Verónica. Cuando salí de la oficina del maldito del Pakhan lo hice con el cuerpo temblando de pura ira. Juro que quería darle un zendo coñazo por mamaguevo. ¿Cómo se atreve a pedirme semejante payasada? Ahora debo organizar sus encuentros sexuales con esas putas. Uyy como lo odio. Es un desgraciado, maldito e imbécil infiel. Ahí detengo mi torrente de odio y me miro en el espejo del baño en la planta baja. ¿Infiel porqué? Coño Verónica ese hombre no es tuyo. No tienes porqué ponerte así. Mierda estoy celosa. No me lo puedo negar a mi misma. Pavel Kuznetsov me gusta en toda su forma oscura y poderosa. Me da miedo y me atrae con una fuerza sobrenatural. Estoy fregada. La única opción que tengo es luchar contra mis locos sentimientos. ¿O será el síndrome de Estocolmo? Lo que

