—Notas que no era necesario venir a este... Lugar —agregó mientras observo a fondo el departamento al que Aaron me pidió venir. Me siento incómoda, y algo preocupada de hasta donde cree él que llegará conmigo. Toco mi hombro derecho, con la mano haciendo notar mi incomodidad —. Deja que adivine ¿tu departamento de soltero?
Siento la presencia de Aaron detrás de mi, su mano encuentra la mía en mi hombro, me apartó y lo miró con enojo.
—Es una manera de decirlo, pero es mi hogar. ¿Querias hacer un negocio no? —dice levantando ambas manos a la altura de sus hombros —. No pretendo nada, puedes estar tranquila. Sólo me pareció que este lugar es mas tranquilo y podremos platicar más a fondo tu propuesta.
—¿En verdad es sólo eso? —respondo con cautela. Él asiente y su rostro parece inofensivo. Nos sentamos en el sofá. La decoración minimalista hace sentir a este lugar como un hogar y no como un motel a donde de seguro trae a sus conquistas.
—Por supuesto. Jamás he obligado a una chica hacer algo con lo que no esté cómoda y tú... —me observa un momento, sus ojos me examinan y me hace sentir un poco cohibida —, no serás la primera. Entonces... Ahora si hablemos con seriedad —se detiene un momento y ríe por lo bajo de manera burlona, como si rememorara algo.
—¿Qué sucede?
—Nada, sólo trato de asegurarme de estar a una distancia segura de ti —su sonrisa burlona se hace mas evidente, y me la dirige sin pudor alguno. Frunzo el ceño sin entender a qué se refiere —. No queremos que vuelvas a besarme sin mi consentimiento ¿verdad? —eleva una ceja esperando una respuesta. Abro los ojos con vergüenza, y mis cachetes se ponen colorados. Tragó y me siento derecha. No lo dejaré jugar conmigo.
Cruzo las piernas, y mi falda se acorta provocando una reacción de sorpresa por su parte. Trato de recordar todas las escenas de miles de películas que he visto, para poder coquetear sin parecer ofrecida. Sólo así podré jugar su juego.
Comienzo a hablar, y atento a cada palabra sus expresiones no parecen cambiar. Él se ve tranquilo y estable. No actúa como si lo que le estuviera diciendo fiera una completa locura.
—La propuesta es clara, un año de matrimonio —asiente —. Tú me ayudas a recibir la herencia que mi madre me dejó, y a cambio yo dedicaré una fuerte suma a tu proyecto de independización —lo observo sin bajar la mirada, consciente y segura de mis palabras aunque por dentro sienta todo mi cuerpo temblar —. Claro que habrá condiciones, como fingir ante nuestras familias, ser fiel y lo mas importante, nada de intimidad.
Una mueca de disgusto aparece en su rostro, inclino la cabeza para preguntar si tiene alguna duda.
—¿Un año sin intimidad? Que triste... Pensé que era juego esa parte, cuando me lo habías mencionado —sus palabras suenas cínicas, pero dos pueden jugar así.
—Eso es todo. ¿Vas a aceptar, o dejarás que tus impulsos retrógrados y la necesidad que tienes por tener una mujer diferente cada día en tu cama, te dejen fuera de un negocio que podría significarte un nuevo futuro? —sorprendido ante mi manera de hablar se calla y sonrío victoriosa —. Sería una lástima que sea la cabeza de abajo la que domina a la de arriba.
—Vaya... —me observa una vez más, no parece afectado por todo lo que le he dicho. Es más es como si no le importara —. Eso duele, pero tienes razón. Aunque no estoy convencido aún. Debo admitir que no te imaginaba de esta manera Alexandra Mcallister.
Sin entender sus palabras, corro mi cabello hacia un lado. Mi cuerpo comienza a sentir calor y las manos me sudan, esto de cerrar negocios resultaba mas sencillo en mi mente.
—¿A qué te refieres?
—Seré sincero cuando te conocí, ya sabia algo de tí —confundida lo incentive a seguir hablando —. Bueno, lo había escuchado. Claro que esas características no van con la mujer que tengo sentada frente de mi ahora —sonríe y por primera vez lo noto sincero, sin su capa de petulancia y sarcasmo como siempre —. Tímida, callada, cerrada y hasta malhumorada... Pero esas palabras no te hacen justicia. Eres muy diferente a como creía... Y eso... Me gusta, bueno excepto por lo del mal humor.—otra sonrisa, cálida y amigable. Este hombre era una caja de misterios.
Se levanta y camina hacia la ventana, donde se detiene a observar el paisaje. Edificios y mas edificios supongo que es todo lo que verá. Me levanto y lo sigo, me coloco tras de él y aunque tenía razón también me equivocaba, la vista hacia una pequeña plazoleta verde da justo aquí. Ninguno dice nada, y eso me resulta incómodo. Necesitaba saber cuál seria su respuesta.
—Aceptaré con una condición...
—Ya te dije que no me acostaré contigo —una pequeña risa escapa de sus labios.
—Lo sé, y no pretendo eso... Lo que quiero... —gira y nos encontramos frente a frente, sus ojos marrones se clavan en mis ojos celestes y no puedo evitar apreciar que en verdad es guapo, lástima que sólo sea un fanfarrón —. Es que me digas la verdadera razón por la cual haces esto.
Me quedó callada e inmóvil. Camino dando vueltas, pero no soy capaz de expresar con palabras las razones que tengo y que atormentan mi corazón en este momento. Aaron se sienta, y con él trae una botella de vino. Me la ofrece, y aunque odio beber la acepto. Necesito poder desaparecer el nudo que me impide hablar. En silencio nos observamos, y él espera paciente que diga algo pero nada.
Una copa viene después de esa y otra y otra... Sin darme cuenta la cabeza comienza a dolerme y mis reflejos se alentan.
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—Samantha siempre lo ha tenido todo —me escucho decirle, mi voz sale diferente, arrastro las palabras y mis pensamientos no son claros. Aaron me observa tratando de quitarme la botella, pero lo aparto. Se sorprende por lo fuerte del empujón, pero no se rinde.
—Me parece que ya fue suficiente —agrega quitándome la botella y llevándola a la cocina. Todo me da vueltas al levantarme con brusquedad del asiento. Él regresa a tiempo para evitar que vuelva a lastimarme el codo —. Sientate, si no te harás daño.
—Daño es el que me hicieron ellos... ¿Cómo pudieron? —mis fuerzas me abandonan y aunque al inicio mis palabras salen con ira, poco a poco se vuelven dolorosas —. Mi madre y mi padre... Siempre han estado para ella, es su adoración, su razón de existir y yo... Yo sólo soy el estorbo que le recuerda un pasado que él luchar por olvidar —las lágrimas comienzan a aparecer, la herida que llevo en mi pecho vuelven abrirse dejando que el nudo en la garganta desaparezca y me permita al fin hablar de aquello que todos los días me lastima —. ¿Pero por qué Aaron? —tocó su rostro, y este parece sorprendido ante mi toque. Sus mejillas enrojecen un poco, o tal vez sea sólo un truco de mi mente —. Porque tenía que quitarme lo único bueno que me había ocurrido en toda la vida —el sollozo se volvió incontenible y ahí, en su pecho, mis lágrimas mojaban su traje. Él me sostenía con tranquilidad y entereza, como nunca antes lo había hecho nadie, ni siquiera Ian. Sin decir nada, pero escuchando.
Caminamos hacia la cama, Aaron seguía en silencio, sólo me observaba con ternura o mas bien lástima. Pero yo... Al fin lo veía... Veía lo que las mujeres notaban en él... Y entendía sus comportamientos. Al dejarme caer en la cama me ayuda a acomodarme y cuando está por alejarse, tomo su cuello con mi mano sana. Lo acerco e intento besarlo... Él me detiene y confundida lo intento una vez más. Nuestros rostros quedan a centímetros, y puedo sentir su respiración cerca de mi. Quiero besarlo... Una vez más. El alcohol no me permite pensar con claridad, pero poco importa.
******
Despierto con mi cabeza dando vueltas, me cuesta abrir los ojos y el cuerpo me pesa. Intento sentarme en la cama hasta que noto que mi blusa no está, el brasier que tengo puesto tiene una tira suelta, Aaron está a mi lado, dormido y al parecer sin ropa. Abre los ojos con sorpresa,y frunzo el ceño sin entender que está pasando. Levantó, con miedo, la sábana esperando hallar mi falda, pero no estaba. Me hallaba semi desnuda en esa cama, y junto a mi estaba él. ¿Qué demonios pasó? No, no... No pude... Yo no... Y menos con este sujeto.
Con el mínimo ruido me levanto despacio, de puntas de pie me elevo y observo que mis pasos no despierten a Aaron.
Tomo mi falda y la blusa que están tiradas a un lado de la cama y corro al baño. Observándome al espejo no puedo creer lo que veo. Estoy despeinada y semi desnuda junto a un chico que acabo de conocer. Bajo la cabeza arrepintiéndome de haber ideado todo esto. Poco a pico se me escapaba de las manos.
Luego de vestirme, tomo mis cosas y me acerco a la habitación para asegurarme de que siga dormido. Mientras estoy ahí, noto un pequeño tatuaje en su cuello, o mejor dicho dos. En uno, un pequeño pájaro enjaulado del cual se desprende un pequeño camino que lleva a uno libre volando. Aaron comienza a moverse y me asisto por lo que saco un papel de mi bolso y escribo una pequeña nota.
"Gracias por escucharme pero olvida todo. Fue un error".
La dejo en la mesa junto a la cama y salgo sin ponerme los zapatos para evitar que me oiga. Ya fuera del departamento dejo escapar un suspiro. Saco el celular y hago una llamada.
—Hola... —la persona del otro lado parece dormida —. ¿Podemos vernos?
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