Capítulo 5

3011 Words
Tocaba el timbre de forma insistente, mi cuerpo todavía temblaba por el beso, aún podía sentir sus labios contra los míos, su mano ascendiendo hasta mi cuello. El ruido de la puerta abriéndose con brusquedad me sobresalto sacándome de mis pensamientos — ¡¿Pero quién diablos llama con esta insistencia?!—gritó enfadada Julia, tenía el cabello revuelto, marcas de la almohada en el rostro— Dani, ¿se te quedó algo esta mañana—cuestionó mirándome con curiosidad — No, solo… Quería volver a ver a mi mejor amiga—comenté con cierto nerviosismo adentrándome en su apartamento, fui hasta el salón donde me senté en el sofá mirando al suelo — Daniela… ¿Qué sucede?—preguntó haciendo que me tensara, respiré hondo colocándome el cabello hacia un lado — Me… Me he besado con él—dije jugando nerviosa con mis dedos — ¿Y?, ¿acaso no te habías besado ya con él?—inquirió sentándose a mi lado — ¡Sí!—exclamé poniéndome en pie caminando de un lado a otro— Aquel beso… Fue algo superficial, pero este…—murmuré tocándome los labios recordando los suyos sobre los míos, sacudí la cabeza volviendo a sentarme — Ese beso, te ha encantado—dijo en tono burlón, suspiré asintiendo — Fue el mejor maldito beso que me han dado en la vida—comenté sintiéndome abrumada, escuché como empezaba a reír, la miré frunciendo el ceño— ¡No te rías!, ¡No tienen ninguna gracia!—exclamé tirándole cojines — Vamos, vamos, no te enfades—dijo sentándose a mi lado— No tiene nada de malo que haya sido así— — Lo tiene, no debo besarme con él, ni disfrutar sus besos, él me chantajeo con la vida de mi hermano— — Dani, vas a casarte con él, pasaras toda tu vida a su lado o al menos hasta que se aburra de la situación, ¿Harás celibato?, ¿O buscaras un amante?—cuestionó mirándome con cierta burla — No puedo tener amantes, el contrato lo prohíbe—dije mirando al techo con desinterés— Supongo que mi opción es el celibato— — Creo que él te atrae mucho, si no, no estarías así—comentó haciendo que la mirase, solté un largo suspiro — Sé que me atrae, lo hace desde que lo conocí—confesé con una amarga sonrisa— Pero su carácter…—resoplé levantándome, caminé hacia la ventana sentándome en el saliente que tenía mientras miraba a la calle— Aunque he de decir, que su carácter es diferente ahora que… Soy su prometida— — ¿Cómo ha cambiado? — — Es… Menos ogro, casi pareciera que se preocupa por mí—dije recordando el incidente con Haidar, o el hecho de que no me regañara al llegar tarde, suspiré sacudiendo la cabeza— O quizás es solo mi imaginación queriendo que lo vea menos c*****o de lo que es— Seguimos hablando un poco más acerca del tema, aunque más bien ella hablaba, yo contestaba con monosílabos perdiéndome en mis pensamientos, en ese beso tan electrizante. — Cambiando un poco de tema, ¿no ibas a una fiesta con el hoy?—preguntó mirando a lo que asentí — Sí, es una fiesta de recaudación en casa del primer ministro italiano—dije suspirando sin mucho ánimo de asistir, odiaba acompañarlo a esos eventos, eran muy aburridos — ¿Ya sabes que ponerte?, puedo prestarte un vestido— — Querida, si me pongo un vestido tuyo, pensaran que va con una escorts— — ¡Bruja!—exclamó riendo tirándome un cojín que atrapé al vuelo — Sabes que es verdad—le guiñé un ojo riendo también — Si, lo sé…—comentó encogiéndose de hombros sin dejar de reír Sobre las cinco de la tarde me marché de su casa para dirigirme a la mía, tenía que prepararme antes de que llegara a buscarme. Al llegar saludé a mis padres, fui directamente a mi habitación, dejé las cosas en la cama, y abrí mi armario inspeccionando los pocos vestidos que tenía, saqué poniéndolos encima de la cama, eran sencillos, no tenían nada destacables. Un tanto desesperada al no poder decidirme por ninguno, decidí ducharme primero, peiné mi cabello de forma sencilla, volví a quedarme mirando los vestidos, suspiré agarrando uno n***o, escuché como el timbre de la casa sonaba, un tanto temerosa mire el reloj, suspiré aliviada al ver que aún me quedaban unos cuarenta minutos. Unos golpes en mi puerta llamaron la atención, fui hacia esta abriéndola, me sorprendí al ver a mi madre con un gran paquete color rojo en las manos — ¿Qué es eso?—cuestioné a lo que ella sonrió entrando — Es para ti, lo ha traído un mensajero—lo dejó encima de la cama Con curiosidad me acerqué abriendo la caja, me quedé sorprendida al ver un precioso vestido color rosa palo, con cuidado lo saqué viéndolo mucho mejor. Era largo con una apertura en un lateral, de escote corazón pronunciado y drapeado, ajustado en la cintura, su falda era de vuelo tipo princesa, sus mangas, eran largas y abullonadas — Es precioso…—susurré sin poder dejar de contemplarlo — No es lo único que hay aquí—dijo mi madre haciendo que mirase dentro de la caja, había unos zapatos de tacón del mismo color, y a su lado, un bolso de mano, parecía estar cubierto por cristales — Increíble—murmuré mirando todo — ¿Quién te ha mandado esto? No hay ninguna nota, ¿acaso es un admirador secreto?—preguntó mirándome con una sonrisa— — Es… Algo más que un admirador secreto—dije haciendo que su sonrisa se ensanchara — Algo más, ¿te refieres a un novio?—cuestionó haciendo que me tensara, forcé una sonrisa asintiendo— ¿Desde cuándo?, ¿Por qué no nos dijiste nada?— — Prometo contarlo todo, pero en otro momento, tengo que terminar de arreglarme—comenté a lo que ella asintió guiñándome un ojo, se dio la vuelta saliendo de la habitación, suspiré sentándome en la cama mirando el vestido, a mí no me hacía falta una nota para saber quién los había mandado. Me miraba al espejo asombrada, me quedaba a la perfección, al igual que los zapatos, por mi cabeza pasaban algunas preguntas, ¿había elegido él todo?, ¿Cómo se sabía mis tallas?, una sonrisa adornó mi rostro de solo pensar que él, se había tomado el tiempo para elegir mi vestido personalmente. El estridente sonido de mi móvil me sacó de mis pensamientos, lo agarré viendo que se trataba de Fabrizio, un cosquilleo me recorrió al pensar en él por su nombre, y no como mi jefe. Sacudí la cabeza dándome una última mirada al espejo, respiré hondo saliendo de mi habitación, bajé las escaleras con cuidado, iba hacia la puerta, pero un silbido hizo que me detuviera girándome, Gianni me miraba con una sonrisa — ¿Dónde vas tan hermosa?—cuestionó acercándose — Trabajo—dije arrugando la nariz — ¿Vas tan guapa a un evento del trabajo?—inquirió mirándome de arriba abajo — Es un evento con el primer ministro italiano, debo estar espectacular—respondí sonriendo, no dijo nada, solo se acercó un poco más sin dejar de mirarme serio — ¿No será que tiene algo que ver con ese admirador secreto del que mamá me ha hablado?— — Claro que no, solo es trabajo—dije riendo con nerviosismo, él suspiró asintiendo — Sabes que puedes decirme las cosas, yo te apoyaré siempre—expresó, me puse de puntillas besando su mejilla — Lo sé— — No te entretengo más, te están esperando—me guiñó un ojo dando un paso hacia atrás. Salí de casa, bajé los pequeños escalones caminando hacia el coche n***o que me estaba esperando, junto a el estaba el chofer, abrió la puerta dejando que Fabrizio saliera, me quedé quieta viendo lo bien que le quedaba el traje n***o, a pesar de siempre ir en traje, no sabía por qué, se me hacía mucho más atractivo que de costumbre. — Sabía que te quedaría bien—comentó sonriendo — ¿Por qué me lo ha enviado?, yo tengo vestidos— — Si, los conozco bien…—comentó con cierta sorna — ¿Algo en contra de ellos?—cuestioné alzando una ceja — Nada… Necesitabas uno mejor, a partir de ahora eres mi prometida, debes ir mejor vestida— — ¿Acaso visto mal?