5-Charlas Incómodas

2037 Words
—¿Disculpa? —dije frunciendo el ceño y demostrando la apatía que era mi estado actual. —¿Qué? ¿Ahora me dirás que eres un pobre mujer y no una periodista anhelando un titular? —bufó. Su café llegó y este le sonrió al mozo, quien asintió con la cabeza. ¿Quién se creía este tipo? Ya me estaba arrepintiendo. ¿En que pensaba cuando creí que esto sería una buena idea? —. Habla no, ya te sentaste después de todo... —En primer lugar, te vendría bien ser un poco más educado ¿Quién te crees que eres? —¿de dónde había salido eso? Jamás le había respondido a alguien así... Trague, y tras ver su cara de estupefacción proseguí —. Si estoy aquí es para proponerte un negocio, y no para hablar de su majestad —acentué aquella palabra, dando a entender que me refería a él —. No eres tan importante en mi vida como para desear hablar sólo de ti. Eso te lo puedo asegurar —me levanté molesta. El brazo aún me dolía si lo movía de manera brusca por lo que mi salida no resultaba tan dramática como la había planeado. Él tomó mi muñeca izquierda y me detuvo. —Aguarda... —volteé y lo encontré observándome con curiosidad —. Tal vez... Puedo escuchar lo que tiene para decir. —¿Puede? —rebatí con sarcasmo. —Bien —agregó mirándome de manera cínica —. Tú ganas, la curiosidad es mi mayor defecto —achiqué los ojos pensando si en verdad esto era una buena idea... Él parecía ser tan insufrible como lo había imaginado... Pero por otro lado... Samantha lo quería y yo quería lastimarla... Para mi desgracia, él era mi mejor opción. Me dejé caer en la silla, en silencio me acomodé y quedamos frente a frente. Él decidió pedirle al mozo otro café, pero no acepté... Aún no era sencillo comer frente a los demás. —Tú dirás —agregó sonriente —. Soy todo oídos. Es notable que tu me conoces pero yo... No creo tener el placer de decir lo mismo. —Me llamo Alexandra Mcallister —extendió su mano hacia mi y la acepté. De pronto su expresión cambió, como si hubiera recordado algo —. ¿Sucede algo? —No... Nada —soltó con un aira de misterio en sus palabras —. Pero dime Alexandra ¿cuál es ese negocio por el cual interrumpes mi desayuno? —Simple... Una boda —abrió los ojos con sorpresa, y me miró extrañado como tratando de dilucidar si lo que había dicho era en serio o sólo una broma de mal gusto. Me gustaba experimentar con esta nueva faceta... Siempre había envidiado a mi germana, ella es tan sociable y con todos se lleva bien mientras que yo... Bueno, el contacto con los demás no era mi fuerte... Es difícil no poder controlar lo que los demás piensan en mi cuando yo misma sé que de seguro dirán lo mismo que mi madre... "Es lindo pero no para tu tipo de cuerpo", " ¡se te vería mejor si bajas unos quilitos". Y para escuchar esas opiniones ya tengo a mi familia, no necesito de extraños diciéndomelo. —¿Y puedo saber de la boda de quién hablamos? —Aaron se acomodó el cuello de la corbata, su morada lucía un poco sorprendida pero sobre todo como espantada. No me sorprendía después de saber como era. Recoste la cabeza hacia a la izquierda y con suma frialdad respondí. —De la nuestra —sonreí con un dejo de cinismo, tal cual como él lo había hecho minutos atrás. Entrecerro los ojos. —¿Hablas en serio? No... —negó en medio de una risita —. ¿Estás bromeando no? —No —lo corté de manera directa —. Y si dejaras de distraerte tanto, podrías escuchar con claridad lo que te ofrezco —mi mirada seria hizo que él se calmara y escuchara. —¿Y qué es lo que me ofrece la señorita? —su dedo rozó mi mano. Era notoria su necesidad de incomodarme. Aparté mi mano y procedí a contarle todo lo que había pensado hasta ese momento. —Es simple, cásate conmigo, y eso me ayudará a obtener algo que deseo mucho —su expresión era ilegible —. No tendrás que ser el esposo ideal, ni necesito más que tu mera firma en contrato para lograrlo. —¿Y la parte divertida cuál será? O mas bien... ¿Qué obtengo yo a cambio? Además de una bella esposa claro... —de nuevo su sonrisa lasciva y coqueta. Aparté mis brazos de la mesa, no deseaba que se encontrarán con los suyos. —Dinero, por supuesto —una vez más seguí siendo directa y sin trabas. Si quería que esto resultará no podía irme por las ramas —. Sé que estás empezando con tu propia empresa —su atención y seriedad vivieron a aparecer —. Y para eso se necesita de una fuerte inyección de capital que sé, que no posees. Pues tus padres no desean que la empresa familiar se fracture ¿me equivoco? —sonreí con un dejó de ternura pero demostrando que sabia de lo que hablaba —. Ellos desean a toda costa mantenerte en su negocio, y tu idea sin su dinero no puedes mantenerla por mucho tiempo... Pero... Con el mío sí. Entonces... —Aaron permanecía estático, observando pero soltar palabra alguna —. ¿Qué dices? Desvío la mirada de mi por unos segundos, en su interior analizaba a fondo cada palabra. Necesitaba que aceptara pero... No estaba seguro de cuanto tiempo podría soportar su actitud de niño mimado. —Debo admitir que para no ser periodista, estás muy bien informada. —Tengo buenas fuentes —agregué alagada. — La oferta es tentadora —agregó como si nada —. Pero si sabes que, y no te ofendas, puedo obtener ese capital de cualquiera de mis amigos ¿no? —Dudo que ellos acepten una enemistad con tu familia ¿o si? —rebatí sabiendo que