4-Un plan se pone en marcha

1884 Words
La cabeza me daba vueltas, me sentía débil y las piernas me temblaban. Al abrir los ojos un gran espejo con un borde de madera decorada, estaba frente a mi. En el veía mi reflejo, estaba en la iglesia, Ian lucía muy guapo con su esmoquin y todo parecía ir normal. La imagen era bellísima. Mi padre me llevaba del brazo mientras recorríamos el camino al altar, sentía felicidad y nerviosismo. Mi madre y Samantha me observaban sonrientes, mientras mi padre me entregaba al amor de mi vida, su mano se acercó a mi pero de pronto se detuvo. El espejo se rompió y me vi inmersa en aquella realidad que hasta ese entonces sólo observaba a través del cristal. La mano de Ian evadió la mía, y se dirigió hacia detrás de mi figura. Samantha sonrió, y se levantó aceptando gustosa. Madre y padre la acompañaron, mi vestido desapareció. Me encontraba vestida con una vieja tela, y frente a mi toda mi familia celebraba una boda... La de mi prometido y mi hermana. Me costaba respirar, quería gritar pero era como si nadie pudiera oírme. Los tocaba pero no me veían... Me sentía invisible... como siempre lo había sido para ellos. Abrí los ojos con violencia, el corazón parecía que estaba a punto de salirse de mi tórax. La respiración agitada despertó a quién estaba sentada en la silla junto a mi. Con cara de preocupación, Sam intentaba calmarte. —Alexandra, tranquila —me decía mientras su rostro me observaba fijamente —. No pasa nada. Cálmate. Estoy aquí... Con brusquedad la aparté de mi, toqué mis brazos, uno de ellos estaba cubierto por algo y de pronto me descubrí con la bata blanca y la sábana que me cubría. —¿Dónde... Dónde estoy?—alcancé a decir asustada. —En el hospital... Tú... —le presté atención, y al observarla todo vino a mi. La oficina, ella e Ian... Sus besos, sus jadeos... Todo me inundaba por dentro —. Tuviste un accidente pero estás bien... Sólo cálmate, y voy a buscar al doctor. Mi hermana salió disparada del cuarto, la preocupación en su rostro parecía real pero para mi era imposible creer en ella. No después de lo que había hecho. Allí sola, mis pensamientos eran claros. Me había engañado, me habían visto la cara de estúpida y yo... Por una migaja de amor lo había permitido. Con fuerza tomé la sábana entre mis dedos y apreté. La ora que sentía era demasiada... Pero más eran las ganas de qué pagaran lo que me habían hecho. Toda la vida Samantha lo tuvo todo... ¿Por qué tenía que quitarme lo único que tenía? Lágrimas de dolor e ira recorrían mis mejillas. La garganta se me cerraba, pero no lo iba a permitir más. Estuve a punto de morir y todo lo que pasó por mi mente fue ¿por qué no pude ser fuerte? Toda la vida me he dejado pisotear... Pero ahora que tengo otra oportunidad eso no volverá a suceder. Nadie volverá a hacerme sentir que no sirvo. La puerta se abrió, un hombre de barba escasa y altura prominente se acercó a mi con unos papeles en la mano. Sonriente me saludó. —Me alegro de que despertaras —no parecía tener mas de 40 años —. Tuviste suerte de que ese automóvil no iba muy fuerte, porque de lo contrario el golpe habría sido mucho más grave. Fruncí el ceño, cuando me calmé y volví en mi misma, un punzante dolor nació en mi brazo derecho. Volteé y esta vez noté la férula que lo sostenía. —Lo importante es que te encuentras bien —una mueca de dolor fue mi respuesta a su amigable sonrisa. —Yo no me siento tan bien —agregué con un dejo de sarcasmo mientras observaba mi brazo. —El esguince de codo no es tan grave. Te daré unos analgésicos para la inflamación y el dolor, tú trata de estar tranquila y de mover el brazo lo menos posible —se acercó y mientras observaba y tocaba mi brazo el dolor era evidente en mi. —¿Durante cuánto tiempo estaré así? —En unas cuatro o seis semanas estarás muy bien. Por ahora sólo descansa. Al irse, bufé con enojo. Me acomodé en la cama y observé el techo. Nada inpedediría que yo recupere mi vida, y haga pagar a los que tanto daño me hicieron. ******* Los días pasaron. El brazo me dolía pero era menos sufrible debido a los analgésicos. Mis padres me habían ofrecido quedarme en su casa mientras me mejoraba, según ellos, para asegurarse de que todo estuviera bien, aunque la realidad era que la única persona que se preocupó por mi estas dos semanas, habían sido sólo Hope y mi nana. Miriam era una mujer entrada en años, cuya sonrisa me devolvía la tranquilidad y la persona a la que más confianza le tenía... Después de mi mamá... Una conocida punzada atacó mi pecho, cada vez que recordaba a mi madre o mas bien, lo poco que recordaba de ella, esa punzada aparecía. Deseaba tanto hallar una foto donde estuviéramos juntas... Pero mi padre me las había arrebatado todas. Respiré y me levanté de la cama, estaba cansada de estar encerrada, aunque me había servido para pensar. Quería desquitarme de mi hermana y de Ian... Pero aún no sabia cómo. Con un atuendo casual, y unas chanclas negras caminé por el pasillo de la gran casa, sin prestar atención a nada hasta que la voz de mi hermana captó mi atención. Fruncí