Capítulo 3: ¿Por qué demonios me enamoré de un hombre sin corazón?

1416 Words
—Por favor, no lo hagas, aléjate de mí, Ángel —imploré con voz temblorosa. Pero él no se retiró. En lugar de eso, sus manos ásperas tomaron mi barbilla con firmeza, obligándome a enfrentar su mirada intensa. Por un fugaz instante, me perdí en la profundidad de sus ojos oscuros, como pozos sin fondo, pero el olor penetrante a alcohol que emanaba de su aliento me hizo apartarlo bruscamente. Él había vuelto a beber, su aliento estaba impregnado de esa familiar fragancia a licor mezclado con amargura. Estaba ebrio, o tal vez solo había tomado un trago. La incertidumbre se apoderaba de mí, pero una certeza se imponía: no quería ser besada a la fuerza. No quería ser objeto de sus muestras de afecto embriagadas, sus besos vacíos de verdadero deseo. Solo encontraba el coraje para besarme cuando estaba bajo los efectos del alcohol, no porque realmente lo deseara. ¿Qué tan repulsivo le resultaba besarme en sus cinco sentidos? —¿Y luego te quejas, Cristina, de que busque un amante? Deberías aprender a satisfacer a tu esposo, pero eres tan fría que ni siquiera puedes corresponder a un beso. Eres una inútil, no sabes cuánto te odio… ¡LÁRGATE YA! —rugió con amargura, mientras me empujaba violentamente fuera de su oficina. El sonido sordo de la puerta al cerrarse resonó en mis oídos, marcando el final de otro amargo enfrentamiento. Sabía que fue un error venir. Él está acabando conmigo poco a poco, desgastando mi espíritu y erosionando mi fortaleza. Y cuando finalmente lo haga, cuando me convierta en un mero cascarón vacío, no querré tenerlo cerca. Lo único que está logrando es que lo odie y lo desprecie con cada fibra de mi ser. «¿Cuándo dejé de importarte, Ángel?» me preguntaba en silencio, mientras secaba mis lágrimas con las manos temblorosas. Éramos felices de niños, llenos de inocencia y alegría. Corríamos libres por los campos, sin preocupaciones ni conflictos. Pero todo cambió con ese maldito matrimonio. Ahora, mi vida es una serie interminable de peleas con Ángel. No hay paz ni tranquilidad en nuestro hogar, solo tensiones y resentimientos constantes. Ni siquiera compartimos la misma cama, cada uno está atrapado en su propio mundo de soledad y desolación. Hay secretos que él ignora, verdades que temo revelarle por miedo a su reacción. Él hace lo que quiere, y todas las noches regresa a casa con el olor a licor impregnando su piel. Sé que está con ella, esa mujer que ha logrado cautivar su atención y su corazón, pero me siento aliviada de que vuelva a casa cada noche, aunque sea para sumergirse en un sueño embriagado. ¡Qué pensamiento tan estúpido! ¡SOY UNA ESTÚPIDA! Una de las cosas que él desconoce es que una noche, estando él sumido en un estado de embriaguez profunda, nos entregamos el uno al otro. Sus labios, que en otras ocasiones eran ásperos y distantes, esa noche me besaban con ternura, con un cariño que parecía olvidado desde hace años. Me dejé llevar por el deseo que inundaba mi corazón, una llama que parecía haberse extinguido hace mucho tiempo. Él me tocó, explorando cada rincón de mi cuerpo con una pasión renovada, como si redescubriera la belleza oculta en mí. Me hizo vibrar y soñar entre sus brazos, transportándome a un lugar donde solo existíamos él y yo, sin las sombras del resentimiento y la amargura que nos acechaban en la vida cotidiana. Lo extraño. Extraño sus caricias, sus manos recorriendo todo mi ser con delicadeza y devoción. Extraño la forma en que su m*****o duro entraba dentro de mí, desatando una tormenta de placer que hacía que mi corazón latiera con fuerza. Entre gemidos entrecortados, le pedía más, anhelaba sentirlo más cerca, más profundo. Él no paraba, no había espacio para la contención o la moderación en ese momento de pasión desenfrenada. Ambos nos besábamos con amor, con una intensidad que trascendía las palabras. Yo lo besaba así, con todo el amor y la ternura que podía reunir en mi corazón. Pero en lo más profundo de mí, deseaba que todo fuera un sueño, una ilusión pasajera que se desvaneciera con las primeras luces del amanecer. Para él, esa noche