9. Grace

2043 Words
Este es un olor diferente, reconocí cuando olisqueé el ambiente. En la reserva estábamos rodeados de pura naturaleza, sin embargo, el olor a pino y bosque no era tan pronunciado como ahora. Cuando abrí mis ojos descubrí que no estaba en el cuarto de Nic en el centro médico, tampoco en mi cuarto en la casa de Ahron, ni siquiera en una de las habitaciones de la casa de Nic. Por un momento me preocupé, entonces alguien enroscó su mano alrededor de mi cintura y me recogió hasta estrecharme contra su cuerpo. Supe perfectamente de quien se trataba esta grata calidez, y cuando me besó suavemente mi hombro no tuve dudas. —¿Nic? Era obvia su presencia, no lo podía ver, pero todo con respecto a él podía sentirlo. —¿Creíste que era alguien más? —contestó, pero todavía con la voz un poco adormilada. De repente sentía esta fascinación por escuchar su voz ronca en las mañanas. Me llenaba de emoción poder estar así con él otra vez. Durante días no me creí capaz de soñar con un momento como este porque temía despertar y sentir el dolor de reconocer que no era verdad. —No—contesté—. ¿Dónde estamos? Bostezó. —En una de mis casas en… Ah, ¿sabes? Ya ni me acuerdo. —¿Alguien más sabe que estamos aquí? —¿A estas alturas? —lo reflexionó por un momento—. Quizá ya todos lo sepan. —Por tu tono de voz supongo que me has traído en contra de la voluntad de todos. —Supones bien—me estrechó más contra él. Cuando sentí su m*****o rosar mi trasero abrí los ojos e intenté alejarme de él. —¡Eres un pervertido! —grité. Lo escuché reír felizmente en voz muy alta. ¿Qué había de divertido en esto? Por suerte no me detuvo, cuando me soltó me senté sobre la cama y me alejé hasta la esquina. —Grace, es temprano en la mañana, es normal que este así. —¿C-cómo dices? —Además, me tienes pasando una dura penitencia desde que nos conocimos—se sentó también y me miró con esa lascivia que le quedaba perfecta. Pero esas miradas no me iban a convencer. Porque tener esa expresión no era una señal de quien piensa razonablemente. —¿Mañana? —me apresuré a decir evasivamente para cambiar de tema—. ¿Cómo que mañana? ¿Qué día es hoy? —Mi amor, son las ocho de la mañana. Y es domingo. —¿C-cómo? ¿Dormí hasta entonces? —No habías dormido mucho, ¿verdad? —enarcó una ceja con negativismo. —Eso… bueno, no es un tema importante. —Entonces, ¿qué tal si hablamos de ese nuevo corte? —sugirió, y sonrió con diversión mientras lo señalaba con su dedo índice. —¿Está horrible? Nic se acercó para recogerme de nuevo y montarme en sus piernas. Me abrazó y recostó su cabeza de mi coronilla. De repente tuve deseos de llorar, realmente estaba con Nic. —Al contrario. Porque tengas el cabello corto o largo, para mí siempre serás un hermoso espectáculo—declaró, aunque no se escuchaba feliz—. Lamento no haber podido evitar eso. Nos quedamos por un momento así, en silencio, recargando las energías que sólo podía recibir por medio de él y sus abrazos. No me importaba nada más que no fuera el hecho de que estuviéramos así, juntos otra vez. Así que antes de darme cuenta comencé a llorar de alegría. —Pequeña, ¿dije algo malo? Negué con la cabeza. —Estoy bien. —Estas llorando. —De felicidad. Me limpie las lágrimas. Lo escuché reír entre dientes y me estrechó con más firmeza. —¿Quieres desayunar? —preguntó. —Primero dime en donde estamos—me giré hacia él y lo señalé con severidad—. Lo has vuelto a hacer Nic, me trajiste dormida y me secuestraste sin avisarles a los demás. Enarcó una ceja con un deje divertido de obviedad. —¿Dónde has oído de alguien que anuncie sus planes de secuestro? —Eso no es gracioso. Nic deslizó sus manos hasta mis costillas. —Por supuesto que debería ser gracioso, deberías estar riendo de felicidad. —No, ya he dicho que… ¡N-no, sueltamente!  Me reí descontroladamente cuando comenzó a mover sus dedos sobre mis costillas para hacerme cosquillas. Me retorcí en sus manos e intenté huir de él, pero me sujetó con firmeza para que no escapara. Cuando tuve la oportunidad tomé un mechón de su ahora largo cabello y tiré de él con fuerza. —¡T-te dije que me soltaras ahora Nic! —¡Ay! —gritó de dolor—. ¡Calma fiera! Me dejó caer de boca sobre la cama. Cuando me reincorporé tomé una almohada y la lancé hacia su cabeza. Por supuesto, Nic la esquivó con rapidez. —¡Entonces no me hagas cosquillas! —estuve segura de que casi le gruñí—. Realmente odio las cosquillas.  Se cruzó de brazos. —Esto es impresionante—estrechó sus ojos y me miró con curiosidad—. Parece que he descubierto tu secreto. Tienes una doble personalidad, y la otra es bastante agresiva. Fruncí el ceño. —¿Qué estás queriendo decir con eso? Nic se rió leve y profundamente, con una mirada enigmática y peligrosa. —Que te voy a secuestrar las veces que quiera porque eres mía, Grace. Y tus locas personalidades no van a poder evitarlo. Cuando su mirada se oscureció me sonrojé, leí fácilmente lo que había en esos ojos, me estaba acechando de nuevo, como si yo fuera una especie de presa. Voy a buscar un periódico y te voy a apalear con él, algún día, me prometí. Cuando Nic estuvo a punto de acercarse hablé. —¿Me ibas a preparar el desayuno? Se echó para atrás y se sentó de nuevo con expresión de descontento. —Supongo—murmuró de mala gana. Cuando salimos al salón principal del domicilio reconocí que era todo muy parecido a la cabaña del hotel en Mountain Village a la que fui con Nic, Mason, Dany y Luke el año anterior. De hecho, era la misma cabaña. De pronto alguien llamó al teléfono que estaba sobre la mesa de café en medio de la pequeña sala. —¿Quieres darte un baño mientras contesto? —me sugirió. Quería hacerle muchas preguntas todavía, pero antes necesitaba un baño de agua caliente. Asentí y me metí al baño. Me quedé bajo la ducha alrededor de lo que me pareció más de media hora. Cuando salí me revisé en el espejo, fue hasta entonces que noté que no llevaba puesto mi collar. Intenté recordar la última vez que lo vi, pero me desanimé cuando finalmente reconocí que durante el episodio con Ryan lo perdí. En otra ocasión hubiera llorado, pero ahora decidí respirar profundamente y no preocupar más a Nic, ya se sentía lo suficientemente culpable por lo de mi cabello. Sobre la cama había una camisa grande de algodón gris, de cuello redondo. Cuando me la coloqué me acerqué al espejo que colgaba de la puerta y me miré; esto definitivamente traerá problemas con Nic, me dije a mí misma. La camisa finalizaba donde terminaban mis rodillas. Busqué hasta que encontré un abrigo azul cielo de mi talla y até las mangas a mi cintura. —Esto debería ser suficiente—esperaba que fuera así. Me asomé bajo el marco de la cocina y observé cómo Nic se movía libremente. Me quedé embobada observando su espalda ancha y cintura estrecha, todo donde debía de estar. No tenía camisa puesta, tampoco es como si la necesitase o yo le fuera a sugerir usar una a estas alturas. De sólo pensar en mencionarlo me llenaba de vergüenza. —¿No crees que es un poco injusto? —se giró hacia mí y sonrió perversamente—. Tú puedes verme todo lo que quieras y yo no puedo ver todo lo que quiera de ti. Rodé los ojos y entré a la cocina. —No hasta que… —Ya lo sé—resopló—. Ven, me ayudarás. Me guiñó un ojo, y por dicho gesto me sonrojé de nuevo. Debía volver a ser la misma Grace seria e impertérrita que siempre había sido. Pero cuando me senté en el banquito de madera y me atreví a mirar furtivamente a Nic en todo su esplendor reconocí que esa Grace desapareció en el momento en que lo conocí. —Nic, ya te he dicho que soy un desastre como cocinera—le recordé—. Este no es momento para demostrarlo. —Vamos a preparar sándwiches, nada complicado.   