el ceño y me acerqué a su cuarto, la puerta estaba arrimada, y al observar dentro la vida saltar de emoción. Sostenía el teléfono y hablaba de manera agradable y tierna. La miré con frustración y un dejo de enojo... Desde ese día no le hablaba casi, y menos a Ian, quien no paraba de buscarme. ¡Que cínico! Era todo lo que cruzaba por mi mente al pensar en él. —¿Te lo puedes creer? ¡Una cita con Aaron Mcgregor —de nuevo, otro grito —. Mamá lo arregló, pero sólo sé que... —se detuvo en seco. La miré sin entender su reacción —. Diooos, no sé que ponerme. Escucha, nos vemos en el centro comercial, debo hallar algo genial — colgó la llamada y me apresuré a salir de allí. Mientras seguía mi camino ese nombre rebotaba en mi cabeza, jamás había visto a Samantha tan emocionada por salir con alguien... Y si nuestra madre lo había arreglada era porque ese chico tenía algo que a ella le interesaba demasiado... Dinero. ******* Durante la noche, decidí cenar en mi cuarto, y aprovechar para buscar al tan Aaron. En cuanto los resultados aparecieron, frente a mis ojos se abrió una imagen. Un hombre de cabello oscuro, tez clara y mandíbula fuerte fue lo primero que observé. Sus ojos marrones lo hacían lucir sensual, pero esa mirada perspicaz le daba un toque de misterio. Claro que toda esa imagen se cayó, en cuanto comencé a leer los titulares. "El nuevo romance de Aaron Mcgregor causa furor". " Un nuevo escándalo en la vida de los Mcgregor". "Sensual, pícaro y atrevido es el soltero más buscado de Nueva York". Y así podía seguir leyendo, sólo miles de novias, que acababan con los corazones rotos y otro playboy minado más. No me sorprendía que mi madre tuviera interés por él, después de todo era millonario. Me senté sobre la cama, con cuidado de no lastimar mi brazo y pensé. Él era una oportunidad para lastimar a Sam de la misma manera en que ella había hecho conmigo... Pero él... Se veía insoportable, del tipo de chico del cual he huido toda mi vida. Solté un suspiro y busqué mi celular. En cuanto Hope atendió no pude contener mi pregunta. —¿Por las dudas conoces Aaron Mcgregor? —ansiaba escuchar su respuesta. —Un hola ¿no? —me disculpe y comencé de nuevo—. La realidad es que no lo conozco en persona, he escuchado de él, ya que nuestra firma lleva los casos de la empresa de su familia. Pero hasta ahí llega mi conocimiento sobre él. —Entiendo... —un toque de desilución tomó mi voz, y Tope lo notó. —¿Me lo preguntas por algo en particular? —No... Bueno —dudaba si contarle o no. Era mi mejor amiga pero este tema era mejor hablarlo en persona —. Es complicado, te lo cuento mañana. —Está bien... —noté que no me creía del todo, pero luego hablaríamos —. Mejorate. Colgué, cuando la puerta de mi cuarto sonó. Sam entró sin más y me enojé. —Espera que al menos te deje pasar ¿no crees? —ella me observó confundida. —Perdón... No creí que te importara... —agregó. —Pues ya ves, ¿qué quieres? —evitaba mirarla. Porque sabía que de hacerlo no me contendría, ella no estaba acostumbrada a que yo hablara, pero eso se había acabado. —Ian está aquí... ¿Lo dejo pasar? —bufé con fastidio. Me había estado llamando, y lo había ignorado de todas las maneras posibles ¿qué no le quedaba claro? —Dile que por mi se puede morir, que poco me importa lo que pasé con él —me levanté y la saqué de mi cuarto. No veía la hora de regresar a mi departamento. Cerré la puerta con ímpetu y la trabé. Mis planes ahora eran otros. Regresé a la cama y desde la cama, busqué todo lo que pude sobre Aaron hasta dar con algo que me ayudara a encontrarlo... Y lo había conseguido. Un café... Muy exclusivo y de difícil acceso, a menos claro que pertenezcas a una familia importante... Como la mía. No era cien por ciento seguro pero, según la nota él solía desayunar ahí. Guardé el celular y me recosté. Le sonreí al techo... Todo comenzaría mañana. ******* Me había costado mucho vestirme con la férula puesta, pero estos tres días de búsqueda y espera habían al fin dado sus frutos. Desde mi lugar, a un costado del gran ventanal que daba a la calle, mi vista se centró sólo en aquel joven de traje oscuro, lentes negros y sonrisa caprichosa que acaba de entrar al café. Muchas mujeres volteaban a verlo, tenía presencia, nadie podía negarlo. Sonreí para mis adentros. Él caminó hacia una mesa, que al parecer por la actitud del mozo, estaba reservada sólo para él. Se sentó y su espalda daba en mi dirección. Observé mi reflejo en el ventanal... ¿Estaba segura de esto? ¿En verdad? Sacudí mi cabeza. No había estado viniendo los últimos tres días para ahora acobardarme. Respiré y me levanté. Caminé hacia a él, y sin que se diera cuenta me senté al otro lado de su mesa. Me observó confundido. —Vaya... Veo que hoy tampoco desayunaré tranquilo —su tono condescendiente me molestó. Sus ojos se encontraron con los míos, pero no había nada amable en ellos —. ¿Acaso ustedes no tienen otra cosa más que hacer, qué estar detrás de mi todo el tiempo? Esta iba a ser una larga... Y agotadora charla... . .
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