***Camila*** Despierto con la sensación de calidez rodeándome, un peso reconfortante sobre mi cintura y una respiración pausada contra mi cabello. No estoy sola. No tardo en recordar lo que pasó anoche, y cuando abro los ojos, ahí está él: Liam, con su rostro sereno, su cabello revuelto y sus pestañas largas rozando su piel. Un Adonis tallado por los dioses, como siempre. Me quedo viéndolo unos segundos, hasta que sin abrir los ojos, con esa maldita arrogancia natural en él, susurra con una sonrisa perezosa: —Me vas a desgastar, brujita. Mi sonrisa se dibuja sin esfuerzo. Sus ojos turquesa se abren despacio, mirándome con un brillo que no reconozco del todo. Algo más suave, menos feroz, más... cercano. —¿Cómo estás? —pregunta con voz ronca. —Bien. ¿Tú? —Mejor de lo que esperaba —res

