Capítulo 3

2639 Words
Mientras él hablaba por teléfono, yo estaba sumergida en mis pensamientos, por mi cabeza no dejaba de rondar lo que había sucedido hacía tan solo unos instantes a atrás, habíamos estado a punto de besarnos, y eso no podía ser, no podía besarme con él, debía tener cuidado. Me sobresalté al escuchar un fuerte ruido, lo miré, tenía el ceño fruncido, rodé los ojos ante eso, como siguiera así, esa sería su expresión natural, suspiró sentándose en su sillón mirándome. — Anunciaremos el compromiso dentro de dos semanas—informó haciendo que lo mirase anonadada — ¡¿Dos semanas?!, ¡¿Cómo voy a decirle a mi familia que tengo un novio y que me caso con él?!—pregunté mirándolo alterada — Ese no es mi problema, lo anunciaremos en la entrevista que tengo— — No puede darme solamente dos semanas, es muy poco tiempo—dije mirándolo con cierta súplica, él me miró de forma impasible — Es lo que tienes, dos semanas, te recomiendo que vayas tanteando el terreno… Cariño—un escalofrío me recorrió la espalda ante ese apelativo, suspiré sabiendo que no le haría cambiar de opinión — Está bien, dos semanas, pero, ¿Qué digo si hacen preguntas?— — Contestar—dijo enarcando una ceja, entrecerré los ojos con ganas de tirarle algo a la cara — Me refiero, sobre “la historia de amor” entre ambos— — Fácil, llevamos un año de relación secreta, un día me confesaste tus sentimientos, yo te rechacé, pero poco a poco me conquistaste con tu torpeza y tenacidad—me quedé mirándolo asombrada ante la facilidad con la que inventó todo — Un momento, ¿Por qué yo me enamoro primero?—cuestioné cruzándome de brazos — Soy el jefe, por lo tanto, yo decido la historia—chasquee la lengua mientras rodaba los ojos — Me importa poco eso, usted se enamoró, y usted se confesó primero— — ¿Por qué debería dejar que sea así?—preguntó a lo que sonreí con cierta malicia — Fácil, así callará los rumores de que es gay… O impotente—sus ojos se agradaron de la sorpresa, reprimí una carcajada, era algo cómico verle esa expresión — No soy gay… Y mucho menos impotente—comentó frunciendo el ceño — Eso es lo que se dice—dije encogiéndome de hombros, agaché la cabeza escondiendo mi rostro con mi cabello, ocultando mi sonrisa — Puedo mostrarte, que no soy ninguna de las dos cosas—me sobresalte al escucharlo tan cerca, levanté la cabeza encontrándome con su rostro muy cerca del mío, tenía una sonrisa ladeada— Sobre todo… Que no soy impotente—sentí como un escalofrío me recorrió la espalda ante su tono de voz ronco — So… Solo es un rumor señor—comenté levantándome nerviosa, escuché un suspiró de su parte — Deja de llamarme señor, eres mi prometida— — Sigue siendo mi jefe—dije sintiéndome incómoda ante el hecho de que era su “prometida” — Mientras antes te acostumbres mejor, te recuerdo que solo tienes dos semanas, después de eso, serás oficialmente mi prometida, y quedará extraño que me digas, señor—suspiré sabiendo que muy a mi pesar, tenía razón — Tenemos que hablar sobre la clausura 2—comenté mirándolo, asintió apoyándose contra el escritorio mirándome fijamente, desvié los ojos algo nerviosa ante su penetrante mirada— ¿Tendremos sexo siempre que usted quiera?, ¿Qué mierda es esa?, ¿acaso quiere decir que si no quiero, usted va a violarme?—cuestioné cruzándome de brazos — Por supuesto que no, ¿acaso crees que sería capaz de una cosa así?—preguntó mirándome ofendido, sonríe de lado encogiéndome de hombros — Usted me está chantajeando con la vida de mi hermano, ¿Por qué no he de pensar que lo haría?