lo que decía era cierto. Su familia era de las más poderosas, la mía frente a la suya, no era nada. Lo observé con curiosidad y con un dejo de soberbia, por primera vez en toda la conversación, era yo quien tendía las cuerdas. Dubitativo, bajó la mirada, y permaneció en silencio por unos segundos, hasta que volvió a fijar sus ojos marrones y potentes en los míos. Estos desbordaban seguridad y egocentrismo. Fruncí el ceño. —Aceptaré el trato... Pero con una condición antes —la comisura de su labio se elevó, y su expresión tranquila se volvió cínica. —¿Cuál? —Una noche de pasión con mi futura esposa, puede ser un gran aditivo a este trato ¿no crees? —me pasmé. Era un idiota —. Después de todo, si pasaré un año atado a una sola mujer espero que esta sea alguien con quien poder disfrutar de un buen acoston —lo idiota y desubicado de su respuesta me rebasó. Esta era una pésima idea. No soportaría vivir ni un sólo día con este ser, menos todo un año. Molesta me levanté de la mesa, tomé mi bolso y lo observé con enojo. —Espero que lo idiota se te quite algún día, así ves el gran negocio que perdiste por ser un completo imbécil —mis palabras desbordaban desdeños y molestia. Mientras él sólo sonreía varios de manera sarcástica. —¡Auch! —agregó tocando su corazón y volviendo a sonreír como si nada —. Era sólo un chiste.. No aguantas nada. No pasaré un año con una amargada —hervía de furia, quería golpearlo pero mi brazo bueno no podía hacerlo. Bufé furiosa y pegué la vuelta decidida a irme de ese lugar. Me planté asombrada y fúrica al ver a las personas que acaban de ingresar. ¿Cómo les daba la cara para salir juntos a un lugar público? Sabia que lo estaba por hacer era estúpido, sin sentido pero no me importaba. Era aún mas molesto verlos a ellos entrando y hablando como si no les importara lo que me hicieron. Por lo que al ser consciente de que nos verían giré, regresé sobre mis pasos y volví a acercarme a Aaron, quien sorprendido sonreía. —Vaya, volvis... —mi boca atrapó la suya en su beso impidiendo que pudiera decir algo. Era estúpido pero valdría la pena si ella nos veía. Me iba a apartar de él, luego de sólo besarlo por cinco segundos, literalmente, pero al separar nuestros labios él tomó mi espalda con una mano e impidió que me alejara a mas de dos centímetros de su boca. Esta vez era Aaron quien me besaba de manera apasionada y posesiva. Con el brazo que tenía sano lo alejé poco a poco sin parecer tan brusca. Al acabar el beso su brazo seguía sosteniendo mi espalda, y en su rostro una sonrisa sensual nació. Lo miré confundida y algo avergonzada. Aunque no tuvimos tiempo de intercambiar palabras. Samantha nos había visto, y de manera muy clara. —¿Alex... Qué sucede aquí? —la confusión y los nervios de no entender lo que acababa de ver se hicieron evidentes en su tono de voz. —Sam... No te había visto —dije sonriente. Al mirar a Ian este parecía contrariado y confuso. A él decidí ignorarlo. —¿Alexandra me puedes explicar que estás haciendo? —Ian se acercó a mi, lucía molesto, la ropa casual que ambos llevaban me daba a entender que no estaban ahí por negocios, por lo que probablemente era otra de sus salidas a mis espaldas —. Se supone que eres mi prometida... No deberías de andar besándote por ahí con... —observó furico a Aaron, este sólo respondió con una mirada sarcástica y una sonrisa burlona —. Con desconocidos. —Entre tú y yo no hay nada, Ian —tomé distancia de Aaron y enfrente a Ian cara a cara. Samantha nos observaba con molestia y un dejo de dolor —. Por algo cancelé la boda. —¿De qué hablas? —preguntó, y lo decía de manera genuina. —Alex... —mi hermana llamó mi atención de manera sutil —. Mamá no la cancelo... Dijo que sólo la atrasarían un mes por lo de tu brazo... —¿Qué? —estaba en verdad muy enojada. Había sido muy clara cuando desperté del accidente. No quería saber nada de Ian... No podía... No, estaba mintiendo, de parte de mi madre eso era muy probable. Bajé la mirada unos segundos pensando, tendría que arreglar todo yo misma, no podía contar con nadie más. Levanté la mirada y observé a todos con seguridad. Pasé de largo a Ian y proseguí hacia la puerta, al girar para encontrarme de nuevo con ellos, observé la figura de Aaron levantándose de la mesa. Fruncí el ceño un poco avergonzada por el beso que le había dado, pero este no parecía darle importancia. —Con permiso—pidió permiso a mi hermana e Ian y luego caminó hacia a mi —. Si nos disculpan tenemos que asuntos que arreglar —de su bolsillo sacó una especie de tarjeta que les mostró y la expresión de ambos al verla fue de sorpresa. ¿Qué será lo que lleva en la mano? Me alcanzó, y caminamos hacia la puerta, por lo que pude notar mientras discutía con mi hermana él ya había pagado la cuenta. Estando fuera sentía su cuerpo caminar junto al mío. Tenía una presencia importante. —Gracias por no decir nada... —esté negó sin mas y una pequeña sonrisa apareció —. ¿Qué les mostraste? —Un pequeño juguete, nada mas —sacó la tarjeta nuevamente, y al ver vi que se trataba de una llave de un cuarto. Abrí los ojos sorprendida por lo atrevido de su acción. Dios... ¿En qué me estaba metiendo —. Luces tan asustada como ellos —agregó con autosuficiencia mientras me guiaba hasta su auto. . . .
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