10. Grace

1336 Words
—¿Estas lista? —me preguntó Nic desde afuera del baño. Nic había mandado a comprar ropa para mí. Él sabía perfectamente sobre mis gustos, incluso sobre mi color favorito que era el azul Celeste. Antes de colocarme el abrigo volví a recordar que no tenía mi collar, no quería preocuparme o desanimarme tanto por dicho objeto material, pero extrañaba tenerlo colgando de mi cuello. —Ya casi estoy—contesté. Antes debía recoger mi cabello, ahora bastaba con peinarlo un poco y ya quedaba Mi cabello era considerablemente liso y n***o azabache al natural. Siempre lo cuidé mucho, porque fue lo único de mí que valoré y creí que destacaba positivamente. Cuando salí del baño vi a Nic detenido a mitad de la habitación atendiendo una llamada. Como era de costumbre, vestía muy ligeramente. Usaba la camisa gris que yo usé antes y una cazadora azul oscura, también usaba botas de campaña negras y uno Jeans negros. —Gracias por traerlo Luke—sonrió—. Esta es la mejor decisión. Sí, como digas. Entonces colgó la llamada. Cuando se giró hacia mí sonrió todavía más. —Ese color te queda definitivamente hermoso—observó. Se acercó y tomó mi mano—. ¿Salimos? —Bien. Había olvidado lo divertido que fue venir a Mountain Village aquella vez. Al principio me sentía un poco preocupada por la insistente atención de Nic y la vergüenza que pasé con el turista, pero ahora todo era diferente. —¿A dónde vamos ahora? —pregunté. —Pasaremos por la recepción para saludar a Dante—contestó—. Y luego quiero llevarte a esquiar. —Espera Nic, sabes que soy un desastre para esquiar. —Por eso vamos a seguir practicando. —No comprendo, no necesito aprender—objeté. —Grace, no seas testaruda—insistió—. Aquí en Telluride, saber esquiar es casi tan importante como saber cocinar. Y ya sabemos que no eres buena en ninguna de las dos cosas, pero estoy dispuesto a enseñarte como buen novio que soy. Cielos santos, novio, cada vez que recordaba el estatus de nuestra relación me llenaba de una poderosa emoción. —¿Te estás burlando de mí porque no sé cocinar? —repliqué. —No es nada de eso pequeña liebre contestona—se rió—. Es sólo que quiero pasar tiempo contigo, y que en ese tiempo pueda tener mis manos sobre ti. —Eso era todo—rodé los ojos. Se echó a reír. —Sabes que no te dejaré caer Grace—me aseguró. Me limité a guardar silencio, no estaba para nada convencida de esto pero no podía decirle que no a Nic ahora. Cuando nos acercamos a la recepción el señor Dante estaba como siempre, incluso tenía su chistoso mostacho. En el momento en que notó nuestra presencia acercarse a su mesón abrió los ojos con emoción. —¡Che figo! ¡Finalmente los veo juntos otra vez! —exclamó alegremente el señor Dante, y en su divertido acento italiano. [¡Maravilloso!] —Buenos días—dije y le devolví la alegre sonrisa. —Señorina, está usted igual de hermosa como la primera vez que la vi—Dante me guiñó un ojo—. Y eso no se lo digo a cualquiera, ¿sí me entiende? —No, ella no entiende a los viejos verdes como tú—intervino Nic. El señor Dante abrió la boca con expresión indignada. —Lo dice el bambino que trae una mujer diferente cada vez. Nic me miró y sonrió mecánicamente. Lo miré con aspereza. —¿Así que una mujer diferente cada vez? —enarqué una ceja. —Dante, no digas tonterías—gruñó Nic—. Luego Grace se las cree. El señor Dante sonrió. —Un viejo verde como yo nunca diría mentiras—pero entonces se echó a reír—. No me crea Señorina. Es que, verá, tengo esta fascinación por