***Camil*** El beso corto que Liam me había dado, desesperado y vulnerable, había sido como una chispa. Una chispa que ahora nos estaba incendiando. Ya no había risas, ni juegos triviales, ni excusas. Solo sus labios buscando los míos otra vez, con hambre contenida. Solo mis dedos enredándose en su cabello, aferrándome a él como si fuera lo único real en el mundo. Liam gimió contra mi boca, un sonido crudo, masculino, que me erizó la piel. —Brujita... —susurró ronco, mientras sus manos viajaban, acariciándome la espalda, la cintura, como si necesitara memorizar cada centímetro de mí—. No sabes... cuánto te deseo... Yo temblaba en sus brazos, perdida, abierta, rendida. —Liam... —jadeé su nombre, sin aire, mientras mis manos bajaban por su pecho, buscando desesperadamente más piel,

