Capítulo 1: El Pahkan

2491 Words
Verónica. Luego de oír esa interesante conversación entre ese par de imbéciles estos deciden llevarme con mi nuevo dueño. Sus palabras no las mías. Yo no tengo dueño. Estos me tapan la cabeza con un saco n***o y la oscuridad me cubre lo que solo aumenta mi rabia y ansiedad. Aguanta Verónica. Ya llegará tu momento de venganza. No todo el tiempo estarás en el suelo. Cuento hasta cien o más para calmar mis emociones y no darles la satisfacción de verme llorar. Ahora que lo pienso desde que me secuestraron no he llorado. Digamos que soy un ser completamente extraño. Nunca hago lo que se supone que se espera de mí. Siempre le ando buscando la vuelta a las cosas en especial a los problemas. Cuando me encerraron junto con otras diez chicas de distintas nacionalidades lo único que hice en vez de llorar y desesperarme fue consolarlas. Desde que mi padre nos abandonó y mi madre se volvió alcohólica me tocó madurar de golpe a la tierna edad de ocho años. Era eso o morirme de hambre. Además de aprender a defenderme de los cerdos que metía a su casa para coger que algunas veces me miraban de una manera que hoy en día aún me aterra. Fui feliz cuando el único familiar que me ama me sacó de ese infierno porque sé que si seguía ahí me iban a hacer algo muy malo e irreversible. Mi dulce tía María fue quien me rescató de ahí y le estaré eternamente agradecida. Todos mis demás familiares hicieron de la vista gorda ante lo que estaba ocurriendo conmigo. Según ellos luego de tantos años de silencio es que no podían agregar otra boca más. Sin adornos. Son unos desgraciados. En fin, eso ya pasó y gracias a mi tía María pude estudiar con mucho esfuerzo y graduarme de profesora de idiomas. Me costó años de trabajo, sudor, no dormir y endeudarme para lograrlo. Y lo hice. Porque Verónica Rodríguez no se rinde ante las adversidades. Saco pecho como las palomas. Normalmente soy una persona pasiva y sonriente que nunca dice groserías. Hasta que me sacan la piedra y ahí si que me sacan la clase. Más específicamente se me sale el petarito. Me río bajito porque ese es un barrio en mi país que es bastante popular y lleno de gente humilde que son entre buenos y malos. ¿Pero en qué lugar no hay un sitio así? En todos lados. No joda como desearía comerme un par de arepas con mantequilla y queso. Tengo hambre. Estos cabezas de huevo me llevaron justo cuando iba a comerme algo. Y eso fue hace horas. Cómo trabajan de rápido estos desgraciados. Tan ilusionada que estaba de empezar de cero en un nuevo país y me pasa esto. Sí que estoy salada. Ya comeré algo luego. Ahora lo más importante es averiguar a lo que me enfrento y como salir bien parada de esto. Porque yo soy como los gatos siempre caigo de pie. Finalmente la vans se detiene y al poco rato me sacan a trompicones de ahí, y juro que intento no darles un codazos porque me están lastimando sin motivo cuando estoy cooperando. Por ahora. Sonrío con diversión porque no saben a la loca que le estarán entregando a ese líder de la mafia rusa. Espero que mi locura no me lleve a la muerte tan rápido. Quiero enloquecerlo un poco antes. —Con cuidado animal, no queremos que la mercancía tenga moretones. —Ya, ya. La perra no quiere caminar rápido. Maldito. ¡Camino lo más rápido que puedo! Ellos son unos gigantes de metro ochenta y yo solo mido setenta y dos y peso sesenta kilos. Es obvio que no doy grandes zancadas. Oigo el ruido de metal abrirse y más rusos hablando diciéndose códigos que creen que no entiendo. Voy a explotar esto el tiempo que logre contener mi lengua. Para mí mala suerte cuando me arrecho suelo decir lo primero que se me viene a la mente. Sea bueno o malo. Aunque siempre es más malo que bueno. Detalles. Solo mantén tu mente centrada en sobrevivir. Siempre lo has hecho así Verónica. Aún sin ver puedo sentir el cambio en el ambiente. Las voces se detienen, creo que están en una fiesta o algo así. Es como si algo más pesado y turbio se asentara aquí. Y sé que estoy en la casa del mismísimo diablo. El Pakhan, el manda más de la Bratva. Mi dueño y mi verdugo. —Ooh, una nueva esclava. Cuando se canse me la presta para divertirme. Es preciosa, y eso que todavía no veo su rostro—Dice la voz ronca y lasciva del hombre. Eso me causa una arcada y tengo que respirar con pausa pasa no vomitar pero es difícil con esta cosa en la cara. Todos se ríen como si eso fuera gracioso como si el