Capítulo 2: Supervivencia.

2166 Words
Verónica. No sé cuántos días han pasado desde que llegué a esta jaula de oro pero siento que me estoy volviendo loca. En serio. Solo duermo, como, defeco y miro por la ventana ese hermoso jardín que anhelo tanto poder estar ahí para tocar sus flores. Sé que el invierno se acerca porque es algo normal en este país. Es más invierno que otra estación. Solo debo aguantar. No pienso rendirme. He sobrevivido a cosas peores. Nunca como esta. En eso mi conciencia tiene razón, estoy secuestrada por la Bratva. Y soy la esclava del mandamás. También debería estar seca de tanto llorar y pedir que me dejaran ir solo que desde temprana edad supe que con llorae y suplicar no se iban a lograr nada. Igual pase hambre y miedo. Mi madre jamás se condolió de mí. Y si madre que se supone que debería protegerme no lo hizo mucho menos lo hará esta gente que no le tiembla el pulso para matar. Por lo menos no me han dejado morir de hambre. Solo de aburrimiento. Las empleadas solo entran para dejarme comida y salen. Tampoco trato de hablarles porque nadie sabe que entiendo su idioma y me da miedo que algo malo me pase por eso. Además el factor sorpresa es bueno. Solo espero que esto no me traiga más problemas. Me miro en el espejo suspirando porque esta gente no me trata como su prisionera sino como una invitada y eso es más aterrador. Tengo ropa, comida y nadie me molesta. Pero algo me dice que todo esto tiene un precio. Y el precio lo pagará mi cuerpo. Al recordar al temible Pakhan un escalofrío me recorre entera. Lo malo es que no fue desagradable porque el maldito está más bueno que el pan y sé que no opondria a que me toque como le dé su gana. ¿Qué? Ya saben que algo va muy mal con mi cabeza. Nunca reacciono como debería. No seré un mar lágrimas y desesperación. De hecho no recuerdo la última vez que lloré. Creo que fue cuando él último novio de mi madre trató de abusar de mi y busqué ayuda de mi mamá pero ella me acusó a mi de provocarlo. Me gané una paliza. Nunca la perdonaré. Me paralizo cuando la puerta se abre y por ella entra un hombre que se ve tan alto como el líder pero en su rostro tiene una cicatriz que le cruza el ojo derecho y su piel blanca en el cuello está cubierto de tatuajes. También usa traje, uno a la medida que se le ajusta a todos sus músculos. Su pelo n***o está corto y sus ojos verdes son tan fríos que son capaces de competir con un iceberg. ¿Que querrá? —Sal, te espera en su despacho. El asombro cruza mis facciones porque no creí que él supiera español. Me levanto con lentitud y paso por su lado sintiéndome un hobbie porque este tipo es enorme. No sé lo que me espera pero entro en modo supervivencia. No llegué hasta aquí para dejarme morir sin luchar. Y usaré mi engenio y belleza para lograrlo. Camino por el laberinto que es esta mansión llena de lujos y cuadros abstractos. Las empleadas iban y venían concentradas en sus quehaceres y las envidio porque a mí solo me mantienen encerrada mirando a las paredes. La televisión me parece aburrida y solo son canales latinos, supongo que lo programaron así por mí. Sé que debo estar agradecida porque no me han tratado como lo que soy su prisionera. Pero el ser humano no está hecho para conformarse siempre queremos más y más. Finalmente llegamos a una puerta de lo que creo que es su oficina. El hombre a mi lado toca dos veces y la puerta se abre indicándome que entre así que lo obedezco con aprensión. No sé que me espera. A mis espaldas se oye la puerta cerrándose y al mirar sobre mi hombro me doy cuenta que me ha dejado sola con el Rey Demonio. Mierda. Y ahí lo veo tan imponente e imperturbable sentado en su silla giratoria detrás de su escritorio donde se podía ver unos documentos y una laptop. Todo se vé tan sobrio, tan él. Todo el lugar es puro lujo y otra vez los cuadros abstractos están por doquier dejándome claro que le gusta mucho ese estilo de arte. En cambio a mí me gusta más los paisajes y tonos alegres no algo que me dé depresión. Supongo que cada quien elige lo que su alma es en el fondo. Su mirada gris fría me observa de una forma crítica y no sé que quiere de mi porque ya llevo tiempo en este lugar. Noto que saca su teléfono y escribe algo en él y luego me lo pasa. Oh vaya, está usando traductor desde su teléfono. Eso me dan ganas de reír pero no lo hago porque no soy tan estúpida. Me concentro en el texto y al comprender frunzo el ceño. ¿Me quiere como su sirvienta personal? ¿Eso significa que tendré que ponerme ese uniforme horrible? Aprieto la mandíbula con disgusto y aspiro hondo porque lastimosamente no puedo negarme. —¿Debo abandonar la habitación e irme al área de los empleados? Seré una sirvienta así que no debería estar ahí tampoco—Digo incómoda. Ahogo una sonrisa cuando noto que había activado el traductor en el momento que hablé. —No. Tu quedar ahí—Masculla en un español rústico. Y juro que quise evitar reírme pero sonó tan chistoso que me reí. Enseguida me tapo la boca alarmada esperando el estallido de ira pero solamente me mira arqueando una ceja y luego se levanta. Yo me congelo mientras se acerca a mi hasta que me acorrala contra la puerta y su enorme cuerpo musculoso. Me jodí. Hoy moriré. Tiemblo a la espera de su ataque. Pero en vez de eso su nariz se pasea por mi mejilla y recorre mi cuello causándome un rico escalofrío. También percibo su olor agradable a crema para afeitar y su perfume. Hoy luce un jeans negros, zapatos de vestir y una camisa manga corta dejando a la vista sus coloridos tatuajes. Aún con las ganas de tocarlos me abstuve de hacerlo porque no quiero meterme en más líos. —Aprenderás a respetarme krasivyy. O te enseñaré yo por las malas y te gustará—Murmura Pavel con voz ronca. Luché por no delatarme ante él porque he entendido todo lo que ha dicho en su idioma. Pero el Pakhan no lo sabe. Y por ahora es lo mejor. Algo me dice que cuando se entere me va a castigar. Y no sé porqué me excita. —Vete. Aturdida aún pareciéndome chistoso su español le hago caso. No sé porqué siento que esto es el inicio de algo más grande. Pavel. Interesante, cada día está chica llama mi atención de una manera que me está irritando porque jamás me había pasado algo así. Y eso en mi mundo es sumamente peligroso. No debo olvidar que a pesar de mi poder siempre habrá gente que me quiera matar y usará cualquier cosa para doblegarme. No digo que la Morena sea importante para mí porque apenas la conozco pero me conozco a mi y si sigo así las consecuencias serían catastróficas. Sé que debería devolverla a su país y quitarme la tentación de encima solo que cada vez que estoy tomando el teléfono hago exactamente lo contrario. Y ahora esto. La convertí en mi sirvienta personal. Eso es terreno resbaladizo. Pero también es la oportunidad perfecta para descubrir porqué hasta ahora no ha entrado en pánico y si de verdad no entiende nada de lo que hablo. Porque a veces pareciera que si puede. Y si lo descubro la castigare. Nadie le vé la cara de estúpido al Pakhan. ¿De que manera? Ya decidiré por el camino. Otra cosa que me fascina y me desconcierta es que no me teme. Siempre me mira a los ojos con el mentón en el alto y los hombros rectos. Sin olvidar que hace un momento se río de mi patético español. Cuando me levanté era para asustarla pero cuando estuve cerca de su curvilíneo cuerpo me olvidé de todo. Su rico olor a flores y sus ojos de sierva me provocaron fue comerme su boca rosada. Con aquellos labios gruesos y húmedos que me invitaban al morderlos. Agradezco mucho a mi férreo control porque sino me la habría follado. Talvez debería hacerlo a ver si se me pasa la obsesión. Si como no. La puerta vuelve a abrirse y por ella entra mi segundo al mando Alexei Ivanov quién se ha criado conmigo desde joven en el bajo mundo. Entre los dos nos abrimos paso para derrocar al malnacido de mi padre y tomar el poder. Entre otras cosas. Este me mira serio y yo arqueo una ceja esperando a ver qué quiere. —Pavel, ella te gusta y no te gusta como otras mujeres. Sabes que eso en nuestro mundo es letal—Acota Alexie tajante. —No soy tan estúpido. Si, me atrae pero solo porque es un rostro nuevo no más—Aseguro irritado. Él me mira escéptico y sino fuera porque hay un nivel de confianza le habría disparado por atreverse a cuestionarme. —Eso espero porque he visto hombres poderosos caer por culpa de una cara bonita. Ya sabes lo que le pasó al Espectro con su esposa su obsesión casi lo destruyó—Alega Alexei. —¡Basta! Te recuerdo que eso no pasó. Ese hijo de puta es tan sádico como nosostros y demostró que por muy enamorado que estuviera seguía siendo el mismo sanguinario—Digo molesto. El Espectro es un un asesino letal y una sombra que solo esparce terror y sangre allá donde vaya. Su identidad nadie la conoce a excepción de mi y porque un día salvó mi vida. Así que le pagué ayudándole a recuperar a su mujer. Ahora es un hombre felizmente casado y con una familia. Le envidio. Ojalá yo pudiera tener eso. Sé que un día deberé tener un heredero. Pensar en eso me pone de mal humor porque traer a un inocente aquí es como cortarle las alas a un ángel. Me prometo que si eso pasa lo protegeré lo mejor que pueda para que no viva lo que yo. Gruño mientras camino a largas zancadas hacia mi gimnasio personal y ahí descargo toda mi ira. El ruido sordo que hace el saco de box antes mis golpes se sincroniza contra los golpes de mis puños desnudos. Me giro tomando del cuello al invasor que se atrevió a tocarme y la levanto unos centímetros del suelo. El terror me invade cuando reconozco a la persona y la suelto enseguida y ella cae al suelo tosiendo con desesperación. —Svetlana, joder lo siento. ¿Te hice daño? Sabes que no debes acercarte a mi cuando estoy así de cabreado. Jamás te haría daño adrede—Musito desesperado ayudándola a levantarse. Ella me mira con dulzura como si hace solo unos minutos casi no la hubiera estrangulado. Sin duda no merezco a este ser de luz que es mi hermana. —Pavel, no es tu culpa. Entiendo que siempre estés a la defensiva. Tienes enemigos en todos lados...Fui yo quien olvidó. No te permito que te culpes—Habla Svetlana directa mientras acaricia la mejilla barbuda de su hermano mayor. Yo suspiro porque nada de lo que diga hará cambiar de parecer a mi hermana. Porque es tan terca como yo. —Además alguien me dijo que la nueva chica que te regalaron es una belleza exótica de rasgos latinos que has convertido en tu sirvienta personal. Quiero conocerla, sé que no habla español pero igual podemos comprendernos—Añade la Rubia emocionada. Y yo cierro los ojos un segundo porque se perfectamente que ese alguien fue el chismoso de Alexei. Maldito. Se aprovecha que no le mataré por los años que hemos pasado juntos sobreviviendo en las peores circunstancias. Pero un día agotará mi paciencia y aunque sea un tiro en el pie recibirá de mí cortesía de su impertinencia. —No te acercarás a ella, no es tú amiga. Es una esclava nada más—Gruño irritado. —No digas estupideces Pavel, ya no hay esclavos en este siglo. No eres un bárbaro aunque te parezcas a uno. Por fin hay una mujer cerca de mi círculo y ni tú ni nadie me impedirá ser su amiga—Asegura Svetlana seria para darse media vuelta e irse con dignidad. Al verla marchar solo crujo los dientes porque esto es culpa de Alexei. Para sonreír maquiavélico cuando sé que podría hacerle para vengarme de esto porque eso es lo malo de conocernos bien ya que usamos esto para joder nos. Prepárate querido amigo que mi contraataque será pronto. Porque en la batalla por la Supervivencia todo se vale.
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