Nic levantó unas bolsas del piso y las colocó sobre el mesón que nos separaba. —¿Cuándo tuviste tiempo de comprar todo esto? —pregunté. —Dante me ha hecho el favor. Ahora da la vuelta y cocinemos. Suspiré imperceptiblemente. Rodeé el mesón, pero cuando Nic me observó de la cintura para abajo sonrió inteligentemente. —¿Me subestimas Grace? —enarcó una ceja—. Una chaqueta no podrá obstruir mi camino, cariño. Estreché mis ojos hacia siniestramente. Debía ser firme. —Y tú recuerdas que ya he apuñalado a alguien, ¿verdad? —le devolví el gesto de la ceja enarcada. Nic se rió entre dientes y negó con su cabeza. —Entiendo. Y de ahora en adelante tienes prohibido acercarte a los cuchillos. Intenté aguantarme, pero terminé riendo en voz alta. Nic se acercó y me cubrió con sus brazos. Detuvo sus manos a mitad de mi espalda.  —No necesitas amenazarme, dije que te amo y que respetaría tus decisiones y creencias—aseguró. Él era tan alto, y yo queriendo darle un beso. Me limité a recostar mi frente de su pecho y respirar el suave olor a tierra, bosque y nieve que se había adherido a él como si fuera una marca de perfume personal. De pronto se alejó un poco y una de sus manos sujetó mi barbilla e hizo levantarla. Miré sus hermosos y brillantes ojos azules que en casi todas las oportunidades lograban hipnotizarme. Se acercó y me dio un casto beso sobre la frente. De repente me sentí muy decepcionada. Me mordí el labio inferior intentando canalizar la decepción que crecía como un increíble y molesto dolor en la boca de mi estómago. No lo quería admitir, pero fui por completo consciente cuando levanté mis manos, sujeté su rostro, lo atraje hacia mí y de puntillas lo besé en los labios. Al principio Nic pareció sorprendido, no movió sus labios durante unos segundos. De repente me cargó y me sentó sobre el mesón de la cocina. Se abrió espacio entre mis piernas y con una de sus manos mantuvo inmóvil mi cuello. Su lengua acarició la mía y se abrió paso en mi boca, como si fuera experto en el acto. Aferré mis manos a su pecho. —Grace, rayos—murmuró entre mis labios—. Si sigo te voy a desnudar en contra de tu voluntad y justo sobre este mesón te voy a… —E-está bien, no tienes que decirlo—cubrí sus labios con mis manos—. Fue mi culpa. Sujetó mis muñecas y las hizo a un lado. —Me gusta esta nueva Grace—sonrió—. ¿Quién diría que serías capaz de asaltar a este pobre chico inocente? Abrí mi boca con estupefacción. —Yo he asaltado a nadie. —Creo que lo justo es que yo te haga lo mismo para quedar iguales—no prestó a tención. —No Nic—meneé negativamente mi dedo índice en su cara—, desayuno, ¿recuerdas? Nic asintió con una clara expresión de fastidio. —Eres realmente mala Grace, me enciendes y luego me haces esto. —Yo no encendí nada. —Por supuesto que no—murmuró sarcásticamente. —Eres un… Nic me cogió de la cintura y me arrastró de nuevo hacia él pasa besarme otra vez. —Preparemos la comida y comamos—me susurró al oído— antes de que prefiera comerte a ti. 
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