—pregunté cruzándome de brazos, mirándolo con el ceño fruncido — No dije eso, pero si quieres tomarlo así, adelante—dijo guiñándome un ojo, apreté los puños queriendo ponerle un ojo morado por idiota— Sube—me ofreció su mano la cual mire unos instantes, me di la vuelta mirando hacia casa, no parecía haber nadie mirando por las ventanas, suspiré aceptando su mano mientras entraba en el coche. Durante todo el camino íbamos en silencio, poco a poco veía como nos íbamos alejando del centro, al poco llegamos al distrito de Ronchetto Delle Rane, era un sitio donde se encontraban las villas más lujosas de Milán Al cabo de unos minutos, llegamos a unas grandes vallas negras, las cuales se encontraban abiertas, varios coches entrando delante de nosotros, agentes de seguridad por todos lados controlando los accesos por todos los periodistas que había. Cuando fue nuestro turno de salir del coche, él bajó primero, me ofreció de nuevo su mano, lo miré algo dubitativa, estábamos en público, pero finalmente la acepté saliendo, nada más hacerlo, un hombre se nos acercó pidiendo que lo siguiéramos. Mientras seguíamos a ese hombre, miraba todo a mí alrededor con curiosidad, era como estar dentro de un palacio, la decoración tenía acabados en oro, había antigüedades, finalmente llegamos al salón donde se encontraba todo el mundo, nada más poner un pie en el salón, el primer ministro se acercó saludando a Fabrizio con gran familiaridad — ¿Y quién es tu bella acompañante?—preguntó mirándome con curiosidad, evité rodar los ojos, no era la primera vez que nos veíamos, pero aun así, nunca me recordaba, una mano se posó en mi cintura — Mi prometida, y mi secretaria—dijo acercándome a él, me quedé impactada ante sus palabras — ¡Felicidades!, no sabía que tenías novia, y mucho menos que era tu secretaria—le dio un pequeño abrazo, y después uno a mí, el cual correspondí con una sonrisa fingida — Te rogaría discreción con ese tema, aún no lo hacemos público— — ¡Por supuesto que sí!, de mis labios no saldrá ni una palabra—comentó dándole una palmada en la espada— Si me disculpáis, iré a atender a más invitados, divertidos, nos vemos después—se despidió dejándonos solos — ¿Acaso va a decirle a todos antes de tiempo que nos vamos a casar?—cuestioné por lo bajo — ¿Te molesta?—preguntó agarrando dos copas de champán — ¡Por supuesto que sí!—exclamé mirándolo con el ceño fruncido, respiré hondo calmándome, agarré la copa que me ofrecía bebiendo de esta— Me prometió dos semanas, y parece que quiere adelantar todo— — Tranquila, tendrás las dos semanas… Bueno, menos de dos semanas, el tiempo avanza y tu familia no sabe nada ¿verdad?—cuestionó con una sonrisa ladeada — Algo saben, no con certeza, pero algo—dije recordando las conversaciones con mi madre y Gianni antes de salir de casa — Como sea… Vamos—me agarró por la muñeca haciendo que caminara siguiéndolo entre la gente Había transcurrido cerca de una hora en el evento, habían servido la cena, la cual estaba exquisita, escuchaba con cierto aburrimiento a Fabrizio hablar con sus socios de negocio, en un momento de la noche, el señor Khalid se acercó solicitando hablar con él en privado, por lo que nos adentramos en la casa. — ¿Cómo es posible que quieras rescindir todos los negocios que tenemos juntos?—inquirió mirándolo con enfado, los hombres que estaban detrás de él le daban un aire intimidante — ¿Acaso tu hijo no te lo ha contado?—preguntó mirándolo serio sin dejarse intimidar — ¿Qué tenía que contarme?— — He decidido suspender todo negocio contigo, porque tu hijo, ha irrespetado a mi prometida—dijo señalándome, los fríos ojos de ese hombre se posaron en mí haciéndome sentir asustada— Y al hacerlo, a mí también me ha irrespetado— — ¿Prometida?— — Así es—dijo entrelazando nuestras manos, sentí un cosquilleo ante ese contacto — ¿De qué forma ha irrespetado?—pregunto respirando hondo — La tocó de forma indebida—el señor Khalid cerró los ojos un instante, murmuró algo en su idioma — Entiendo, haré que pida disculpas de rodillas, lo que hizo es una gran falta de respeto, comprendo tu molestia, si yo estuviera en tu lugar, pediría su cabeza— — Ya que me comprendes, está todo dicho entre nosotros— — Lo comprendo—comentó con cierto pesar poniéndose en pie— Siento mucho lo que hizo, y espero que en un futuro, podamos volver a hacer negocios—se estrecharon las manos, y se marchó dejándonos solos — ¿De verdad va a cancelar todo con ellos?—pregunté, él solo asintió sentándose — Si, si no lo hiciera, eso me haría quedar muy mal, como un hombre que prefiere los negocios a proteger a tu futura mujer—comentó, me quede analizando sus palabras, sentí un pinchazo en mi pecho — ¿Solo lo hace por eso?—cuestioné con cierta desilusión, sus ojos se posaron en mí, se puso de pie acercándose a mí, colocó sus dedos en mi mentón levantando mi cabeza, se inclinó quedando a escasos centímetros del mío — ¿Pasaría algo si fuera así?—sentí otro pinchazo en mi pecho, negué con la cabeza, me deshice de su agarre Me giré hacia la salida con intención de irme, pero no fui muy lejos, su mano se posó en mi muñeca, tiró de mí pegándome a él, en un rápido movimiento, sentí sus labios sobre los míos dándome un beso corto. Lo miré impresionada, él solo sonrió de lado pasando su mano por mi cintura, estrechándome más contra él, colocó su mano libre en mi rostro, acariciándolo suavemente — Lo he hecho por ti…—susurró contra mis labios haciendo que me estremeciera, lo miré a los ojos viendo en ellos un brillo que no conseguía identificar. Me separé de él al escuchar un gran ruido del otro lado de la puerta, mi corazón latía con fuerza, agaché la cabeza avergonzada colocándome un mechón de cabello detrás de la oreja — Será mejor, que volvamos a la fiesta—murmuré mirándolo de soslayo, vi como asentí serio, suspiré al ver como se iba alejando de mí Una vez que mis emociones se calmaron, volví al salón de fiesta, busqué con la mirada a Fabrizio que se encontraba hablando con unas modelos, fruncí el ceño al ver como una de ellas se colgaba de su brazo, colocó una de sus manos en su rostro haciendo que la mirase, apreté los puños molesta, respiré hondo caminando hacia ellos. — Señor, si no me necesita más, me retiraré—dije llamando la atención de ambos — Aún te necesito—comentó a lo que suspiré asintiendo— Espérame en el balcón, iré enseguida—volví a asentir, me di la vuelta caminando hacia el balcón Salí sintiendo el viento frío, me estremecí ligeramente abrazándome a mí misma, suspiré mirando hacia el cielo, sonreí viendo lo bien que se vean las estrellas al no haber tanta contaminación lumínica — Me salvaste—dijo detrás de mí — Usted no parecía muy a disgusto a su lado—comenté dándome la vuelta, se acercó colocándome su americana sobre los hombros — Vas a resfriarte— — Usted también—espeté intentando devolvérsela, pero me lo impidió, nos quedamos en silencio mirándonos — Tiempo sin vernos Fabri—dijo una voz que me resulto molesta detrás de nosotros, él se giró dejándome ver a su exnovia — Dianora, ¿Qué haces aquí?— — Hace un año que no nos vemos, ¿y esa es tu pregunta?—cuestionó mirándolo de forma coqueta, se acercó hasta quedar enfrente de él— Te recuerdo que mi padre es el director de la policía, estoy aquí por eso— — Cierto, si nos disculpas, nosotros nos marchamos ya—dijo pasando a su lado, pero ella lo detuvo — Fabri, ¿Por qué eres así?, ¿Por qué no contestas mis llamadas, ni mis mensajes? —preguntó en tono afligido, él suspiró soltándose de su agarre — Siempre fui claro contigo Dianora, desde el inicio te dije que lo que íbamos a tener era solo s****l, tú te hiciste las ilusiones sola—contó mirándola con seriedad — Pero sé que lo nuestro puede funcionar, yo te amo—rogó colocando sus manos en el rostro de Fabrizio, él suspiró de nuevo alejándola — Pero yo a ti no, por lo tanto, lo nuestro jamás podría funcionar—dijo tajantemente, ella se quedó mirándolo unos instantes con expresión de tristeza — ¿Acaso hay otra? —cuestionó con la voz rota — Si, y me voy a casar con ella, así que basta de llamadas, basta de mensajes, y basta de seguir buscándome, sigue con tu vida—comunicó haciendo que ella sollozara, sentí cierta pena por ella, aunque se portó como una auténtica asquerosa conmigo, le estaban rompiendo el corazón, y esa sensación no era agradable— Nos vamos—anunció mirándome, asentí despacio, se dio la vuelta entrando, caminé unos pasos, pero me detuve mirándola, quise decirle algo, pero no sabía el que, suspiré derrotada entrando también
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD