Capítulo 4

2545 Words
Desde que llegué no habíamos vuelto a hablar, se había encerrado en su despacho, y no me había llamado, ni yo tenía motivos para entrar, aunque seguía sorprendida sobre el hecho de que no me regañara, suponía que ser su futura esposa, tenía sus ventajas, un escalofrío me recorrió al pensar en eso. El teléfono de mi mesa comenzó a sonar, con un suspiró dejé lo que estaba haciendo, y contesté — Despacho del señor Benedetti— — Daniela, el señor Haidar Khalid, acaba de llegar—comunicó la recepcionista, rápidamente abrí la agenda buscando una posible cita, pero no había nada — De acuerdo, gracias por avisar—corté la llamada, mientras me ponía en pie, corrí hacia la oficina de mi jefe, abrí la puerta de forma abrupta — Esto se te está haciendo costumbre—dijo mirándome con el ceño fruncido — Haidar Khalid, está aquí, no tenía cita—comenté ignorando lo que había dicho — Maldito imbécil… A ver qué quiere ahora—alegó poniéndose de pie, agarró su americana colocándosela mientras caminaba hacia la salida, seguido de mí. Justo cuando llegamos al ascensor, las puertas de este se abrieron dejando ver a un hombre joven, de cabello n***o al igual que su barba, ojos miel rodeados por largas pestañas, era un hombre bastante atractivo — ¡Fabrizio, mi amigo!—saludó con alegría a mi jefe dándole un abrazo — Haidar, ¿Qué te trae por aquí?—cuestionó sin rodeos haciendo que él otro hombro sonriera — Como siempre tan frío—bromeo dándole una palmada a mi jefe, este solo respiró hondo asintiendo— He venido para que me asesores sobre una venta que quiero hacer… Además, una visita de cortesía no va nada mal—lo último lo dijo mirándome, haciendo que me removiera incómoda Pasaron a la sala de juntas mientras hablaban de negocios, yo fui a preparar café, cuando volví, había una presentación en la pantalla, dejé la bandeja encima de la mesa, me acerqué a Haidar colocándole la taza delante, momento que aprovechó para comenzar a sobarme el trasero, ante eso me quedé estática, apreté los puños deseando arrancarle la mano, pero me aguanté, respiré hondo intentando alejarme de él. Pero me agarró de la muñeca tirando de mí, haciendo que me sentara en sus piernas, quise levantarme, pero me lo impidió de nuevo, miré a mi jefe el cual seguía hablando totalmente concentrado en la presentación, su mano comenzó a ascender por mis muslos, cerré los ojos sintiendo unas enormes ganas de llorar. — Señor Khalid, por favor suélteme—pedí por lo bajo removiéndome — ¿Por qué?, si lo estamos pasando bien—dijo con una sonrisa coqueta — Se lo suplico, suélteme—supliqué a punto de echarme a llorar, me sentía tan impotente, una mano me agarró con fuerza levantándome, miré al otro lado encontrándome con los ojos grises de mi jefe — Khalid, ¿Qué crees que haces?—cuestionó con la voz siseaste, mirándolo fijamente — Divertirme, ¿acaso no es obvio?—cuestionó levantándose mirándome con lascivia, me posicione detrás de mi jefe evitando que me mirase— Me encanta tu secretaria, podrías prestármela para algunas no—no terminó la frase, pues le había propinado un puñetazo en la cara haciendo que cayera sentado en la silla — ¡En tu vida, vuelvas a tocar a mi prometida, ni a mirarla como lo haces!—gritó mirándolo furioso — ¿Tu prometida?—cuestionó mirándonos anonadado — Así es, así que mucho cuidado como hablar con respecto a ella— — Escucha, yo no sabía que ella era tu prometida, si lo hubiera sabido no la hubiera tocado—explicó intentando calmar la situación — Y aunque no lo fuera, ¿quién te crees que eres para tocarla sin su permiso?—preguntó con aire intimidante haciendo que Haidar se pudiera nervioso — Escucha, ha sido un error, te pido unas disculpas—dijo mirándome— No dejemos que esto dañe nuestros negocios— — ¿Negocios?, no Haidar, no hay más negocios entre nosotros, márchate de mi empresa—comunicó haciendo que palideciera — Espera no puedes— — Si puedo, ahora lárgate, antes de que te mande a sacar con seguridad— — ¡¿Qué voy a decirle a mi padre?!—exclamó desesperado — Ese no es mi problema, tú verás cómo decírselo, ahora no me hagas volver a repetírtelo, ¡Y lárgate!—vociferó asustándome, Haidar asintió nos miró un instante y se dio la vuelta marchándose. — Señor, no puede cancelar los negocios con ellos, usted perdería dinero—dije mirándolo angustiada — ¿De verdad crees que eso me importa?, eres mi prometida, mi futura mujer, y no consentiré que nadie, te toque—declaró mirándome de una forma intensa que nunca había visto antes— ¿Por qué nunca me dijiste lo que estaba pasando?—cuestionó a lo que suspiré agachando la cabeza — Temía que no me creyera, que me despidiera con tal de no perder un negocio—escuché un suspiro por su parte, levantó mi mentón haciendo que lo mirase — Te hubiera creído, y no te hubiera despedido, le hubiera puesto un alto a esto— — ¿De verdad me hubiera creído?—cuestioné sintiendo mis ojos humedecerse, por primera vez, él sonrió sin ningún rastro de maldad o burla, asintió colocando sus manos en mi rostro acariciando suavemente — Sin lugar a duda, en estos tres años, aunque solo nos conozcamos de forma laboral, me has demostrado ser una buena mujer, una que no jugaría con algo tan grave como esto—sonreí sintiendo algo cálido en mi pecho — Gracias, señor—dije a lo que él puso los ojos en blanco — A partir de ahora, tienes prohibido decirme señor y hablarme de usted—comunicó apartándose de mí caminando hacia la salida de la sala de juntas — Un momento, ¿Cómo pretende que lo llame?—cuestioné detrás de él, se detuvo girándose — Por mi nombre, Fabrizio—contesté con simpleza, se volvió a girar retomando el camino hacia su despacho — Pero no puedo llamarle por su nombre en el trabajo, sería extraño— — En esta planta, estamos nosotros solos, nadie te escuchará, así que ve comenzando a llamarme por mi nombre, Daniela—un ligero estremecimiento me recorrió al escuchar mi nombre salir de sus labios, aunque no era la primera vez, me gustaba como lo decía — Lo intentaré, pero no será fácil— — Pues más vale que te acostumbres pronto, el tiempo vuela—dijo con una sonrisa sentándose en su sillón, suspiré asintiendo — Iré a seguir trabajando—anuncié dándome la vuelta — Más bien, ve a comer, casi es la hora, así te relajas ante el mal momento que has pasado—indicó haciendo que me girase a mirarlo — Gracias señ—me quedé callada ante la mirada que me lanzó— Fabrizio—dije sintiendo un leve cosquilleo en mis labios, él sonrió satisfecho, suspiré dándome la vuelta saliendo al fin de su despacho. Al terminar de comer, volví a mi puesto encontrándomelo de pie delante de mi mesa mirando unos papeles, al escuchar mis pasos se giró mirándome — Necesito que vayas a esta dirección y recojas mi traje para esta noche, y que lo lleves a mi casa—demandó entregándome un papel, era el resguardo de la tintorería — Pero, de estas cosas se encarga Nestore—comenté sorprendida, pues él, era su asistente personal, quien se encargaba con toda su vida privada — Lo sé, pero se encuentra ocupado con otros asuntos, así que iras tú, el chofer te está esperando abajo—dijo a lo que asentí con pesar— Cuando llegues quédate esperándome, cuando acabe la reunión que tengo en unos minutos iré para allá—me ofreció un juego de llaves, que agarré con cierta reticencia — Claro…—dije en un suspiro, no dijo nada más se dio media vuelta entrando en su despacho, mientras yo recogía las mías. Miraba con asombro los edificios que íbamos pasando, estábamos en la zona más cara del centro de Milán, se detuvo delante de uno enorme, color blanco con grandes cristaleras, en cada balcón había un árbol dando un buen toque. De forma sorpresiva la puerta se abrió, con cuidado agarré la bolsa bajando del coche, entré en el edificio mirando todo a mi alrededor, tenía portero, una recepción, y personal de seguridad, más que apartamentos, parecía un hotel. — ¿Puedo ayudarla en algo?—cuestionó una mujer joven, me miró de pies a cabeza analizándome, hasta finalmente dedico una mirada desdeñosa — No hace falta, vengo a dejar esto en el apartamento de mi jefe—señalé la bolsa, la miró con desconfianza y después a mí — ¿Quién es su jefe?, ¿Y qué hay dentro?—preguntó con cierta altanería — Mi jefe, es Fabrizio Bendetti, y no, no puede saber lo que hay dentro—comenté frunciendo el ceño — Entonces me temo que no podrás entrar, además el señor Benedetti, no dijo que vendría alguien que no conocemos— — Pensé que era dueño de su apartamento y no tendría que rendirle cuentas a nadie, y menos a una empleada—dije mirándola con severidad, ella pareció ponerse nerviosa— Lo llamaré para que te avise—saqué mi móvil de mi abrigo, — ¿Sucede algo?