—contesté mirándolo con desafío, se incorporó, dio unos pasos hacia mí sin dejar de mirarme — Son cosas diferentes, nunca, y escúchame bien, nunca, pegaría a una mujer, y mucho menos le haría algo tan deplorable como violarla—dijo con total seguridad en sus palabras — ¿Entonces? — — Entonces, ese punto olvídalo, tendremos sexo, siempre que ambos queramos—me guiñó un ojo a lo que rodé los ojos — Yo no querré, así que, nunca tendremos—dije con intención de darme la vuelta, pero su mano en mi brazo me lo impidió — Créeme una cosa—tiró de mí estrechándome entre sus brazos— Cuando consiga hacerte mía, serás completamente adicta a mí—colocó su mano en mi mentón, susurró contra mis labios haciendo que me estremeciera Nos quedamos quietos mirándonos fijamente, sus dedos se deslizaron por mi mejilla acariciándola suavemente haciendo que sintiera unas leves cosquillas, y en mi estómago algo se revolucionara. — De… Debo ir a trabajar…—murmuré con torpeza, a lo que él solo asintió sin soltarme, intenté liberarme, pero solo ejerció más presión— Señor… De—mis ojos se agrandaron al sentir sus labios posarse sobre los míos, fue un contacto tan leve que podía jurar que no sucedido, pero la locura que en la que se encontraba mi interior, me decía lo contrario — Ve a trabajar, futura esposa mía—susurró en mi oído, al soltarme sentí como el frío envolvía mi cuerpo, con una sonrisa ladeada se dio la vuelta volviendo a su escritorio De forma torpe, me di la vuelta saliendo por fin de su despacho, como si fuera un zombie me acerqué a mi puesto, donde me dejé caer en la silla mirando hacia su puerta sin dejar de pensar en ese beso tan fugaz, y en lo que me había causado. El tiempo pasó tan rápido que ni cuenta me había dado que era la hora de la comida hasta que él salió de su despacho, anunciando que iría a una comida de negocios, a lo que asentí, sin poder dejar de mirarlo, nos sostuvimos la mirada unos instantes hasta que él se marchó. Recogí mis cosas caminando con lentitud hacia el ascensor, presione el botón esperando a que llegara, una vez que lo hizo entré presionando el botón de la cafetería. Al llegar busqué con la mirada a Donia, sonreí al verla en una mesa completamente sola, me acerqué sentándome a su lado haciendo que me mirase sorprendida — Aún sigues aquí… ¿No te despidió?—cuestionó a lo que sonreí negando — No lo hizo, y siento mucho no haberte contestado a los mensajes, ni llamadas—dije mirándola con pena — No te preocupes por eso, pero, ¿Cómo no te despidió?, es increíble, ese hombre jamás perdonaría ser insultado de esa forma— — Aún no puedo contártelo, pero prometo hacerlo—dije guiñándole un ojo, me miró desconcertada a lo que solo sonreí— Voy por comida—comenté poniéndome en pie Durante el resto de la jornada no hubo más acercamiento entre ambos, yo trataba de evitarlo, algo un tanto complicado debido a que era su secretaria, por suerte, él tenía mucho trabajo debido a la próxima apertura un nuevo hotel en Sídney, Australia. Suspiré mirando su puerta con pesar, ya era la hora de salida, y tenía que avisarle que me iría, volví a suspirar llamando, escuché su voz al otro lado permitiéndome la entrada — Señor, ya me voy, ¿necesita algo antes de que me vaya?—cuestioné mirándolo, tenía los ojos clavados en la pantalla de su portátil — Puedes marcharte—dijo sin mirarme — De acuerdo, que pase una buena noche—comenté, pero él no respondió nada, rodé los ojos dándome la vuelta, pero antes de cerrar, me giré mirándolo— No debería quedarse trabajando hasta tarde, puede perjudicar su salud—dije haciendo que sus ojos grises se posaran en mí — Vaya, ¿ya te preocupas por mí?—cuestionó en tono burlón recostándose en su sillón — Me preocuparía por cualquiera que trabaja en exceso—contesté a lo que asintió sin borrar esa estúpida sonrisa que comenzaba a ponerme de mal humor — Gracias por tu preocupación, cariño— — ¡No me digas cariño!—exclamé frunciendo el ceño, su sonrisa se ensanchó — ¿Motivo?, ¿acaso no eres mi cariño?—cuestionó poniéndose de pie — ¿Sabe qué?, siga trabajando, me voy a casa—me di la vuelta saliendo de su despacho azotando la puerta, miré con cierta rabia la puerta, pues había escuchado una carcajada del otro lado. Miraba la copa de vino que tenía delante, aunque no la miraba, mi mente estaba en otro lado, para ser concreta, se encontraba en el despacho de mi jefe, en el momento exacto de ese beso, que me había dejado todo el día descolocada, sintiendo en mis labios los suyos. Un pellizco en la pierna me trajo de vuelta a la realidad, fruncí el ceño mirando a Julia que reía con malicia, agarré un cojín dándole con él, siendo mi turno de reír — Ya, ya, dejemos la pelea—dijo quitándome el cojín dejándolo a un lado— ¿Qué te tiene tan distraída?—cuestionó mirándome con suspicacia, suspiré recostándome en el brazo del sofá — Voy a casarme—comenté haciendo que comenzara a reír, me enderecé mirándola— Lo digo en serio—dije, de inmediato su risa cesó, sus ojos oscuros se abrieron de la impresión, y me miraban como si hubiera perdido la razón — ¡¿Cómo que vas a casarte?!, ¡¿Con quién?!, ¡¿Desde cuándo tienes novio?!, y lo más importante, ¡¿Por qué diablos no me dijiste nada?!—preguntaba gritándome con furia — Me caso con…Fabrizio Benedetti—anuncié sin mirarla, cerré los ojos al escuchar un grito salir de sus labios — ¡¿Con tu jefe?!—asentí mirándola, vi como agarraba su copa bebiéndosela de un trago— Comienza a explicarme bien las cosas Daniela, por qué no entiendo nada, hasta donde sabía, tú, odiabas a ese caramelito—rodé los ojos ante ese apelativo que le tenía — Primero prométeme algo—pedí a lo que ella enarcó una ceja— Necesito que guardes silencio, lo que voy a contarte, no debe salir de aquí— — Que me pidas eso, me preocupa—la agarré de las manos mirándola a los ojos — Julia…— — Te lo prometo, serás como un cliente de mi bufete, guardaré el secreto—asentí sonriendo de forma nerviosa, respiré hondo comenzando a relatarle todo sin importarme el maldito acuerdo de confidencialidad, necesitaba contárselo a alguien. — Y eso es todo, en dos semanas anunciará el compromiso—dije suspirando — Dani, esto es algo grave, ve a la policía, tienes el contrato donde se encuentra su firma—comentó, pero negué con la cabeza — No, yo seguiré con esto, por Gianni, por mi familia— — Tú no amas a ese hombre, pasaras el resto de tu vida con él, no puedes sacrificarte así— — Es lo justo, al fin de cuentas, yo fui la causante de la enfermedad de Gianni, de que quizás deba someterse a una cirugía para poder seguir con vida, o que dependa para siempre de medicamentos… Y de las deudas que tiene mi familia por ello—dije sintiendo un nudo en mi garganta — Daniela, eso fue un accidente, no tuviste la culpa de nada—comentó mirándome preocupada, negué con la cabeza — ¡Fue mi culpa!, ¡Yo iba conduciendo!, ¡Yo era la responsable de que nada sucediera!—grité comenzando a llorar al recordar esa noche — ¡Fue un puto accidente, ese otro coche se echó encima porque el conductor iba borracho, no fue tu culpa!—gritó agarrándome por los hombros mirándome con tristeza— Por favor deja de culparte— — Nunca dejaré de hacerlo, yo era quien quería salir esa noche… Yo quería ir a esa fiesta, y él, solo se ofreció a acompañarme porque mis padres no querían que fuera sola—dije en un susurro abrazándome a ella — Creí que esto lo tenías superado—comentó acariciando mi espalda, estuvimos un buen rato abrazadas. — Aunque lo veas como un sacrificio, yo lo veo como la salvación de mi hermano—ella suspiró — Bueno, al menos no es un viejo pervertido, es un hombre joven, guapo, demasiado guapo—reí ante sus palabras — Pero es un idiota— — Querida Daniela, para el sexo, da igual si es idiota, lo importante, es que sepa moverse— — ¡Julia!—exclamé sonrojándome levemente, escuché su risa a lo que negué con la cabeza — Oye… Lo de tu hermano— — No te preocupes, estoy bien—dije interrumpiéndola, ella suspiró — No estás bien, no puedes seguir culpándote, y menos cuando no fue culpa tuya—agarré su mano entre la mía — Ese sentimiento nunca desaparecerá, así que no te preocupes más por ello—iba a decir algo, pero cambié el tema dándolo por terminado. A la mañana siguiente desayunábamos mientras hablábamos de su nueva conquista, sonreía escuchándola, se trababa de un chico que conoció en una tienda, Julia amaba su libertad, nunca había tenido una relación duradera, si no recordaba mal, la más larga fuere de casi dos semanas, después de eso, ella mandó al chico a volar, aunque más que relaciones amorosas, eran relaciones de solo sexo. Siempre decía que no se enamoraría, que no se casaría, ni tendría hijos porque no iba con su estilo de vida, pero yo, mejor que nadie, sabía que eso únicamente era un escudo, ella solo tenía medio, miedo de amar, y ser abandonada, miedo de tener hijo, y de ser como su madre. — ¡Daniela!—gritó zarandeándome — ¡¿Qué?! — — Que despiertes, vamos a llegar tarde al trabajo—dijo señalando el reloj, rápidamente me levanté de la silla corriendo a la habitación de invitados para terminar de arreglarme. Nos despedimos en la calle, subí a mi coche encendiéndolo, un escalofrío me recorrió al escuchar que no arrancaba, lo intenté varias veces pero no funcionó. Suspiré llamando al seguro, esperé unos cuarenta minutos, hasta que llegó una grúa para llevárselo a un taller, una vez que llegamos, el mecánico me comunicó que me llamaría una vez que supiera que le sucedía, con resignación me tocó llamar a un taxi. De camino a la empresa, miraba mi reloj con cierto miedo, llegaba casi dos horas tarde, él iba a matarme, tenía que prepararme para sus gritos. Una vez que llegué corrí dentro del edificio, llamé con insistencia el ascensor, podía notar ciertas miradas de lástima en mi persona, era bien conocido que él odiaba la impuntualidad, y era motivo para un strike. Cuando las puertas del ascensor se abrieron, me paralicé al verlo de pie, con las manos en sus bolsillos, mirándome con furia, tragué saliva, saliendo despacio. — ¿Qué horas son estas de llegar?—cuestionó en un siseo que me hizo retroceder asustada — Se… Señor, yo tuve un inconveniente—dije por lo bajo — ¿Cuál? — — Mi coche no arrancaba, tuve que esperar a una grúa, que tardo bastante en llegar… De verdad que lo siento mucho, no volverá a suceder—expliqué sin atreverme a mirarlo, pero sentía su mirada taladrarme, escuché sus pasos acercarse a mí, sus dedos se posaron en mi mentón levantándome la cabeza — La próxima vez, me llamas, y voy a buscarte—sus palabras me sorprendieron, esperaba un gran regaño por su parte, no esto, me dio una última mirada, se dio la vuelta volviendo a su oficina.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD