Desperté de momento, escucho la máquina de los latidos del corazón, muevo mi mano y siento la intravenosa en la vena de mi mano. Miro al ruedo de mi cama y veo a la loca que tengo por asistente. — ¿Qué yo hacer aquí? —pregunto haciendo que ella caiga al suelo del susto. —Yo solo diré en mi defensa que no sabía que eras alérgico a las almendras —dice Fabiola parada como soldadita. — ¿Qué me hizo ahora? –niega. —Yo solo hice lo que usted me pidió, le serví un poco de café con leche de almendra. —se encoge hombros. No puedo enojarme porque ella tiene razón solo mi mama y mi nana conocen ese detalle de mi vida. Se me había olvidado por completo decírselo a la chica frente a mí. —Ok —solo eso puedo decir no puedo explicarle en español todo eso de la alergia. La veo buscando su celular.

