—. Esteban
miente. Él te dijo que yo lo llamé para volver, pero fue al revés: él me buscó
a mí, diciendo que el equipo me necesitaba para esta misión. Está manipulando
la narrativa para que tú desconfíes de mí. No me da buena espina, hay algo
oscuro en cómo "aparece" siempre en el momento justo.
Michelle la miró de arriba abajo, suspirando con cansancio, sintiendo que
el mundo se le venía encima. No podía procesar la traición de Teylor, el
secreto de Janet y Norma, y las dudas sobre Esteban al mismo tiempo.
—Ya es suficiente por hoy, García —dijo Michelle, caminando hacia la puerta
para abrirla—. No puedo pensar con claridad.
Pero cuando su mano tocó el pomo, Karla la detuvo, poniendo su mano
sobre la de Michelle y obligándola a quedarse.
—Hablemos, mi amor... por favor —susurró Karla con la voz quebrada—. Te
extraño. No puedo estar sin ti, me estoy muriendo por dentro cada vez que me
miras con esa frialdad.
—Karla... por favor, no me hagas esto ahora —suplicó Michelle, cerrando los
ojos, sintiendo que su resolución se desmoronaba.
—Te necesito, mi vida.
Sin darle tiempo a protestar, Karla acortó la distancia y la besó
apasionadamente. Fue un beso hambriento, lleno de la desesperación de quien
ha estado en el desierto demasiado tiempo. Michelle resistió un segundo, pero
luego soltó un gemido y rodeó la cintura de Karla con fuerza, devolviéndole el
beso con la misma intensidad. El poder, el mando y la DEA desaparecieron; en
esa oficina solo quedaban dos mujeres que se amaban por encima de cualquier
peligro.
El Descubrimientode Sol
Mientras tanto, afuera, Sol estaba sentada en su escritorio con Mía
dormida en un sofá cercano. Sus dedos se movían por inercia sobre el teclado,
rastreando los archivos que Esteban había traído en la carpeta.
De repente, sus ojos se abrieron de par en par. Encontró un rastro oculto
en el código de los archivos de Esteban: una firma digital que coincidía
exactamente con el software de encriptación que Teylor usaba en su firma
de abogados.
—No puede ser... —susurró Sol, sintiendo un escalofrío—. Karla tenía razón.
Esteban no las había salvado por heroísmo; las había salvado para que no
atraparan a los hombres de Jáuregui antes de tiempo.
La Fiesta de las Sombras
Sol dejó a Mía en la cuna improvisada, asegurándose de que la pequeña
estuviera profundamente dormida. Se giró hacia Janet y Norma con el
rostro pálido.
—He encontrado rastros de Teylor en los archivos de Esteban —susurró Sol—.
Las piezas encajan de la peor forma posible.
Sin perder un segundo, Sol usó su reloj inteligente para hackear el sistema
de bloqueo de la oficina principal. Las puertas se deslizaron lateralmente con
un siseo metálico, revelando lo que Michelle y Karla intentaban ocultar: ambas
estaban fundidas en un abrazo desesperado, con las camisas algo desordenadas y
el rastro del beso apasionado aún en sus labios.
Janet reaccionó de inmediato, cerrando la puerta tras de sí con un
movimiento rápido antes de que algún agente del pasillo viera a su capitana en
esa posición.
—¡Vaya, vaya! —soltó Janet con una sonrisa de oreja a oreja—. Si vamos a
celebrar así, avisen, ¡que podemos hacer un quinteto y terminamos de arreglar
los problemas del equipo en grupo!
Michelle y Karla se separaron de un salto, acomodándose la ropa a toda
prisa. Michelle recuperó su color habitual (un rojo intenso de vergüenza y
furia) mientras Karla intentaba recuperar el aliento.
—¡Suficiente, Janet! —rugió Michelle, aunque su voz no tenía la autoridad
de antes—. ¿Qué pasa ahora?
Sol intervino antes de que Norma o Janet pudieran soltar otro comentario burlón. Su tono de "modo trabajo" era tan cortante que
todas se pusieron firmes.
—Escuchen. He confirmado que Esteban y Teylor son dos caras de la misma
moneda. Esteban nos dio esa información para llevarnos al muelle y que Jáuregui
probara nuestras defensas. Pero he interceptado algo más grande: Jáuregui
dará una fiesta de gala en su mansión privada mañana por la noche.
Sol proyectó un holograma de la mansión en la mesa.
—Es una celebración para sus socios internacionales. Estarán todos los peces
gordos. Teylor estará allí para cerrar el trato legal de los químicos, y
Esteban probablemente esté vigilando el perímetro con "seguridad
oficial". Es nuestra única oportunidad de atraparlos a todos juntos y
recuperar las pruebas que limpien nuestros nombres.
Norma asintió, revisando su cuchillo táctico.
—Infiltración. Vestidos de gala, armas ocultas y sin respaldo de la agencia,
porque no sabemos quién más está con Esteban.
Michelle miró a Karla, y luego a sus tres mejores amigas. La
traición de Teylor y Esteban las había herido, pero el amor y la lealtad que
acababan de reafirmar las hacía más peligrosas que nunca.
—Preparen los vestidos de noche más caros que encuentren —ordenó Michelle
con una sonrisa gélida—. Y debajo de la seda, quiero que lleven suficiente
plomo para derribar esa mansión. Mañana, Jáuregui sabrá por qué nunca debió
meterse con nosotras.