molestar a este pequeño. De pequeño no tenía nada, quizá su capacidad de obediencia sea lo que realmente es pequeño. —¿Y qué tienen planeado para hoy? —preguntó el señor Dante. —Iremos a esquiar—contestó Nic—. Y necesitaré un auto para volver más tarde. El señor Dante asintió. —Yo me hago cargo. Volver al mismo alquiler de esquíes me hizo sonreír, todo estaba igual, incluso la forma en que Nic me trataba era la misma. Me sentó sobre una silla y fue en busca de nuestros esquíes. —Ya volví—me avisó, entonces se arrodilló frente a mí para colocarme os esquíes. —Yo puedo hacer sola, Nic. —¿Segura? ¿Y si te lastimas? —sonrió con picardía. —No soy tan tonta. Había un brillo en su mirada que no supe interpretar, algo ocultaba, pero no sabía qué. —Bien—se encogió de hombros—. Pero no te sorprendas tanto. —¿Sorprenderme de qué? —Sólo… ponte las botas. Lo miré con extrañeza, pero lo ignoré y proseguí a ponerme las botas. Cuando metí la punta de mi pie algo pequeño en el fondo de la bota me lo impidió. —Auch—mascullé—. Hay algo ahí. —¿Sí? —Nic enarcó una ceja e inclinó la cabeza para ver. Saqué mi pie y metí la mano en el interior de la bota para averiguar de qué se trataba. Era algo pequeño y rígido. Cuando lo saqué vi sorprendida que era un collar, y cuando estudié mejor el diseño del dije reconocí que era mi collar en forma de la constelación orión, aunque ahora tenía pequeños y brillantes diamantes incrustados que adornaban de una forma hermosa. Miré a Nic. —¿E-esto es…? Sonrió y asintió reflexivamente hacia el collar. —Lauren lo encontró antes—explicó—. Me lo dio ayer, la cadena se había roto. —¿Y estos? Digo—se veían muy hermosos los diamantes, pero seguro eran igual de costoso—, ¿tú hiciste eso? Nic volvió a asentir. —Ayer se los mandé a poner. Luego Luke me lo trajo esta mañana. —Nic… no tenías que hacer esto. Hubiera estado bien que repararas la cadena y ya… —No—dijo. Entonces tomó mi mano—. Grace, cuando pides la mano de alguien se necesita un anillo, pero no tenía tiempo de salir y elegirlo. Parpadeé desconcertada. —Espera, Nic… ¿qué acabas de decir? —Cásate conmigo Grace. Él esperó con cautela y curiosidad entre tanto yo lo miré con fijeza durante un momento para asegurarme de que no estaba haciéndome una broma, pero como de costumbre, cuando él tenía esa profunda mirada todo tenía que ver con una promesa. Mis nervios volvieron, el corazón me latía de una forma que todavía no había sentido y sin embargo fue gratamente recibido. —¿E-estás seguro? Nic frunció el ceño con diversión. —Grace, decidí pasar el resto de mi vida contigo, ¿por qué esperar para dar este paso? Se colocó en pie, entonces me ayudó a levantar también. Y cuando me abrazó me quedé inmóvil entre sus brazos, con la poderosa oleada de entusiasmo recorriendo mi cuerpo. —Y sé que me dijiste que me harías saber el momento correcto, pero quiero que sepas que mi vida nunca será lo suficientemente feliz si no estás en ella. Creí que te iba a perder, no puedo esperar más para… —Sí—contesté. Nic se alejó un poco, entonces levanté el rostro para devolverle la mirada. —¿Sí… quieres? —parpadeó con una tierna mirada de anhelo. —Sí, Nic—sonreí—. Me quiero casar contigo. Nic cerró los ojos y suspiró profundamente, el alivio en sus expresiones me divirtió. Cuando abrió los ojos me sorprendió de repente, me cargó en sus brazos. —Dijiste que sí. —Lo sé—me reír. —¡Grace Beckham se casará conmigo! —exclamó. 
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