6. Grace

1900 Words
Ahora que sabía todo sobre la identidad secreta de las personas en la reserva comprendía el porqué de tantas ollas inmensas. Y sin embargo su tamaño todavía me descolocaba, así que cuando entramos a la cocina de Regina observé con la misma perplejidad del primer día los enormes recipientes y platos. —Dany todavía duerme—comentó Regina negativamente—. No quiere salir de ese cuarto. Al parecer es un hobbie para las chicas jóvenes encerrarse en sus cuartos y dejarse morir cuando se trata de amor. Ella me miró de reojo con una sonrisa llena de furtiva complicidad. Sentí la vergüenza subir a mis mejillas. ¿Me estaba comparando con Dany? Bueno, ella estaba haciendo lo mismo que yo. Me pregunté si Regina ya sabía que la melancolía de Dany era a causa de un chico. —¿Qué tiene pensado cocinar? —pregunté para cambiar de tema. —Hoy es día de espagueti, pero Nic no está y pues… nadie en la casa está de humor para comerlo. Será algo sencillo, filetes, puré de patatas y ensalada. Qué sencillo.  —¿En qué puedo ayudar? —me ofrecí. —Todavía estoy un poco renuente a darte un cuchillo, pero siempre hay segundas oportunidades. Me guiñó un ojo y sonrió. Entonces señaló hacia la gaveta en donde guarda los cuchillos. Luego de sacar una paila encendió la estufa. —¿Podrías picar los vegetales para la ensalada? —Claro. Creí que el tema de los cuchillos y yo ya estaba superado, pero en el momento que me acerqué al gavetero y vi esos cuchillos me llené de pánico. Todas las escenas de mí apuñalando a esos dos hombres llenaron mi mente. Malos o no, eran vidas, ¿cómo pude pensar que estaba bien hacer todo eso? Me obligué a escoger uno de los cuchillos con cuidado. —Grace. La voz de Regina interrumpió mis torturados pensamientos. Levanté mi rostro y la miré. —Los tomates y la lechuga están en la nevera, en la parte de abajo—avisó. Asentí, me tragué el temor y luego me dirigí hacia la nevera. Regina me dio una tabla de madera, entonces comencé a picar en silencio los vegetales. —Nic también ama comer filete—mencionó Regina, de espaldas a mí. No es de extrañar, él come como león. Ella se giró hacia mí con una espléndida sonrisa y esos ojos azulados tan parecidos a los de Nic. —Te enseñaré la receta, así podrás prepararla para él cuando vivan juntos. Me lo había preguntado muy pocas veces, pero tenía curiosidad por saber si los hombres lobo se casaban. A juzgar por la falta de seriedad que Nic me brindó cuando le aclaré que no tendría sexo con nadie hasta casarme, supuse que no era un método usado por ellos. —¿U-usted cree en el matrimonio? —me atreví a preguntar. Cuando levanté la mirada de las verduras Regina me observaba. —Me refiero a que, si… ustedes se casan—aclaré. Ella asintió reflexivamente. —Si te soy sincera, muchas de las cosas que hacen los humanos no las hacemos nosotros—aclaró calmadamente—. Verás, creemos que nos casamos cuando nos unimos a nuestra pareja. Pero aunque eso de las bodas sólo lo implementó el abuelo de Owen con su esposa, a mí me hubiera gustado saber qué se siente usar el vestido y toda la cosa. ¿Por qué lo dices? Regina estrechó sus ojos con curiosidad. Incliné mi rostro y continué picando las verduras. —¿Tú quieres casarte con Nic? —inquirió. Abrí mis ojos más de lo normal y el corazón se me aceleró. Necesitaba esconderme pero entonces se me ocurrió levantar mi rostro; la vi sonreír y supe que ya mi rostro estaba rojo. —Grace, sería lindo que eso pasara—de repente sus ojos se cristalizaron—. Oh, cielos santos, mi hijo mayor casándose… eso sería bueno—se limpió una lágrima—. Sería realmente muy bueno. —¿Por qué usted no lo hizo? —me atreví a preguntar. —Bueno, las chicas no suelen pedirlo—sonrió con desgana—. Owen y yo no tuvimos un comienzo muy romántico, fue todo complicado. Y luego… no sé, supongo que cuando me enamoré de él decidí que no importaba de qué forma estuviéramos juntos si era por siempre. Yo no quería presionar a Nic, sólo fui clara con él sobre lo que pensaba y creía. Pero apenas nos conocíamos, ¿él estaría realmente dispuesto a respetar mis opiniones? —¿Te preocupa que Nic no lo haga? —inquirió—. Si algo sé de mi hijo es que es un caballero Grace. —No quiero que haga promesas que no quiere sólo por mis caprichos. —No son caprichos, es una decisión hermosa el casarse. Sé que él lo ha entendido desde el primer momento en que te conoció, que todo sobre ti es especial y único. —Yo no quiero presionarlo. —¡Bah! —bufó, haciendo ademanes despectivos con sus manos—. Cuando los presionas trabajan como deben. Los hombres no son felices sino hasta que consiguen una mujer que sabe tomar las decisiones que ellos no pueden.   —No creo poder ser ese tipo de mujer. —Eres la única que puede controlar a la bestia de mi hijo—Regina sonrió con nostalgia—. Parece tranquilo pero cuando era más joven fue bastante rebelde. —¿Rebelde? Ella se echó a reír. —Hacía una cantidad terrible de desastres cuando era adolescente con Luke y Mason, nunca voy a olvidar el día de su iniciación en la manada—rodó los ojos—. Y se puso peor cuando su abuelo murió. No fue sino hasta los 18 que Owen habló con él y le dijo que debía cambiar porque sería el nuevo alfa de la familia. Fruncí el ceño y la miré con desconcierto. —Espere, ¿Nic será… alfa? —¿No te lo dijo? —Regina me devolvió la mirada desconcertada—. Como único hijo de Owen Schmit le corresponde tomar ese puesto cuando él o Ahron no puedan continuar. Quizá no te lo dijo para no preocuparte o atormentarte con eso, todavía debe faltar mucho para eso así que despreocúpate. Entonces todo tenía sentido, y la razón por la que Ryan quería hacerme daño, no sólo se trataba de un mal entendido o un rencor hacia Nic, él sería el próximo alfa y siendo yo humana y débil siempre le causaría problemas. La sola idea de que él pudiera salir lastimado por mi culpa otra vez me hacía querer llorar de nuevo. —Cuando se despierte tendrán tiempo de hablar lo que quieran—intervino Regina—. Por ahora presta atención a esas verduras y el cuchillo cariño, no queremos otra cortada en esas manos. Asentí con una sonrisa programada. Pero aunque probablemente me hubiera sumido en la desesperación y la melancolía por lo que acaba de escuchar, Regina me mantuvo distraída todo el tiempo con preguntas sobre mí y lo que quería hacer para el futuro. Le contesté muy vagamente. Más tarde Regina me envió por Dany a su habitación. Antes de llegar con Dany pasé por una puerta que tenía un considerable zarpazo de garras gruesas y grandes. Me detuve a estudiarlas por un momento, pero cuando recordé la razón por la que había subido seguí mi camino. Toqué la puerta de Dany unas tres veces antes de escuchar una respuesta negativa. —¡Fuera de aquí! Hice una mueca de compadecimiento. Esto me produjo un deja vu. Me tomé la libertad de abrir la puerta. Dany se giró bruscamente hacia mí. —¡Mamá, ya te dije que…! Parpadeó desconcertada cuando comprendió que era yo. —¿Mal momento? —intenté sonreírle. Ella desvió su mirada evasivamente y se sentó sobre la cama. —Lo siento—dijo, se arropó las piernas con las manos y recostó la quijada de sus brazos—. Pensé que eras mi mamá. —Me di cuenta. Terminé de acercarme y me detuve junto a su cama. —Ya está listo el almuerzo—avisé. La oí suspirar profundamente, y me vi reflejada en ella. —¿Puedo sentarme? —pregunté. Dany asintió sin mirarme.   —Antes de que digas que estoy actuando como una niña inmadura, te recuerdo que tengo 17, y puedo ser tan inmadura ahora como quiera. Me tragué la risa que tiró de mis labios. —No creo que seas inmadura Dany—aclaré—. Pero sí creo que le estas otorgando a Luke demasiado poder sobre ti al derrumbarte de esta forma. Yo no era la más indicada para hablar de ejercer poder sobre otras personas, pero si podía, debía ayudarla a salir de ese hueco. Dany levantó su rostro y me miró. —Demuéstrale que eres mejor que esas otras chicas… lobo—me sentí extraña al decirlo de esa forma tan literal—. Tu actitud lo va a convencer de que eres un problema, justo lo que no quieres que piensen tus padres de ti, Luke también te verá como una niña. Ella parpadeó con reconocimiento. Pero volvió a desviar su mirada con reticencia. —No me importa lo que piense él de mí—murmuró secamente. —Pero es importante para la imagen que quieres reflejar como mujer madura—tercié conciliadoramente. Sentía como si estuviera hablando con mi propia hija—. Vamos, ven a comer y… salgamos un rato. Dany me devolvió la mirada y sus ojos se iluminaron de emoción. —¿Salir? ¿A dónde? Juré por un momento que la vi con orejas y meneando una cola imaginaria. —A donde tú quieras—cedí. Ella sonrió de oreja a oreja y se lanzó para abrazarme. Me sacó el aire que tenía en menos de un segundo con su fuerte apretón. —D-Dany… recuerda que yo soy un poco… Se alejó de mí con una sonrisa avergonzada. —Disculpa, siempre lo olvido. —No importa. Voy a estar abajo esperándote. —Pero iremos a donde yo quiera. —De acuerdo. En realidad todavía no me sentía de ánimos para nada, pero había prometido ser fuerte. Salí de la habitación de Dany y me detuve por un momento cuando sentí una sensación extraña en mi cuerpo, me recordó a la primera vez que vi a Nic al llegar a Telluride. Como si estuviera al sol, como si no necesitara abrigo para mantenerme en calor. Cuando llegué al pie de las escaleras volví a detenerme cuando me di cuenta de que Regina hablaba por teléfono. Estuve a punto de entrar a la cocina pero ella volvió a hablar. —¿Dominic despertó? —la escuché decir con la voz ahogada—. E-entiendo… yo… tengo que decirle a Grace y… Eso fue suficiente para mí. Cuando corrí hacia la puerta escuché a Regina gritar mi nombre, pero no me detuve, salí de la casa. Hacía frío, no había comido, estaba cansada porque aunque fingía frente a los demás no había podido dormir en días. Nada lograba reconfortarme, nada me hacía más feliz que saber de él. Corrí por el camino nevado sin detenerme, como si estuviera corriendo por mi vida. Y es que así era, Nic era mi vida. 
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD