***Liam*** Estaba en la gloria. Camila todavía jadeaba sobre mí, su cuerpo temblando apenas, su cabello enredado en mi cuello. Tenía las uñas marcadas en mi espalda y el olor de su piel en mis labios. La tenía a ella. A mi caos. A mi calma. Y entonces... TOC TOC TOC. —No mames… —murmuré, sin moverme. Ella tampoco. Otro par de golpes. Más insistentes. —¿Quién carajos viene un domingo a las siete de la mañana? —Si es Valeria, le aviento el cojín en la cara —bufó Camila, deslizándose a un lado, con el cuerpo aún cálido, desnuda, envuelta apenas en la sábana. Me puse el short a medias, ni me molesté en ponerme camiseta. ¿Para qué? Ya habían arruinado el momento. Arrastré los pies hasta la puerta, con el cabello hecho un desastre, la marca de su boca todavía en mi clavícula. Abrí sin

