*Cinco días antes de la boda.Esa mañana*
Desperté temprano en la mañana, y el nido no desaparecía de mi garganta, cuanto mas se acercaba la boda, este crecía más. Me asustaba pensar en casarme con Alexandra... Yo la adoro, es una persona dulce, tierna y demasiado ingenua... Tanto que no notó que mi amor no le pertenece.
Bajé la cabeza después de lavarme la cara, aún estaba a tiempo de romper el compromiso... Pero si lo hacía, ya no vería a quién es la dueña de mi corazón, jamás en la vida.
Levanté el rostro, unos ojos negros me devolvieron la mirada con pesadumbre y desconcierto.
Suspiré, luego pensaría en esto.
Tomé una ducha, y salí disparado a la cocina. Me preparé un café y un par de tostadas para desayunar.
El timbre sonó, en lo que agarré el celular. Un mensaje de ella.
"Te veré en el almuerzo. No me falles. Tenemos que hablar".
El tono del mensaje no me agradaba. Fruncí el ceño y respondí.
" Te estaré esperando".
Pensé en escribirle un "Te amo", pero me pareció poco apto para la situación. El timbre sonaba de manera descontrolada, me había olvidado de abrir.
Dejé el celular sobre la mesa, y caminé hasta la puerta. Una mueca de sorpresa se formo en mi rostro al notar de quién se trataba, era mi madre, su expresión de enojo era algo habitual en ella, intenté saludarla pero me lo impidió.
—Adelante —agregué aceptando la situación. El ambiente tenso era respirable, nos sentamos y sin más ella me abofeteo.
—¿Acaso estás loco? ¿Pretendes arruinar todo por lo que trabajamos? —tomé mi rostro el cual ardía, no entendía nada. Fruncí el ceño confundido y nervioso. Sus ojos destilaban enojo, y su mano temblaba por lo fuerte de la cachetada.
—De qué me estás... —me interrumpió. Abrí los ojos con sorpresa al observar su reacción.
—No perderemos tanto dinero, tan sólo porque se te ocurrió que no te quieres casar... —mi respiración se detuvo unos segundos. ¿Cómo ella sabía eso? —. No me creas tonta, Ian. Yo te crié y sé cuándo me ocultas algo pero escúchame muy bien —sus ojos amenazantes se clavaron en los míos, por unos minutos me sentí de nuevo un niño regañado —. Te vas a casar así sea lo último que hagas ¿me oíste? Y te vas olvidando de la zorra que te confunde —si tan sólo ella supiera de quién se trataba, pensé ante su amenaza. Muchas de sus palabras cambiarían al saber su identidad.
—Mamá ¿de dónde sacas eso? Amo a Alexandra y... —por mas que quería sonar creíble pensar en la boda me incomodaba —. Me casaré con ella... Lo haré...
—Mas te vale Ian —sus manos un tanto huesudas atraparon mi mentón, trague, jamás la había visto actuar de esa manera —. Porque sino me vas a conocer enojada, y creéme que no te gustará.
Me soltó de forma brusca, el mentón me dolía pero lo dejé pasar, con pisadas firmes salió de mi departamento dejando en mi más dudas que certezas. Ya la conocía enojada, eso no me era nuevo pero la verdad era que ignoraba hasta dónde sería capaz de llegar.
******
Eran cerca de las ocho cuando llegué a la oficina, tenía mucho trabajo acumulado del día anterior, y llegar tarde no me ayudaría a mejorar mi apariencia gente a mi jefe.
Entré, y en mi escritorio vi una nota pegada a la computador, me deshice de mi saco colocándolo en el espaldar.
"El señor MCcallister lo espera".
Era la letra de mi secretaria, contuve la respiración y me encaminé a verlo, subí hasta el último piso de la editorial.
Miles de pensamientos cruzaban por mi mente, aunque ninguno me explicaba el por qué quería verme mi futuro suegro.
—Buenos días, Ian —me saludó Sally, su secretaria, la cual llevaba ya cerca de 20 años trabajando para él. Sonreí y le devolví el saludo —. El señor MCcallister te está esperando.
—Gracias —atiné a decir antes de ingresar. Junto al gran ventanal, cuya vista reflejaba gran parte de la ciudad, se hallaba un hombre de carácter duro, mirada fría y apariencia arrolladora que intimidaba sólo con su mera presencia.
—Sientate —su voz escapó potente e imperativa. Obedecí. Él giro, y caminó a mi alrededor hasta llegar a su asiento. No apartaba sus ojos de mi —. Te cité porque tenemos que hablar de algo muy importante... Alexandra.
—¿Qué sucede con ella? —no entendía a dónde iba con esto.
—Pronto serás su esposo, y no es un secreto que no perteneces a nuestro... Circulo —sus palabras me confundían, esto antes no había sido un problema, después de todo llevábamos tres años de novios... Era normal pensar que lo de mi condición ya había quedado en el olvido —. Por ende, no quiero que mi hija sufra privaciones a tu lado, y como en unos días ustedes se casaran he decidido ascenderte.
—Señor yo... —ser ejecutivo en unas de las editoriales más importantes era mi objetivo y sueño hace mucho tiempo. Quizás podría ser feliz con Alexandra... Después de todo nos conocíamos y el amor... Puede llegar con la convivencia. Yo la quiero y sé que si me lo propongo... Podría olvidar a...
—Ian —lo miré de pronto, me había dejado llevar por mis pensamientos —. No creas que te haré las cosas fáciles, ese ascenso llegará si la boda sucede —sus ojos penetraron los míos era como si se hubieran metido en mi interior a indagarme —. No permitiré que tú y tu familia crean que tienen derecho a nuestra fortuna, mi hija se casará contigo y será tu responsabilidad. No tú la de ella. Si se casan olvidaté de que recibirán dinero, eso no sucederá. No nos verán la cara ¿Fui claro?
—Si, señor —le sostuve la mirada, trague y con un simple inclinamiento de cabeza me hizo entender que era hora de retirarme.
Me levanté y salí de allí lo mas rápido que pude, podía sentir sus ojos clavados en mi nuca. Al estar dura, solté un suspiro.
—¿Todo bien? —me preguntó Sally, asentí y regresé a mi oficina.
Venir a escuchar esto luego de la conversación que tuve con mi madre, parecía salido de una novela. En cuanto se enteré, enloquecerá.
*******
Cerca de las tres de la tarde el celular sonó, lo tomé deprisa pensando que quizás fuera ella, pero no... Era Alexandra. Me sentí avergonzado al notar que su nombre no generaba la expectativa y cariño que se supone merecía mi futura esposa. Sacudí mi cabello con la mano, y atendí.
—Hola preciosa —comencé a hablar sin pensar. Ella se escuchaba feliz y emocionada, era nuestro aniversario después de todo...
—Hola cariño, sólo llamo para saber si hoy vendrás a cenar a mi casa... Ya sabes.. Para celebrar —se oían ilusionada y tierna, me hacía sentir mal no sentir lo mismo que ella... Quiera o no, yo la estaba engañando.
—Si, si —contesté con poca energía, lo cual ella notó —. Estaré ahí, no te preocupes.
—¿Está todo bien Ian? —agregó preocupada, le resté importancia y mentí diciendo que estaba algo cansado por el trabajo, cuando en realidad, la responsable de mi estado era la mujer que me había ducho vendría a la hora del almuerzo, y nunca más llegó. Estar con ella lastimaba pero por más que lo intentaba no podía dejarla ir, era más fuerte que yo —. ¿Ian, estás ahí?
—Si, disculpa —una vez más, me había perdido pensando en ella —. Nos vemos tarde, adiós —corté sin esperar respuesta de su parte, ya no podía seguir hablando con Alexandra, cuando en mi cabeza sólo estaba Samantha.
Las horas pasaron demasiado rápido, me sentía asfixiado en aquel lugar, mi cabeza no dejaba de pensar en Samantha. No entendía por qué me dijo que vendría si no era cierto. En la oficina no quedaba casi nadie, y yo debía ir a casa a darme una ducha antes de ver a Alexandra. Un pequeño golpe en la puerta me distrajo.
—Señor Williams —Sarah, mi secretaria se asomó —. Ya me voy. ¿Necesita algo? —negué con rapidez.
—No, vete tranquila.
Ella sonrió y salió. Me quedé sentado, mentalizandome. En unos días, estaría casado. Debía cerrar el círculo con ella.
Me levanté y tomé mi saco n***o del espaldar de la silla, una vez más, alguien tocó la puerta. Supuse que se trataba de Sarah, quizás había olvidado algo.
—¿Puedo pasar? —el tono seductor de su voz me era conocido. Giré para verla, y allí, vestida con un vestido rojo muy sensual estaba ella.
—Samantha... —dije sorprendido. No la esperaba. Ella sonrió de manera provocativa y entró contoneando cada parte de su cuerpo.
—Si vine después de todo —parada frente a mi, sus labios rojos me llamaban, pedían a gritos que los besara... Ella sonrió y sus manos atraparon mi cuello, me atrajeron hacia ella y nuestros labios se fundieron en beso apasionado. Me dejé aprisionar por los labios de la que era mí cuñada sin importarme nada, en ese instante éramos sólo ella y yo. La agarré por la cintura, la pegué a mí cuerpo, mis manos recorrían su espalda, indagando centímetro a centímetro de esa mujer. Al separarnos los labios me ardían, su respiración chocaba con la mía, Alexandra no cruzaba por mí mente, para mí sólo existía Sam.
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Alexandra
Un nudo doloroso tomó mi garganta, mientras los veía besarse semidesnudos, mi respiración se agitaba cada vez mas.
Lágrimas amenazaban con escapar de mis ojos, mi cuerpo perdía la fuerza, en mi rostro la decepción y el dolor eran los componentes principales.
Me recosté contra la pared, con la puerta aún semiabierta, oyendo sus besos, imaginando sus caricias... Me repugnaba... Quería salir corriendo y no volver a verlos nunca.
—Te Amo, Samantha —la voz de Ian llegó a mis oídos —. Te amo como jamás amé a ninguna otra mujer —de forma automática mi morada bajó al anillo que él me había dado el día que me propuso matrimonio... Este ahora quemaba —. Dime que no quieres que me case y te juro que lucharé con todas mis fuerzas por nosotros.
—Claro que no, Ian... —la voz de mi hermana sonaba dulce e inocente, ambos me estaban traicionando y para ellos no significaba nada —. Debes casarte.
Asomé la mirada una última vez, quería recordarlos así y no borrar eso de mi mente. Ian la sostenía con protección y amor, mientras ella lo abrazaba.
—Te prometo que si me caso no será por mucho tiempo —él tomó su rostro y mirándola a los ojos le dijo aquello —. Yo lucharé por esto —la besó, y ahí al otro lado de aquella puerta estaba yo, hecha trizas escuchando como el hombre que amaba le declaraba su amor a mi propia hermana...
Salí huyendo de aquel lugar,no deseaba escuchar nada más. Bajé por el ascensor, corrí hasta la calle, las lágrimas cubrían mis ojos. Había olvidado por completo mi auto, sin pensar en nada crucé corriendo la calle, de pronto el sonido de una bocina me distrajo... Los faroles me alumbraron de pronto...
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