abuso hacia una mujer fuera algo aceptable. Pero que tonterías dices Verónica. Es obvio que es normal ya que aquí es la maldita Bratva. Ya no estás en Venezuela dónde irónicamente eras libre apesar de la opresión que se veía ahí. Eso me causa un dolor lacerante en el pecho pero me obligo a prestar atención porque no sé que a me estoy enfrentando. Las risas y palabras mescladas me cuestan bastante entender, sabiendo que con el tiempo aquí será más fácil para mí. Y eso que practiqué mucho antes de venir pero digamos que no se compara a rusos ebrios o muy emocionados. —¡Silencio! La voz atronadora y dominante logró que todo el mundo se callara y hasta a mí me provocó un estremeciento de terror. Esa voz es grave, gruesa y con un tinte de peligro que me deja claro a quien pertenece. Al Pakhan. Trago saliva y me paro derecha negándome a mostrarme más vulnerable de lo que estoy. Jadeo irritada cuando me quitan sin precio aviso la capucha y parpadeo un par de veces para adaptarme a la luz de nuevo. Oigo el cuchilleo bajo de algunas personas y se que es por mí aspecto. Muy poco se vé a gente de color. Una negra como yo. Me encuentro en una enorme mansión llena de lujo dónde quiera que mire con personas ataviadas en elegantes y seguramente caros atuendos que ni mi sueldo de diez años lograría comprar. Demonios que pobre soy. El punto es que una pesada mirada me eriza los bellos de los brazos y guío mis ojos negros en esa dirección para hallar en una especie de trono como si un fuera un rey a un hombre. Pero qué hombre maldición. Es un rubio de mirada gris más fría que el océano antártico de melena rubia larga que le cae a los hombros en suaves ondas que me gustaría acariciar. Su mandíbula cuadrada con barba espesa pero bien cuidada que lo hace ver tan salvaje y tan masculino. Aún con toda esa ropa tapándole puedo divisar unos tatuajes coloridos en las muñecas y un poco en su cuello. ¿Tendrá más en su cuerpo? Mierda, ese es exactamente mi tipo de hombre perfecto. Siempre me gustaron los tipos que se ven rudos, dominantes y sexys como el infierno. Tuve un novio que se le parece solo que jamás a su nivel. Este hombre, este rey de las tinieblas es mucho peor. Y nunca la oscuridad me pareció tan atrayente. ¡Céntrate Verónica! Aún así no puedo evitar apreciar la obra de arte que es. Ni como su sobria ropa lo cubre porque esos pantalones negros se ajustan a sus largas y musculosas piernas y aquella camisa manga larga blanca se aprieta a sus brazos dejando a la vista sus bíceps enormes. ¿Cómo sería estar atrapada entre ellos? ¿Vas a seguir Abigail? Sino logras pensar con la cabeza de arriba y no con linda no vas a sobrevivir. Noto que su ceja espesa que acompaña a sus ojos grises tupidos de pestañas largas se arquea. Y sé que es porque no he apartado la mirada en ningún momento de su persona. Cosa que no puedo evitar. Está para comérselo. Doy un traspié cuando uno de mis captores me da una bofetada. —¡Zorra, no tienes permiso de mirar a la cara al Pakhan!—Vocifera el tipo airado. En cambio yo me muerdo con fuerza el labio hasta sentir el sabor metálico de mi sangre. No joda como desearía darle la coñiza que se merece. Coño, ¿este tipo mamadisimo es el Pakhan? Creí que sería calvo y panzón. Salto del miedo al oír un disparo cerca de mí y el idiota que me pegó cae muerto con un agujero en la frente. Alzo la mirada aterrada para ver al mismísimo Pakhan con el arma elevada apuntando al ya caído hombre. —Nadie toca mis cosas y sale vivo. Lo quiero fuera de mi vista—Dice el Pakhan serio e imperturbable. Inmediatamente veo como dos hombres de traje se llevan al muerto y yo no paro de temblar. Y así sin más unas mujeres vestidas de sirvientas como en las películas limpian rápidas y eficientes. Cómo desearía tener ese servicio en mi casa. Mierda Verónica céntrate. Ya se habrán dado cuenta lo mucho que me distraigo. La gente a mi alrededor también está igual de aterrada. Algunos sé que son la familia de los miembros de la mafia y los que solo observan con respeto y miedo pertenecen aquí. Que locura. Y eso que yo estoy loca. Veo como el líder hace una seña y la música vuelve a sonar y la gente sigue su plática como si nada. Oh dios ¿en dónde me metí? A mí lado el otro tipejo que me trajo tiembla a la vez que el mandamás se nos acerca. Trato, juro que trato de no agachar la mirada pero es difícil. El tipo me intimida en la madre porque es un gigante. Si yo