—preguntó un hombre de mediana edad acercándose, vi como la chica palidecía — Sí, he traído esto por orden de Fabrizio Benedetti, pero no me deja pasar porque, él no avisó de mi llegada, además pretende revisar lo que traigo—comenté viendo como ella estaba pálida con la cabeza gacha, y su jefe la miraba con molestia— Estaba a punto de llamarlo para que diera aviso— — No es necesario señorita, siento mucho los inconvenientes, no es necesario que lo moleste, pase por favor—dijo con una sonrisa nerviosa, respiré hondo asintiendo, caminé hacia el ascensor, antes de entrar vi como el hombre se la llevaba, parecía estar muy enfadado Al llegar al último piso, solo vi dos puertas, me dirigí hacia la de la derecha introduciendo la llave, cuando entré me quedé impresionada ante lo bonito, y lujoso que era el Pent—house, mis ojos fueron directos al ventanal que tenía enfrente, se veía gran parte de Milán, los muebles eran en colores claros y oscuros, la cocina y el salón estaban unidos. Dejé la bolsa del traje en el sofá, al igual que mi bolso, comencé a recorrer un poco la casa, en la parte de abajo había un despacho al igual que un baño, despacio subí las escaleras, viendo que había dos puertas, me acerqué a una abriendo la puerta, al abrirla me di cuenta de que se trataba del dormitorio principal. Un gruñido me alertó rápidamente, miré hacia dónde provenía el ruido, me quedé helada al ver un enorme gran danés n***o salir de lo que parecía el vestidor, tragué saliva con dificultada, me miraba fijamente, no me atrevía a moverme, temía que si lo hacía, me atacaría. Poco a poco comenzó a acercarse, haciendo que retrocediera lentamente, se detuvo e hice lo mismo, soltó un fuerte ladrido echando a correr, y yo con él escaleras abajo muerta de miedo, de camino hacia la salida, me resbale con la alfombra cayendo al suelo. Me incorporé mirando al perro a escasos metros de mí, caminó lentamente hasta quedar encima, cerré los ojos con fuerza rogando para que no me hiciera mucho daño. Abrí los ojos sorprendida al sentir algo húmedo en mi mejilla, me había dado un lametón, se sentó a mi lado sin dejar de mirarme, levanté despacio la mano, con ella temblando la acerqué colocándola sobre su cabeza acariciándolo con cautela, sonreí viendo como me lamía la mano. Me encontraba sentada en el sofá con el perro recostado entre el sofá y mis piernas, mientras lo acariciaba, había resultado ser un perro bastante manso — Veo que has conocido a Zeus—me sobresalte al escuchar su voz de repente, el perro se levantó corriendo hacia al contento de verlo— Espero que no te asustara mucho, debí avisarte sobre él— — Hubiera estado bien sin lugar a duda, me llevé un gran susto, pero al final es un buen perro—comenté acariciándole la cabeza — Demasiado bueno, creo que si un día entran a robar, se lo llevarán también a él—reí levemente, me quedé enternecida viendo como jugueteaba con Zeus — Allí está el traje, si no necesita nada más, ¿puedo irme?—cuestioné haciendo que se enderezara mirándome — Claro, márchate a descansar, pasaré a recogerte sobre las siete para ir a la fiesta—dijo adentrándose dejando su maletín y abrigo en el sofá — No hace falta, yo puedo venir e irnos desde aquí—comenté haciendo que se girase — ¿Miedo de que nos vea tu familia?—cuestionó con burla quitándose la corbata — No es miedo, solo no quiero preguntas—asintió sin borrar su sonrisa, guardó las manos en los bolsillos acercándose — Esas preguntas las tendrás que responder, tarde o temprano— — Lo sé, solo… Aún no encuentro la manera para decirlo—comenté soltando un suspiro — Te recomiendo, que no lo pienses tanto, di lo que hemos hablado— — Mi familia no se convencerá con eso, no cuando yo he despotricado a diario sobre usted—de inmediato me di cuenta lo que había dicho, me mordí el labio mirándolo con cierto miedo — Vaya, así que mi futura mujer habla mal sobre mí— — Señor yo…— — Multa—dijo haciendo que lo mirase sin comprender, sonrió de lado acercándose más a mí— Te dije que tenías prohibido hablarme de usted, así que te pondré una multa— — ¿Una multa?, ¿acaso tengo qu?—mis palabras murieron cuando sus manos se colocaron en mi rostro y unió nuestros labios en un beso Por un momento me quedé estática ante la impresión, sus labios se movían suavemente sobre los míos, cerré los ojos y con torpeza, comencé a corresponder el beso. Con cada roce una corriente electrizante recorría todo mi cuerpo, la punta de su lengua tocó mis labios estremeciéndome, abrí la boca permitiendo que se introdujera y comenzara a dominar la mía con gran agilidad, su mano se enredó en mi cabello. La falta de oxígeno era cada vez más necesaria, poco a poco nos fuimos separando, pero antes de hacerlo del todo, mordió suavemente mi labio inferior. Apoyé la cabeza en su pecho sintiendo su respiración igual de agitada que la mía, podía sentir mis labios un poco hinchados debido a la intensidad del beso. La lucidez llegó a mí gracias a un ladrido de Zeus, sentí como mis mejillas se calentaban de forma violenta, me separé de él como si quemara, di unos pasos hacia atrás sin atreverme a mirarlo, sin decir nada, agarré rápidamente todas mis cosas y me marché corriendo de su apartamento.
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