El camino de regreso estaba siendo silencioso, incluso incómodo, al menos para mí, no podía dejar de pensar en Dianora, en cómo debía sentirse ante las crueles palabras que habían roto aún más su corazón.
Miré de soslayo a mi jefe, su rostro estaba serio, prácticamente sin expresión alguna, no parecía perturbado ante lo sucedido hacía unos minutos atrás, suspiré echando mi cabeza hacia atrás
— ¿Qué te perturba tanto?—cuestionó haciendo que lo mirase
— Nada… ¿Por qué lo pregunta?—pregunté haciendo que girase su cabeza mirándome
— Desde que nos marchamos de la fiesta, no has dejado de suspirar, o de mirarme, así que dime, ¿Qué te perturba?—volvió a preguntar, desvié la mirada sintiéndome nerviosa, no me había dado cuenta de lo obvia que había sido, apreté el agarré de mi bolso, respiré hondo volviendo a mirarlo
— ¿Era necesario que fuera tan cruel con ella?, Creo que había alguna forma más suave de decirle las cosas—dije a lo que me miró desconcertado unos instantes, pero de un momento a otro comenzó a reírse desconcertándome
— ¿Eso era lo que te rondaba tanto la cabeza?—preguntó en tono burlón, fruncí el ceño queriendo tirarle el bolso a la cara con todas mis fuerzas— Desde el inicio, fui muy claro con ella, incluso durante el tiempo que estuvimos juntos se lo recordaba, ha pasado un año desde que la dejé, pero seguía insistiendo hasta el punto de acosarme—relató mirando hacia el frente, respiró hondo volviendo a mirarme— Tenía que poner punto y final a todo, más ahora que nos casaremos pronto—explicó haciendo que asintiera entendiendo el punto
— Pero aun así…—
— Dianora se hizo ideas equivocadas a pesar de que nunca la traté con afecto—asentí suspirando
— ¿No teme que su padre dejé de hacer negocios con usted después de esto?—pregunté, pues a pasar de que Fabrizio termino con ella, ellos seguían manteniendo los negocios
— Él es consciente de todo, antes de iniciar nada con ella, hablé con él, por si iba a ser un problema para los negocios, dijo que no, que los negocios, eran los negocios—comentó, lo miré sorprendida ante eso
— ¿Es una broma?—cuestioné anonadada
— No, esas fueron sus palabras—
— ¿Qué clase de padre es ese?—pregunté con indignación— Si fuera mi caso, mi padre primero te daría un puñetazo y después te mandaría al mismísimo infierno—dije con el ceño fruncido, su risa llegó a mis oídos, me quedé sorprendida de escucharla, era una sin rastro de burla en ella
— Pues menos mal que no es tu situación—
— Mi caso… Es diferente, me quieren como esposa—comenté por lo bajo mirándolo, su risa había cesado, ahora me miraba serio
— Mejor quererte como esposa, a solo quererte en mi cama, ¿no crees?—
— Supongo que si—murmuré mirando por la ventanilla, nos quedamos en un silencio incómodo, suspiré girando mi cuerpo hacia él— ¿Por qué quiere casarse?—pregunté mirándolo fijamente
— Porque me apetece—dijo simplemente, suspiré negando con la cabeza
— Eso no es una respuesta—espeté cruzándome de brazos, su mirada se tornó molesta
— Es la que tendrás, así que no me preguntes más eso—un escalofrío me recorrió ante su tono de voz tan frío, asentí ligeramente volviendo mi vista a la ventana, lo mejor sería dejarlo por ahora, pero sí o sí, descubriría su motivación para casarse.
Al cabo de unos minutos, llegamos a mi casa, el chofer se bajó del coche, se colocó al lado de mi puerta, pero no la abrió, yo me quede quieta en mi asiento, como si esperase algo por su parte, suspiré sacudiendo ligeramente la cabeza, me quité el cinturón de seguridad, iba a abrir la puerta cuando su mano sobre mi muñeca tirando de mí hacia él, me lo impidió.
Estábamos a unos escasos centímetros el uno del otro, nuestras respiraciones se mezclaban, nuestras narices se rozaban levemente, causándome un cosquilleo en mi estómago, sentí una de sus manos colocarse en mi nuca.
En un rápido movimiento, unió nuestros labios en un beso, me quedé quieta, sorprendida ante esa acción, sus labios se movían sobre los míos con lentitud, dándome una sensación electrizante que me recorría todo el cuerpo, sin esperar un segundo más, empecé a corresponderle aferrándome a su camisa teniendo la sensación de que saldría volando en algún momento.
Cuando la necesidad de llenar mis pulmones estaba en su punto más álgido, mordió mi labio inferior, y se alejó, despacio, abrí los ojos chocando con los suyos, que me miraban con intensidad, un fuerte latido en mi pecho hizo que me tensara por completo, me alejé rápidamente de él sintiéndome aturdida
— Bu… Buenas noches—dije abriendo la puerta con brusquedad, salí con cierta torpeza
Lo miré un instante viendo en su rostro esa sonrisa que me ponía de los nervios, me di la vuelta casi corriendo hacia la puerta de mi casa abriendo el bolso y sacando las llaves.
Una vez que conseguí entrar, me recosté en la puerta sintiéndome aliviada, coloqué mi mano en mi pecho sintiendo nerviosa, no sabía si por el beso, o por ese latido anormal que había sentido, respiré hondo sacudiendo la cabeza, me enderecé dándome la vuelta, abrí un poco la puerta, se había marchado, suspiré cerrándola de vuelta.
Me quité los zapatos de tacón para no hacer ruido, iba a subir las escaleras, cuando me percaté de una luz en la cocina, más de las voces de mis padres hablando por lo bajo, miré el reloj de mi muñeca, eran la una de la madrugada, me sorprendía que siguieran despiertos, despacio me dirigí hacia allí. Al asomarme, vi a ambos sentados dándome la espalda
— ¿Me estabais esperando?—pregunté haciendo que ambos se sobresaltaran, se giraron mirándome casi asustados, mis ojos fueron directos a una carta que había sobre la mesa
— Cariño, ¿Cuándo has llegado?—cuestionó mi madre forzando una sonrisa, me sorprendí al ver sus ojos rojos y llorosos
— Hace un momento, ¿Qué pasa?, ¿Por qué lloras?—pregunté acercándome, fruncí el ceño al ver como mi padre agarraba rápidamente la carta guardándola en su bata de dormir— ¿Qué es esta carta?—ambos se miraron alarmados
— Nada cielo, no te preocupes, mejor dinos ¿Cómo te fue?—suspiré con pesar ante el intento de cambio de tema de mi padre
— No tengo cinco años, lo que sea que hay en esa carta, no es bueno, quiero saber que es, y si puedo ayudar—comenté cruzándome de brazos, mi madre suspiró cerrando los ojos un instante
— Hay que decírselo… Esto no vamos a poder ocultarlo mucho más—dijo con la voz afligida mirando a mi padre con una triste sonrisa, él solo asintió dándole un beso en la cabeza, se puso de pie acercándose a mí dándome otro
— Por ahora ve a descansar—fruncí el ceño ante sus palabras
— Papá…—
— Ve a descansar, mañana, hablamos todos juntos de esto—suspiré entendiendo, me despedí de ambos con un beso, y me marché a mi habitación sintiéndome preocupada.
Suspiré dándome la vuelta en la cama, apenas había logrado dormir algo, no hacía nada más que despertarme, mi cabeza no había dejado de darle vueltas al asunto de la carta.
Estaba preocupada, miré el reloj de mi mesa, eran las nueve de la mañana, bufé sentándome, me dolía el cuerpo, suspiré apartando las sabanas mientras me levantaba, no iba a lograr dormir más.
Bajé las escaleras, completamente cambiada, me dirigí hacia la cocina, me sorprendí al ver a mi madre preparando el desayuno
— Buenos días—saludé acercándome a la mesa, aparté una silla sentándome, me miró con una pequeña sonrisa, no pasé inadvertidas sus ojeras
— Buenos días cielo, has madrugado—dijo volviendo a lo que hacía
— No he dormido muy bien…—murmuré recostándome en la silla
— Ya somos dos—dijo colocando un plato de gofres sobre el centro de la mesa, nos miramos unos instantes, sus ojos estaban llenos de tristeza, forzó una sonrisa dándose la vuelta
Iba a decir algo, pero los pasos de alguien me hicieron guardar silencio, miré hacia la puerta viendo a mi padre aparecer, también forzó una sonrisa, se acercó dándome un beso en la cabeza, y después otro a mi madre.
Estuvimos en silencio, lo único que se escuchaba era el ruido que hacíamos mi madre y yo al terminar de preparar el desayuno, al poco por la puerta aparecieron mis hermanos, ante eso, pude notar como mis padres se tensaron.
Al terminar de desayunar, fuimos hacia el salón donde nos sentamos los tres juntos en un sofá, mis padres precian nerviosos, susurraban entre ellos, mi madre parecía estar a punto de echarse a llorar
— ¿Qué está pasando?—preguntó Lorenzo mirándolos con el ceño fruncido
Ninguno dijo nada, mi padre suspiro sacando del bolsillo de su pantalón la carta de anoche, la desdoblo y la colocó encima de la pequeña mesa, de forma inmediata la agarre comenzando a leerla
— ¿Cómo es esto posible?—cuestioné mirándolos sorprendida, Lorenzo me arrebató la carta leyéndola
— Tuvimos que pedir una segunda hipoteca sobre la que ya teníamos… Eso, más las deudas que ya teníamos, ha generado que no podamos seguir pagando la casa, por eso nos la van a quitar—informó mi padre sentándose al lado de mi madre con la mirada gacha
— ¿Por qué no nos lo dijisteis antes?, podíamos haber encontrado una solución a esto—dijo Gianni viéndose abatido
— No había solución—contestó mi madre con una sonrisa amarga, mientras las lágrimas caían por su rostro— Las deudas de la casa, más las de vuestras universidades, más… Los gastos del hospital—dijo lo último con cautela, eso hizo que mi pecho se oprimiera— Todo fue una suma y sigue, se nos hizo una bola enorme que no podíamos pagar, ni siquiera con vuestra ayuda, podríamos conservar la casa—
Pronto se inició una discusión entre mis hermanos y ellos, yo solo miraba un punto fijo en la alfombra, me sentía culpable, en cierta forma, fui la causante de los gastos médicos por la enfermedad de Gianni, sus medicamentos costaban muchísimo, apreté con fuerza los puños sintiendo mis lágrimas acumularse en mis ojos.
— ¡¿Qué vamos a hacer ahora?!—exclamó Lorenzo algo alterado
— Cálmate, ya hemos hablado con tu abuela, nos iremos temporalmente a su casa hasta que podamos reponernos—comentó mi padre
— ¿Con la abuela?, pero si no tenéis una buena relación—señaló Gianni a mis padres, ellos se miraron
— Tendremos que aguantar, es al único sitio que podemos ir, y no acabar en la calle—dijo sonriendo levemente agarrando a mi padre de la mano, me quedé mirando a todo unos instantes, suspiré poniéndome en pie
— Nadie acabara en la calle, y nadie… Ira a casa de la abuela—
— ¿Qué estás diciendo, hija?—cuestionó mi madre mirándome confusa
— Digo, que iré a solucionar esto, así que, por favor que nadie se preocupe—dije con una pequeña sonrisa, corrí hacia las escaleras subiéndolas
Abrí el armario sacando mi chaqueta vaquera junto a mi bolso, y volví a bajar encontrándome con todos al pie de esta esperándome
— ¿Acaso tienes sesenta mil euros en el banco?—inquirió en broma Gianni
— Yo no… Pero él si—dije abriéndome paso hacia la puerta
— ¿Él?, ¿De quién hablas?—cuestionó mi padre a lo que respiré hondo dándome la vuelta a mirarlos
— De mi prometido—todos me miraron estupefactos, sonreí saliendo de cara rápidamente antes de que reaccionaran.
Miraba la puerta ante mi nerviosa, aunque, me había sentido así todo el trayecto hacia aquí, no sabía bien si era por el hecho de pedirle su ayuda financiera, o era por el hecho de que mi familia no dejaba de llamarme o mandarme mensajes pidiéndome una explicación, respiré hondo dispuesta a llamar, pero la puerta se abrió antes.
— ¿Qué haces aquí?—cuestionó mirándome ligeramente sorprendido, forcé una sonrisa sintiendo como mis nervios aumentaban
— Necesito hablar contigo—dije intentando que mi voz no se escuchase temblorosa, me miró unos instantes, asintió haciéndose a un lado, me adentré en su apartamento, un ladrido llegó a mis oídos, sonreí viendo a Zeus correr hacia mí
— ¿Cómo puede tenerte tanta confianza si solo te vio una vez?—cuestionó mirándonos, me encogí de hombros sin dejar de acariciarlo— En fin, ¿de qué querías hablar?—su pregunta hizo que volviera a la realidad
Suspiré enderezándome, me di la vuelta mirándolo, me sorprendí al ver lo casual que iba vestido, unos pantalones vaqueros ajustados, una camisa blanca, una chaqueta de cuero y unas zapatillas, tragué saliva ante lo atractivo que se veía, no podía apartar la vista de su cuerpo
— ¡Daniela!—exclamó haciendo que saliera de ese pequeño trance en el que me sentía— Dejaré que me comas con la mirada en otra ocasión, pero tengo prisa, y tú, querías hablar de algo—comentó con burla, aparté mi vista de él sintiéndome avergonzada, carraspee colocándome un mechón de cabello detrás de la oreja
— No estaba…—comencé a hablar, pero me callé suspirando, sacudí la cabeza, no era el momento— Cuando me propuso el trato, dijo… Que me ayudaría con las deudas de mi familia—
— Así es, eso dije—me acerqué unos paso a él
— Ayúdeme, el banco le quitara la casa a mis padres, estamos hasta arriba de deudas que apenas podemos hacer frente, ayúdeme—pedí mirándolo con súplica, se quedó unos instantes mirándome en silencio, sacó su móvil marcando un número
— Da la orden, me mandas un mensaje cuando este todo listo—fue lo único que dijo antes de colgar la llamada
— Listo, la deuda de tu familia, está siendo saldada—dijo haciendo que mis ojos se agrandaran
— Así, ¿sin más?—cuestioné confusa, él solo asintió, sentí un gran alivio en mi pecho, de un impulso me aferré a él abrazándolo con fuerza— Gracias—susurré inhalando el aroma de su perfume
— No me las des, técnicamente, no te ha salido gratis—fruncí el ceño ante su comentario, me alejé mirándolo mal
— Es un arruina momentos—dije entre dientes, él solo sonrió de lado, rodé los ojos caminando hacia la entrada— De todas formas, gracias…—salí del apartamento soltando un suspiro, era un idiota, aunque aprecia que su carácter hacia mí, se había suavizado, el ser un idiota era algo que tenía integrado en su sangre.