creía que mis captores eran altos él les gana con creces. El Pakhan les pasa con facilidad porque no creo que alguien pueda igualar sus dos metros y pico. Ni sus músculos que ahora noto que son bastantes pronunciados estando de pie. Ya no me siento tan segura de poder sobrevivir. Si no le tembló el pulso hace rato para asesinar a uno de sus hombres que me espera a mí. —Eres una cosa interesante krasivyy. Trabajo duro para que mi sorpresa no se note en mi expresión ante como me ha llamado. ¿Le parezco hermosa? Quizás eso me ayude a sobrevivir. Aunque algo me dice que puedo salir mal parada aquí. Igual me aferrare a cualquier posibilidad de seguir con vida. Otra vez hace una seña y otro de sus guardias me toma esta vez con cuidado y me guía por unos pasillos hasta que dejamos el salón de fiesta atrás. Dónde quiera que mire es puro lujo y cosas que nunca esperé ver en vida. Ni en muerte. En fin, me encierran en un cuarto, uno que no es feo ni pequeño. Es enorme, más que la casa dónde viví el resto de mi niñez y adolescencia. Que rico es tener plata. Beneficios que te da ser el líder de una de las mafias más grandes del mundo. Estando a solas me siento resignada a que no podré escapar de aquí. Talvez con los pies por delante. Mierda ya, no seas pesimista. Debería estar llorando llena de histeria pero no puedo. Intento y no me sale. Solo pienso en como salir viva. Ya el pánico vendrá después. Pavel. Ser el líder de una organización tan grande e importante del mundo es sumamente agotador y estresante. Sobre todo cuando imbéciles como el que maté hace este tipo de espectáculos. No soy de derramar sangre de buenas a primeras pero ese inútil se lo ganó cuando la tocó. Sé supone que es un regalo para mí y que solo yo puedo tocarle. Y sé atrevió a tocarla. No podía dejarle vivir. No soy partidario de la trata de personas ni la prostitución. De hecho cuando tomé el control de la Bratva luego de que mate al maldito de mi padre hice una limpieza profunda. No permitiré trata de personas en mi mando. Mi madre fue víctima de eso. Mi padre la compró y la obligó a tenerme. Solo tenía catorce años. Luego a los dieciséis tuvo a mi hermana Svetlana. Ella es mi única debilidad y la cuido con todo el poder que tengo. Quemaría el mundo por ella. Lastimosamente no pude tomar el poder a tiempo y no salvé a mi madre. Mi padre, ese maldito la mató a golpes. Por eso lo mate igual o peor. Alargue su agonía días e incluso meses hasta finalmente cegarlo de este mundo al que le hizo tanto mal. Es hasta poético. Por eso y por la memoria de mi madre no hago este tipo de cosas. Sé que no puedo erradir la trata de personas pero si la prohíbo en mis tropas. Al que maté es solo un peón de una banda pequeña y siempre me han mujeres de todo el mundo para mí. Algunas las regresó a sus países y otras se quedan trabajando como empleadas porque dicen no tener a dónde ir. Quizas debería dejar ir la morena. Pero me puede la curiosidad. Nunca me habían traído a una latina. Estando ahora más calmado por dentro porque por fuera nunca muestro lo que realmente siento me vuelvo a sentar en mi trono. Porque lo es para mí. Mandé a crear esta silla estilo rey Arturo porque eso es lo que soy. El rey. Y esa mujer con su piel oscura que hace juego con sus ojos negros tan llenos de luz y bondad. Esa que yo perdí desde que era niño es tan atrayente. Me admira que no me tenga miedo, al menos no tanto. Creí que me molestaría su mirada en mi y que no la bajara como todos pero todo lo contrario. Me gustó. Nunca una mujer antes me había intrigado como ella. No la ví llorar ni suplicar porque la dejaran ir. Siempre mantuvo el mentón en alto y los hombros rectos. En vez de enviarla a alguna mazamorra le indique que la llevaran a una habitación del ala sur. Me intriga. Sé que es latina, ¿pero de que parte? Quiero saber hasta el mínimo detalle. Sé que sería fácil mandarla a investigar y en minutos sabría todo de ella. No lo haré porque prefiero descubrirlo por mi mismo. Siento que estoy ante un placentero reto. Pobre krasivyy no sabe en qué manos ha caído. Mini glosario Venezolano: Sacar la piedra: Significa que has perdido la paciencia con la otra persona. Petarito: Un barrio muy conocido de Venezuela. Cabezas de huevo: Un insulto venezolano muy usado. No joda: Una expresión para referirse a algo. Estoy Salad@: Se refiere a que tienes mala suerte.
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