Capítulo 4: ¿Estará enferma?

1256 Words
Soy como una sombra, apenas un reflejo de lo que él anhela tener cerca. Me enfrento a una dolorosa revelación, reconociendo mi masoquismo en esta situación. Me pregunto por qué sigo apegada a un hombre que me ignora por completo, que no muestra ni un ápice de afecto hacia mí. Estoy al borde de la exasperación, deseando deshacerme de esta relación y poner fin a este desafortunado matrimonio. Cada día me pregunto por qué él tiene la libertad de actuar como lo hace, mientras yo me veo obligada a quedarme en casa, sacrificando mis propios sueños y aspiraciones. Abandoné mis estudios después de casarme, con la esperanza de ganar su amor y afecto. Sin embargo, me doy cuenta de que ese sacrificio no ha sido valorado ni apreciado. Es como si cada avance que hago se vea seguido por tres pasos hacia atrás. El tiempo parece deslizarse implacablemente entre mis dedos, mientras me consumo en la incertidumbre. Si él nunca me amó desde el principio, ¿qué esperanza puedo tener de que me ame ahora? Estas preguntas me atormentan día y noche, mientras sigo atrapada en esta interminable agonía emocional. ★ Ángel Apenas había tomado unos tragos cuando Cristina irrumpió en mi oficina, desatando su acostumbrado escándalo. Su presencia inesperada me desconcertó, pues rara vez se dignaba a visitarme en el trabajo. Sentí una mezcla de sorpresa y nerviosismo ante su llegada, como si intuyera que algo inusual estaba por ocurrir. Al principio, entreveía la posibilidad de que trajera el almuerzo u otro motivo inocente para su visita. Con expectativa, aguardé a ver qué tenía que decirme, pero mis esperanzas se desvanecieron rápidamente cuando comenzó a reclamarme sobre mi encuentro con Leonor más temprano. Su acusación añadió una capa más de amargura a un día ya de por sí agotador. Permanecí frente a las imágenes, fijando la mirada en ellas con incredulidad. Las fotos, claramente sacadas de contexto, pintaban una versión distorsionada de la realidad. Nunca he traicionado a Cristina, y jamás lo haría. A pesar de mis errores y descuidos, tengo un profundo respeto por nuestra unión matrimonial, y la idea de tener un amante nunca ha cruzado mi mente. Después de sacar a Cristina de mi oficina, me senté en mi silla, sintiéndome agotado y frustrado. Respiré profundamente, intentando calmar los latidos acelerados de mi corazón. Recogí las fotos que había dejado sobre mi escritorio y saqué mi encendedor. La llama titilante iluminó el papel fotográfico mientras lo quemaba lentamente, como si quisiera deshacerme de los recuerdos que contenían. En mi mente solo existía una imagen que destacó entre las demás: una foto de Cristina cuando éramos jóvenes, corriendo feliz por el campo. Su sonrisa era contagiosa, y por un momento me vi transportado a esos días más simples y despreocupados. —Cristina, ¿por qué es tan difícil entenderte? ¿Por qué siento esta confusión tan intensa cuando se trata de ti? —murmuré para mí mismo, sintiendo el peso de la nostalgia. Traté de enfocarme en mi trabajo, pero mi mente seguía divagando hacia ella. Recordaba vívidamente aquel instante en mi oficina cuando estuvimos a punto de besarnos. Su presencia llenaba el espacio con una energía que me hacía olvidar todo lo demás, pero al mismo tiempo me llenaba de temor y confusión. Era un torbellino de emociones contradictorias: quería alejarme de ella pero al mismo tiempo no podía dejar de pensar en ella. ★Cristina Después de salir de la oficina de Ángel, caminé por las calles con la mente en un torbellino de pensamientos. Me sentía perdida y confundida, preguntándome cómo llegamos a este punto en nuestro matrimonio. La casa que alguna vez llamamos hogar ahora se sentía más como una cárcel. A medida que avanzaba por las calles iluminadas por las luces de la ciudad, el peso de la tensión acumulada en mis hombros se hacía más pesado. No sabía cómo enfrentar la situación, pero sabía que necesitaba tiempo para reflexionar y encontrar una solución. Al regresar a casa, decidí preparar la cena y retirarme a mi habitación. No sentí la urgencia de enfrentarme a Ángel en ese momento. Me encontraba exhausta física y emocionalmente, anhelando un momento de calma y paz. El sonido del auto de Ángel llegando a la propiedad rompió la quietud de la casa, marcando el inicio de otra noche llena de tensiones y conflictos. En mis sueños, reviví momentos de nuestra adolescencia, cuando éramos inseparables, confidenciándonos todo y compartiendo risas. Recordé cómo corríamos juntos para alcanzar el autobús escolar, mientras él se burlaba cariñosamente de mi lentitud. «¿Dónde se perdió eso?», me pregunté, mientras el recuerdo se desvanecía y me sumía en un sueño más profundo. ★Angel. Cuando llegué a casa, esperaba ser recibido por el aroma tentador de la comida y la sonrisa acogedora de Cristina en la cocina. Sin embargo, el silencio que me recibió fue abrumador, casi palpable. Cada paso resonaba en las paredes vacías, amplificando mi desconcierto ante la ausencia de mi esposa. El vacío en la cocina y el eco de mis propios pasos se convirtieron en compañeros inquietantes mientras subía las escaleras hacia mi habitación. El baño ofreció un refugio momentáneo, pero incluso el agua caliente no pudo disipar completamente la sensación de inquietud que me embargaba. Me preguntaba qué habría causado esta anomalía en nuestra rutina diaria. Al salir del baño, mis pasos me llevaron automáticamente hacia su habitación. La luz tenue de la lámpara junto a la cama iluminaba su rostro tranquilo, pero sus gestos y susurros en sueños revelaban un tormento interno del que no era consciente. —Cristina, cariño, ¿estás bien? —mi voz se deslizó suavemente por la habitación, buscando calmarla en su inconsciencia. Sus murmullos apenas audibles me llenaron de preocupación, despertando un nudo en mi estómago. ¿Qué demonios la atormentaban en sus sueños? Decidí quedarme a su lado, observándola en silencio desde una silla cercana. A pesar de las preocupaciones que nublaban mi mente, no pude evitar dejarme llevar por la belleza serena de mi esposa, una belleza que parecía resistir incluso en los momentos más oscuros de la vida. Cristina reposaba en la cama, envuelta en una atmósfera de serenidad y calma que contrastaba con el caos emocional que parecía reinar en nuestras vidas. Su respiración, suave y constante, era como una melodía reconfortante en medio de la noche. La luz tenue de la lámpara jugaba delicadamente en su rostro, resaltando cada rasgo con una suavidad casi etérea. Mientras observaba su semblante tranquilo, mi mente se sumergía en un mar de recuerdos que nos unían desde tiempos inmemoriales. Recordaba con claridad el día en que nos perdimos en el bosque durante un paseo escolar, la oscuridad acechante y los sonidos inquietantes que parecían envolvernos en un abrazo de incertidumbre. Pero también recordaba cómo nos aferramos mutuamente en aquel momento de vulnerabilidad, cómo nuestras manos se entrelazaron en busca de consuelo y seguridad. Fue entonces cuando comprendí que, más allá de cualquier adversidad, siempre estaría ahí para ella, dispuesto a protegerla y apoyarla en cada paso del camino. Esa promesa, arraigada en lo más profundo de mi ser, cobraba vida una vez más mientras la contemplaba dormir, recordándome la importancia de nuestro vínculo. Decidí acercarme con suavidad, dejando un beso ligero en su frente, como un juramento silencioso de lealtad y amor eterno. En ese momento, todo pareció encajar en su lugar, como si el universo entero conspirara para recordarme mi deber sagrado de cuidar de ella, protegerla de cualquier daño y amarla con todo mi ser. Aunque…
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD