***Camila*** La puerta se cerró detrás de la trabajadora social con ese clic seco que siempre me dejaba temblando por dentro. Sentí que el aire en el departamento se volvía espeso. Luciana me dio un beso rápido en la mejilla y murmuró algo sobre estar cansada antes de desaparecer por el pasillo hacia su cuarto. Ni siquiera volteé a mirarla. No podía. Tenía los ojos de Liam quemándome la espalda. Esperé unos segundos, tratando de ordenar lo que iba a decir, pero no hizo falta. —¿Perdiste el trabajo y no ibas a decírmelo? —dijo, con la voz más baja que un susurro, pero cargada de una tensión feroz. Me giré despacio, encontrándome con su mirada helada, dura, clavada en mí como una acusación. Sentí una punzada en el pecho. No por lo que dijo, sino por lo que vi en sus ojos: decepción. Frus