fue solo un borrón en su memoria, un fragmento temporal de una realidad distorsionada por el alcohol y el olvido. No recordaba nuestros momentos de pasión al despertar, ni el calor de nuestros cuerpos entrelazados ni el eco de nuestros susurros de amor en la oscuridad de la noche. En un intento desesperado por mantener viva la llama de nuestro amor, me levanté temprano esa mañana, me sumergí en un baño relajante y me vestí con una pijama cómoda y familiar. Comencé a preparar su plato favorito, macarrones con queso, mientras tarareaba una canción de nuestra infancia, una melodía que solíamos cantar juntos en los días felices que parecían tan lejanos ahora. Pero de repente, como una sombra acechante, sentí su aura fría y distante detrás de mí, rompiendo la ilusión de paz y armonía que había intentado construir en la calidez de nuestra cocina. Él lucía molesto, con el ceño fruncido y los labios apretados, su mirada esquiva denotaba una tensión palpable. Me preguntaba qué había hecho para incomodarlo. Tenía la sospecha de que mi propia felicidad le resultaba irritante, como si fuera un recordatorio constante de algo que él no podía alcanzar. —¿Por qué cocinas? Deja que Nanny lo haga, no quiero morir envenenado —dijo con un tono cortante que atravesó mi pecho como una daga afilada. Su voz era una mezcla de desdén y desagrado, resonaba en la habitación, inundando el aire con una atmósfera pesada. Cada palabra que salía de sus labios era como un golpe directo a mi autoestima, una confirmación dolorosa de que nunca sería suficiente para él. Aunque sus palabras me hirieron, seguí cocinando. Mis manos se movían con agilidad sobre los utensilios de cocina, mientras mi mente luchaba por comprender por qué sus palabras tenían ese poder sobre mí. Quería hacerlo todo por él, darlo todo. Estaba ilusionada pensando que después de esa noche juntos, las cosas mejorarían entre nosotros. Así que solo sonreí, tratando de ocultar el dolor que me causaba, y le aseguré que yo cocinaría algo que deleitaría su paladar. —Cristina, seamos honestos, tú no sabes cocinar ni siquiera el agua, creo que los perros comen mejor que nosotros —dijo con un desdén. Sus palabras resonaron en el aire, dejando un silencio incómodo que se apoderó de la cocina. Observé cómo se alejaba con paso firme, sintiendo cómo cada uno de sus pasos era un golpe directo a mi corazón. Aun así, intenté detenerlo, extendiendo una mano temblorosa en su dirección. —Ángel, espera, la comida está casi lista... ¿Recuerdas lo que pasó anoche? —pregunté incrédula, en un susurro entre el ruido de mis propios pensamientos. No podía creer que estuviera tan borracho como para no recordar cómo me tocaba, cómo hacíamos el amor en su cama, que más bien era su cama, ya que él tenía la habitación principal y yo solo dormía en una de invitados. ¿Tan insignificante soy? Me siento patética y sin autoestima. —Seguramente no era nada bueno como para recordarlo. Si realmente quieres que muera por intoxicación, comeré tu comida —me miraba con ojos de hielo, podía ver que no estaba mintiendo, realmente no recordaba nada. Su expresión era impasible, como si estuviera distante de todo lo que lo rodeaba, incluyéndome a mí. —Ángel, llegaste borracho anoche otra vez, le estás haciendo daño a tu hígado, por favor, no bebas tanto —supliqué, con la esperanza de que mis palabras pudieran penetrar esa coraza de indiferencia que lo rodeaba. Él suspiró y se dio la vuelta, con pasos pesados que resonaron en el suelo de la cocina. Sentí que ese día evitaba pelear conmigo, o simplemente trataba de soportarme, como si fuera una carga demasiado pesada para él. En el fondo, consideraba que era mejor que él no recordara, porque si lo hiciera, podría pensar que me estaba aprovechando de él para entrar en su cama. Su mentalidad era así, podría tacharme de ser una cualquiera, una persona que solo busca migajas de su amor. Dejé de hacer lo que estaba haciendo y subí a limpiar su cama, con pensamientos en mi cabeza de que quizás solo soy un objeto más para él. ¿Por qué demonios me enamoré de un hombre sin corazón?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD